Los gustos gastronómicos de Marilyn

Marilyn Monroe y Tom Ewell en 'La tentación vive arriba' (1955). /
Marilyn Monroe y Tom Ewell en 'La tentación vive arriba' (1955).
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Seguía una dieta ecléctica y estrafalaria. Practicaba ejercicios físicos para mantener plana su barriguita y estilizadas sus piernas

ANTONIO VERGARA

En el libro 'Billy & Joe' (1988), Billy Wilder habla de Marilyn Monroe: «Yo no tuve problemas con Monroe; era Monroe quien tenía problemas con Monroe».

Y proseguía: «Realmente necesitaba al mejor psicoanalista, o incluso a todo un equipo de psicoanalistas para desenmarañar todo lo que tenía en la cabeza. No es que fuera mala, sino que simplemente no era consciente de que trescientas personas la esperaban durante horas para continuar el rodaje». Léase de nuevo 'Psicopatología de la vida cotidiana', de Sigmund Freud.

Una bodega de Napa Valley (California) puso a la venta varias añadas conmemorativas, de la variedad Merlot, cosechas 1992, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 2000 y 2001 como homenaje a la 'star'. En las etiquetas, Marilyn Monroe, sensual y sugestiva, redondita y aparentemente bien nutrida. Un ama de cría de Los Ángeles.

¿Qué comía? ¿Y qué comía en algunos de sus rodajes de sus películas? En la vida real, después de ducharse -se supone-, leche tibia y un batido de huevos crudos. De aquí que a sus nalgas no les faltara ningún relleno ni prótesis. No almorzaba a mediodía, salvo algún perrito caliente (a su alrededor había centenares) y cenaba cordero o hígado de ternera.

Ella mismo cocinaba, por así decirlo. Véase su receta de pavo relleno del 4 de julio. Contenía un montón de ingredientes, a cada cual más plúmbeo: hígado, corazón, queso rallado, masa de pan, huevos duros, frutos secos (pasas, avellanas), especias y algún aditamento más. Sus potajes causaban pavor en Hollywood. Le gustaban mucho los helados de crema, chocolate caliente y frutos secos. Y las alcachofas.

Monroe le atribuía siete propiedades a las sopas. Andy Warhol le preparaba varias en su casa: sopa de perdices con caviar a la Marilyn o sopa de tomates con higos. El remedio era peor que la enfermedad. La sopa warholiana de tomates con higos incluía leche, agua, una lata de sopa de tomate 'Campbell's', puré de patatas de sobre, huevo duro picado y trozos de higo. ¡Puaff! ¿Una sopa 'gay?

Es mucho más gastronómico ver a Monroe comiendo chips con champagne en 'La tentación vive arriba'.

Marilyn Monroe seguía una dieta ecléctica y estrafalaria. Practicaba ejercicios físicos, supervisados por un atleta, para mantener plana su barriguita y estilizadas sus piernas.

Arthur Miller, uno de sus maridos, el típico intelectual 'comprometido' y de 'izquierdas' en sus obras de teatro y despiadado en su vida privada, escribió que Marilyn «no sabía hacer ni una ensalada». A ella no le interesaba demasiado la cocina. Tampoco la gastronomía, que asociaba al caviar y la fama: «La fama es como el caviar. Es bueno tener caviar, pero no cuando lo tienes cada comida».

En la biografía de Robert Mitchum ('Olvídame, cariño'), su primer marido, Jim Dougherty cuenta que un Mitchum principiante iba al rodaje sin comida. «Yo le daba uno de los bocadillos de Norma Jean (el nombre verdadero de la Monroe). Le decía que mi compañero no tenía qué comer, y ella solía preparar uno o dos bocadillos más para Bob» (Mitchum).

Pesaba 58 kilos, y medía 1,66 metros. Mi abuela era igual de alta. En su dieta no incluía la fruta, ni siquiera la manzana de Adán.

Cenaba siempre lo mismo, alguna proteína con zanahorias crudas. Consistía en un filete de ternera, cordero o hígado de cordero. «Lo caliento en el horno eléctrico de mi habitación», aclaraba. Y como tenía sentido del humor afirmaba que «como cuatro o cinco zanahorias crudas con la carne; debo tener algo de conejo porque no me canso de comerlas». Cuando regresaba a su casa después del rodaje compraba un helado con chocolate caliente.

Su dieta ha sido examinada por sesudas investigaciones, hasta tal extremo de que nunca sabremos cuál era su dieta rutinaria o si la cambió hasta su muerte en 1962. Los únicos que nos podrían sacar de dudas son sus maridos: Arthur Miller (vivió con ella cinco años y falleció en 2005); Joe DiMaggio (convivieron un año y murió en 1999); y Jim Doughery (cuatro años casados, feneció en 2005). Los testigos presenciales están muertos y no pueden aportar, pues, prueba alguna.

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