La fruta, mejor desnuda

Una campaña anima a rechazar los vegetales en plástico. El ‘packaging’ perfecto ya existe: se llama cáscara

La fruta, mejor desnuda
INÉS GALLASTEGUI

Desde la primera vez que un individuo tendió un tronco para salvar un río hasta los últimos avances en ingeniería genética para prevenir enfermedades, la historia está llena de ejemplos maravillosos de cómo la inteligencia humana le enmienda la plana a la naturaleza para mejorar la vida. En ocasiones, sin embargo, el hombre corrige el curso natural de las cosas y cae en el ridículo más espantoso. Un caso de libro es el envasado redundante: la práctica de presentar productos vegetales con acabados insuperables como la cebolla, el plátano, la naranja o la berenjena en bandejas de poliespán recubiertas con film ha llevado a un grupo de activistas a promover la campaña Desnuda la Fruta. En sus mensajes en las redes sociales interpelan «con educación y amabilidad» a los supermercados que comercializan estas insensateces y proponen a los consumidores alternativas para reducir el uso de plásticos superfluos, caros y contaminantes. «El ‘packaging’ diseñado por la naturaleza es biodegradable, preserva mejor los alimentos y se llama cáscara», ironiza Ambiente Europeo, una de las asociaciones que se han sumado a la iniciativa.

A veces, la evolución echa el resto y crea envases 100% orgánicos prácticamente perfectos, capaces de proteger su contenido del frío, el calor, la suciedad y la humedad durante largo tiempo. Patricia Reina y Fernando Gómez, una pareja de madrileños que ha reducido al mínimo su consumo de plásticos desechables –sus residuos de dos años caben en un par de fiambreras–, llevaban tiempo llamando la atención de los comercios de alimentación sobre este gasto inútil, sin éxito, hasta que se encontraron en el mundo virtual con Isabel Vicente, autora del blog La Hipótesis Gaia. Esta salmantina, ingeniera agrícola y licenciada en Ciencias Ambientales, también había reparado en lo «absurdos» que se están volviendo los productos frescos de los hipermercados. El ejemplo más «raro e indignante» fue una solitaria cebolla en un aparatoso envase de plástico. Y esa fue la imagen fundacional de la campaña #DesnudaLaFruta, que anima a los consumidores concienciados a fotografiar verduras y hortalizas «en las que el plástico esté presente de forma abusiva e innecesaria» y difundirlas con esa etiqueta en Facebook, Twitter e Instagram.

Mandarinas.
Mandarinas.

La respuesta ha sido abrumadora y ha cruzado fronteras. Aunque la cebolla sigue líder en el ránking de envoltorios tontos, los usuarios han compartido imágenes de mandarinas peladas y plastificadas, ramitos de hierbas aromáticas dentro de cajas que pesan más que ellos o calabacines ecológicos dentro de recipientes antiecológicos.

«El sobreenvasado está tan normalizado que pensábamos que había llegado el momento en que no le sorprendía a nadie, pero hay mucha gente a la que esto le parece una locura», se congratulan Patricia y Fernando, que cuentan sus vivencias en el blog Vivir Sin Plásticos. A su juicio, los argumentos sobre la higiene o la conservación que esgrimen las empresas de alimentación no se sostienen. «¿No tienen las naranjas, los kiwis y los plátanos protección suficiente con su propia piel? ¿No los vas a pelar ante de comerlos?», se preguntan.

Cebollas.
Cebollas.

«Supongo que el envasado pretende agilizar las compras, porque el cliente no tiene que pesar la fruta, pero eso no justifica tanto derroche», apunta Vicente. De las tres famosas ‘erres’ de la sostenibilidad –reducir, reutilizar y reciclar–, la gente suele recurrir a esta última para dar un barniz verde a sus hábitos de compra y limpiar su conciencia, pero lo cierto es que la mitad de todos los residuos plásticos acaban en los vertederos. O, peor aún, contaminando los océanos y ensuciando las playas.

Los promotores del ‘striptease’ vegetal apuestan más por la ‘erre’ de rechazar los artículos sobreempaquetados, teniendo en cuenta que la alternativa es bien sencilla: la venta a granel. En muchos casos, el consumidor puede pesar el producto y colocarle directamente encima la pegatina con el precio, o bien llevárselo en bolsas de varios usos; las hay de plástico reciclable, tela o malla, algunas lavables, y se pueden comprar muy baratas por internet. Casi todos los comercios las aceptan sin poner trabas.

Sin embargo, admiten los activistas, la pelota está en el tejado del sector de la distribución. Mientras en otros países ya existen supermercados libres de plásticos –el último, de la cadena Ekoplaza, acaba de abrir en Ámsterdam–, en España las tiendas dan largas, admite la ambientalista. «El objetivo principal de la campaña es que estos envases desaparezcan y, hasta ahora, ninguna compañía se ha comprometido. Algunas han dicho que tendrán en cuenta nuestras sugerencias, pero es pronto para comprobarlo». Las frutas siguen vestidas.

Datos

2,1
millones de toneladas de residuos plásticos se generan al año en España, según Cicloplast. El 34%se recicla, el 17% se quema para producir energía y el 49% se deposita en vertederos.
12

millones de toneladas de plásticos se vierten cada año al mar. Una botella de agua tarda 500 años en descomponerse, según Greenpeace, que apuesta por priorizar la reducción del consumo de envases, reutilizar la materia prima y usar nuevos materiales con menor impacto ambiental.

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