Memoria histórica en 'Flores azules'

Representación de 'Flores azules'. / lp
Representación de 'Flores azules'. / lp

Dos actores dan vida a cuatro mujeres encarceladas en un relato que podrá verse en Sala Russafa

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El VII Cicle Companyies Valencianes ofrece hoy y mañana el estreno absoluto de 'Flores azules', una emocionante pieza de la joven formación La Dramática sobre la memoria histórica. Dos actores dan vida a cuatro mujeres encarceladas en un relato que defiende la necesidad de hablar para superar lo vivido. Una narradora abre y cierra este relato. La Dramática surgió en 2015 con una línea de investigación teatral bien definida y ya ha firmado diversos espectáculos breves que han pasado por citas como Russafa Escènica. La pieza que estrenan en el teatro de Ruzafa es la primera de larga duración que realizan y cuenta con un equipo artístico que reúne a tres nombres que poco a poco se abren paso en la escena valenciana.

Uno de ellos es José Terol, que ha formado parte de montajes como 'No hables de ello', de Gabi Ochoa, o 'El Casament', de Jaume Policarpo. Le acompaña sobre las tablas José Torres, intérprete de piezas como 'Lazarillo', de Arden, o la versión de 'Hamlet' de Chema Cardeña, trabajo final del Taller de Interpretación para Profesionales de Sala Russafa. Y completa la parte interpretativa Irene González, actriz en montajes como 'Hijos de Verónica', de Jerónimo Cornelles, que pertenece al directorio de Centro Nacional de Teatro Clásico y ha trabajado con compañías como El Corral de la Olivera o Lagartera Teatre. González es, además, dramaturga y directora de escena. Hasta el momento, había firmado diversas piezas de microteatro. Y, para su primera obra de larga duración, ha escogido el tema de la memoria histórica, inspirada por la querella contra crímenes de género sufridos por mujeres durante la dictadura franquista, presentada en Buenos Aires en 2016.

Tras los barrotes

'Flores Azules' ofrece retazos de las vidas de cuatro mujeres, encarceladas por el simple hecho de haber nacido en un lugar o momento concretos. Tras los barrotes encontramos a una presa que repasa su vida y la de otras cautivas mientras cose, a una madre que recuerda al bebé perdido y a una mujer que revive constantemente su última noche de amor. Junto a estas represaliadas está la torturadora, que cada noche ansía dejar atrás las celdas para volver a casa.

A modo de cuento, una narradora abre y cierra este relato que impacta en el espectador gracias a la potencia del texto y a la expresión corporal de los intérpretes, dos actores que dan vida a cuatro féminas, llenas de cicatrices pero con el alma intacta. Un cambio de roles que quiere hacer reflexionar sobre si la injusticia, el sufrimiento, la ternura y la superación conocen de identidades.

Con una puesta en escena desnuda y honesta -en la que hasta los cambios de vestuario se realizan frente al público para buscar su complicidad - avanza esta propuesta de voz serena, que incluso recurre al humor y que defiende la necesidad de hablar para recordar pero, principalmente, para superar lo vivido.

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