Las Provincias

La matanza de Serra

 La dama de la matanza. Teresa Carrascosa y Boro, su marido, del restaurante Gambrinus. :: a. vergara
La dama de la matanza. Teresa Carrascosa y Boro, su marido, del restaurante Gambrinus. :: a. vergara
  • No debemos creer los rumores malintencionados. Tampoco señalar como 'imputado' /a a una cerdita

El 6 de febrero de 2017, lunes, hubo una matanza en la villa de Serra, cuya población asciende a 3.200 habitantes. Dos ecologistas anónimos llamaron inmediatamente al 112, el número telefónico de emergencias. A los cuatro minutos llegaron tres policías de paisano del Grupo de Homicidios en un coche 'K' (camuflado: matrícula de Wyoming), tres ambulancias del SAMU, y cinco especialistas de la policía científica.

Las sirenas, rebasando ampliamente el número de decibelios permitidos por las ordenanzas municipales, quebraron el silencio y la paz de esta bonita villa rodeada por la Sierra de la Calderona. Todos los vecinos/as abandonaron sus domicilios y salieron a sus empinadas calles. De inmediato, y tras escuchar los rumores, según los cuales la matanza había sucedido -por cuestiones sentimentales- en el popular restaurante Casa Granero, sito en el 'carrer' Cantó de la Torre, 9 (teléfono 961 68 84 25), se dirigieron en masa a esta dirección.

Medio kilómetro antes de llegar, escucharon el sonido de un 'guitarrot' y una potente voz cantando la melodía 'Arròs al forn'. Una joven vecina que pertenece a la plantilla de la Banda Municipal de Valencia identificó inmediatamente, por su timbre vocal y su incomparable estilo, al 'Tio Fredo', trovador popular nacido en Xàtiva. Otro de sus 'hit parade' es 'El rock de la paella'.

La confusión cundió entre la muchedumbre y los bregados cuerpos policiales y sanitarios. Dedujeron que si la voz de alarma había sido auténtica no era lógico que se celebrara con el 'Tio Fredo' cantando en medio de charcos de sangre. Sin embargo, cuando sólo estaban a una distancia de cincuenta metros de Casa Granero, observaron que dos finos regueros de sangre descendían, como el agua en un día de lluvia, por la cuesta del 'carrer' Cantó de la Torre.

El desconcierto fue colosal. Demasiados y contradictorios elementos en el supuesto lugar de la presunta matanza sentimental. Anduvieron treinta metros más y el 'caso' ya estaba resuelto. Vieron a un cerdo, hembra, de nombre 'Tramposa' (pesó en la báscula 148 kilos), ya desangrada en un 90%, protagonista involuntaria de las XXII Jornadas Gastronómicas de la Matanza del Cerdo que organiza anualmente Casa Granero. Sus propietarios son Victor Vicente Navarro (el cocinero) y su briosa mujer Mónica.

Los hechos hasta aquí relatados -indicios más bien- invitan a una reflexión moral. No debemos creer los rumores malintencionados. Tampoco señalar como 'imputado' /a 'investigado'/a a una cerdita. Había sido condenada a muerte, sin soportar trámites legales ni la 'pena de telediario', en aras de un rito ancestral practicado ya por los griegos. En la época romana la matanza del cerdo estaba institucionalizada y separada del mero sacrificio carnicero ('boarii'). Personal especializado se encargaba de ello.

Luego de la inservible movilización policial y sanitaria (menudos desaprensivos esos dos ecologistas del Movimiento Animalista), los abnegados funcionarios que velan por la sociedad fueron desagraviados con 'torrà de embutidos del restaurante Huerto de Santa María; olla, gazpachos de la matanza y coca de panceta y longanizas de Granero; y jamón. No se merecían menos.

'Tramposa', cerdita donada por una familia del pueblo, no dio mucho trabajo a los expertos matarifes, quienes antes de clavar la hoja brillante del cuchillo en el cuello del animal sólo una vez y abrirse inmediatamente la ventana de la muerte, la atontaron con una descarga eléctrica, como anteriormente a los reos en la silla eléctrica. Uno de los matarifes me dijo que estas descargas contraen y endurecen las partes más nobles del animal.

Una vez terminado el 'cerdicidio', los invitados (más de 100) se trasladaron a los dos comedores. En el menú, selección de ibéricos y paté de manzana; torreznos fritos de Paco Almazán; morcilla de arroz; callos de la matanza del restaurante Gambrinus (Siete Aguas); arroz meloso de pulpo y chipirones con alcachofas. Etcétera.

El almuerzo fue amenizado por el 'Kiki' (José Luis Maldonado). Cuyo manager es un joven-maduro alto. El 'Kiki' puso sentimiento amoroso para contrarrestar el óbito de 'Tramposa'. Acompañándose con su guitarra española cantó boleros tan inmortales como 'Algo contigo' o 'La mentira': 'Se te olvida / que me quieres a pesar de lo que dices / pues llevamos en el alma cicatrices /imposibles de borrar'. Hubo una cuestación para la lucha contra el cáncer. Se recaudó 500 euros. La Dama de la Matanza fue Teresa Carrascosa, del restaurante Gambrinus de Siete Aguas.

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