Reservas, el talón de Aquiles de muchos restaurantes

Una mesa vacía en un restaurante. /
Una mesa vacía en un restaurante.

PEDRO G. MOCHOLÍ

Creo que no somos conscientes del mal que se hace a un restaurante cuando no acudimos a una reserva que hemos hecho con anterioridad, y encima no llamamos para anularla. Que podamos reserva una mesa, y con ello asegurarnos que tenemos un lugar dónde poder realizar una comida o una cena es una potestad que el cocinero o restaurador posee, y al que nadie le obliga. Por ello hay que ser muy consciente del valor que posee esa reserva. Este mal no ha surgido de la noche a la mañana. Hace años que los restauradores sufren esta ofensa, sin poder poner coto a ella.

Las situaciones que se dan entorno a las reservas, son en muchos casos la mar de kafkianas. Cuando uno realiza esa reserva, está en cierto modo, realizando un contrato privado por el cual una de las partes se compromete a darles una mesa, mientras que la otra se compromete a acudir. Imagínese si después de hacer 200 km. para comer en un restaurante, llegas y te dicen que en ese establecimiento no has realizado ninguna reserva, el cabreo sería monumental.

Pues esa misma sensación es la que le produce un restaurador cuando llega la hora de la comida, y los ocupantes de esa mesa no acuden. Y no solo no acuden, sino que cuando se les llama para ver si van acudir; en muchos casos no les cogen el teléfono, y cuando lo cogen, aseguran que ellos no tienen ninguna reserva hecha en ese local; vamos que los restauradores no tienen otra cosa que llamar a un teléfono que en teoría no tienen porqué tener, para ver si les han reservado una mesa.

Concienciación

Lo triste es que no hay un concienciación clara de lo que representa una reserva, una sensación que los hoteleros si que han sabido dar en valor, y cuando llamas a un hotel te suelen pedir los dígitos de tu tarjeta, y realizar un bloqueo de una cantidad, así se aseguran que parte de la habitación la cobraran, acudas a dormir, o no acudas.

Hay que sensibilizarte, y si no puedes acudir, llamas, anulas la mesa, y no pasa nada. Esa mesa, se puede volver a poner en juego y volver a venderse. Es simplemente una cuestión de educación y cortesía.

¿Esa misma situación nos atreveríamos hacérsela a un médico o a un abogado en el que tenemos una hora concertada?. A qué no. Pues si no se la hacen a ellos, tampoco se la hagan a un restaurante.

Las soluciones no son fáciles, pues la más lógica sería la de demandar la tarjeta de crédito y hacer una pre reserva.

El problema no radica en las mesas de 2, 3 o 4 comensales, radica en las superiores, por lo que es a estas a las que se les tendría que hacer una reserva económica, descontando esa cantidad, de la nota al final de la comida.

De todas formas, por encima de los bloqueos de cantidades económicas de las tarjetas, los clientes se tienen que concienciar que se puede reservar, y si horas antes surge cualquier imprevisto, deben de llamar y anular la mesas, para que se pueda a poner a la venta, y no quede desocupada, con el quebranto económico que supone para el empresario hostelero.

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