Un paseo en Valencia por la mitología griega

Pérgola del Jardín de las Hespérides./Jardines de Valencia
Pérgola del Jardín de las Hespérides. / Jardines de Valencia

El Jardín de las Hespérides recrea esta leyenda a través de sus esculturas y vegetación

TAMARA VILLENAValencia

La ciudad de Valencia guarda rincones llenos de historia, arte y, por supuesto, encanto. Sin embargo, son muchos los que desconocen la singularidad de algunas de las zonas que la capital de la Comunitat Valenciana atesora en su interior, incluso sus propios residentes. El Jardín de las Hespérides es uno de ellos, y probablemente sea de los jardines menos conocidos de Valencia, a pesar de ser también uno de los más peculiares y diferentes.

Situado en la calle Beato Gaspar Bono, justo entre el jardín Botánico y el solar de Jesuitas, se trata de una de las maravillas que ofrece el repertorio jardinero de Valencia: 4.700 metros cuadrados junto al Botánico donde una colección de esculturas de la mitología griega (junto a un huerto de naranjos con cincuenta variedades de cítricos, el toque valenciano) forman una historia que va marcando la disposición de la vegetación.

Uno de los espacios del recinto arbolado.
Uno de los espacios del recinto arbolado. / Jardines de Valencia

Se creó en el año 2000 para ocupar un solar con el que poder ampliar el botánico en un futuro y simboliza el mito del Jardín de las Hespérides, donde las manzanas de oro que guardaban las ninfas son sustituidas por naranjas valencianas como objeto preciado. Además de la amplia variedad cítrica que se puede encontrar, hay rincones para descansar entre enredaderas y vegetación que te harán olvidarte del Olympo.

El Ayuntamiento cataloga este jardín como de «colección» por su singularidad y atractivo, planteado como un 'hortus conclusus' cuya cerradura se abre ocasionalmente en una especie de guiños que invitan a los transeúntes a adentrarse en un espacio de fuga a las mundanidades de la urbe. Aquí, el relato mitológico es el hilo argumental que conduce al visitante a través de sus esculturas y vegetación.

Las Hespérides

Las manzanas de oro que originariamente custodian las ninfas hacen referencia al origen mitológico de los cítricos: en la boda de Hera con Zeus, la Tierra dio a la diosa como regalo nupcial unas manzanas de oro que fascinaron a Hera, tanto como para plantarlas en su jardín. Encomendó la labor de cuidar a estos frutos y su árbol a Ladon, un dragón inmortal de 100 cabezas, y a las Hespérides: tres ninfas del atardecer llamadas Egle (Resplandeciente), Eritia (Roja) y Hespertusa (Aretusa del Poniente) cuyos nombres hacen referencia a los matices del cielo conforme el sol se dirige hacia el ocaso.

Fue a Hércules a quien se le encomendó, entre las doce misiones que debía cumplir para convertirse en héroe, robar las manzanas de oro del jardín. Para ello venció al dragón, que se transportó al cielo y se convirtió en la constelación de la serpiente, pero las ninfas, desoladas por haber fallado y perder los frutos que custodiaban se transformaron en árboles: un olmo, sauce y álamo, tal y como las puedes ver en el jardín.

Estatua de Hércules inspirada en el mito, con una de las manzanas robadas.
Estatua de Hércules inspirada en el mito, con una de las manzanas robadas. / Jardines de Valencia

Un recorrido entre ninfas

Las puertas metálicas que guardan dos de las entradas al recinto cuentan con frases descriptivas del mito, como «A través de las olas del mar profundo llegaron a la hermosa isla de los dioses, allí donde las Hespérides tienen su casa de oro». El jardín sigue una estructura geométrica y cuenta con tres terrazas y una pérgola que ofrece una visión global del jardín antes de introducirte en él.

Frase grabada en la puerta de una de las entradas al recinto.
Frase grabada en la puerta de una de las entradas al recinto. / Jardines de Valencia

El centro del jardín se forma como una explanada desde la que el espectador puede ver los episodios de la historia que sirve como referente argumental: las esculturas de las ninfas y su metamorfosis, la de Hércules, el árbol de los frutos de oro y el dragón transformado en serpiente.

Estatua de la metamorfosis de la ninfa.
Estatua de la metamorfosis de la ninfa. / Jardines de Valencia

Los muros que recogen el espacio son de ciprés recortado y dentro de él, el agua adquiere un papel especial como otro de los elementos fundamentales de la historia de los jardines. Una fuente corona el punto más alto del jardín, escondida entre los cítricos y sigue una forma laberíntica que sugiere misterio a quien se adentre en su búsqueda. El agua brota del suelo y va por los canalillos que recorren las terrazas, hasta sumergirse en el tramo final y volver a emerger en el estanque donde se reflejan las ninfas convertidas en árboles. Y como broche otro estanque, más recóndito y tranquilo, rodeado de muros y cipreses, donde la diosa protectora de los jardines se presenta para atribuir una especial calma al lugar.

Si eres un apasionado de la mitología griega, o al menos de la popular película de Disney, deberías visitar este rincón para sentirte una más de las musas y recrear el mítico 'No diré que es amor', o bien para pasar de 'Cero a Héroe' en un pispás. Eso sí, hay que tener en cuenta que aunque sea de entrada libre y gratuita, al ser un recinto cerrado hay un horario de visita que en la temporada otoño-invierno es de 10.00 horas a las 18.00 horas y que se amplía dos horas (hasta las 20.00 horas) en primavera y verano.

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