Escapada desde Valencia: Tres días en Milán

Escapada desde Valencia: Tres días en Milán
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Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

No siempre fue mentada como capital de la moda y el diseño. Milán tiene un pasado. Fue capital de imperio, lugar de coronación de emperadores, foco cultural y territorio germen de movimientos fascistas. Ha atravesado etapas muy diferentes hasta convertirse en lo que es hoy, núcleo financiero de Italia y referente político y social. A los pies de los Alpes se levanta una localidad en la que lo industrial prevalece, pero que goza de un patrimonio rico. Con vuelo directo desde Valencia (cada día, con billetes de cómo mínimo 14 euros) invita a saber de ella, por su capacidad para generar marcas potentes (de Versace a Gucci), como por sus sorpresas arquitectónicas.

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El principal problema de esta localidad es que el alto número de ferias y exposiciones que organiza obliga a planear un viaje con antelación, con el fin de lograr un precio asequible para desplazarse y alojarse. Comunicada excepcionalmente su carácter dinámico y emprendedor logran contagiar y animan a volver.

Día 1: Desde el Duomo

AGENCIAS

Cualquier paseo por la localidad italiana ha de comenzar por esa joya gótica de mármol blanco que es el Duomo (1), impresionante edificación plagada de campanarios que se levanta en una plaza donde es complicado no quedar fascinado. Conviene ir con tiempo para contemplar su arquitectura y para subir al tejado. La Torre Central, de 108 metros de altura, se corona con la estatua dorada de la Madonnina. En la misma plaza el Palazzo Reale (3), enfrente de la Galería Vittorio Emmanuele, se utiliza con fines culturales. En la via Marconi se emplaza el Museo del Novecento (2), que aloja obras de autores italianos como De Chirico o Carrà. Quien necesite tomar un descanso puede hacerlo en la plaza del Mercado (4), que alberga algunos de los edificios medievales más destacados de Milán (Palazzo della Ragione, Loggia degli Osii, Palazzo delle Scuole Palatine, Casa dei Panigarola (esconde un restaurante) y Palazzo dei Giureconsulti). Pero si lo que quiere es llenar el estómago en el Peck (5), histórico local, siempre se encuentra lo que apetece.

En la Pinacoteca Ambrossiana (6) se guarda el Códice atlántico de Leonardo y el Retrato de un músico de Leonardo da Vinci. Como en casi todos los museos de la ciudad conviene reservar para asegurarse la entrada. Aunque las colecciones son menores no deje de echar un vistazo al Castello Sforzesco (7). El día bien puede terminar en el Parco Sempione (8), enorme espacio verde construido entre 1890 y 1893 y diseñado con el estilo de los jardines ingleses. Un recorrido por él permite toparse con el Acquario Civico (12) (construido para la Exposición Nacional de 1906), el impresionante anfiteatro Arena Civica (11) (donde suelen organizarse conciertos) y el Arco de la Paz (10). Además desde la Torre Blanca (9) es posible contemplar impresionantes vistas de la ciudad. Las dos principales áreas para salir en Milán son los alrededores de la Galería de Brera y la zona de los Navigli.

Día 2: El Barrio de la Moda

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La zona que se forma entre la via Monte Napoleone, la via Gesù, el Corso Venezia (14) y la Via della Spiga acoge las tiendas de moda más populares de la ciudad, en las que se pueden hallar, por supuesto, diseños de creadores como Versace y Gucci. Una opción para bolsillos modestos es deleitarse con los escaparates que a veces parecen estancias de museos. Aunque para museos mucho mejor es la Galería de Arte Moderno (16), que merece la pena por su edificio y jardín y por las piezas que atesora (de Van Gogh, Cézanne o Manet). Con gran vida se topará también en el Corso Vittorio Emanuele (13).

Las especialidades gastronómicas de Milán son la chuleta de ternera empanada (cotoletta alla milanese) y el risotto, que merece ser degustada en los céntricos Botigglieria da Pino (Via Cerva) o el Charleston (Piazza Liberty) o en Dulcis in Fundo, un antiguo edificio industrial, más alejado de los barrios turísticos. Las mejores empanadillas, eso sí, se sirven en Luni Panzerotti (18). Otras visitas en el día han de ser al Museo de Historia Natural (15) y a la Villa Necchi Campiglio (17), que destaca por sus joyas artísticas y por su mobiliario único.

Día 3: Los otros rincones

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Uno no se debe ir de Milán sin visitar la Iglesia de Santa Maria delle Grazie, en la que se conserva La Última Cena de Leonardo da Vinci. El cuadro, conocido como el Cenacolo Vinciano, es sin duda uno de los más famosos del mundo. Las visitas se realizan en grupos muy reducidos y los tickets se agotan en seguida. También tiene interés la Pinacoteca di Brera, donde una estatua de Napoléon vigila a quien se acerca a conocer la escuela, la biblioteca y un observatorio astronómico.

En una zona más céntrica está el Palacio Bagatti Valsecchi (19), que en su día fue residencia de los barones que prestan su nombre al edificio. Otra mansión que impresiona es aquella en la que se localiza el Museo Poldi Pezzoli (20), al igual que la Casa di Manzoni (21), en la que vivió el escritor, escribió la novela 'Los novios' y en la que falleció. Si tiene oportunidad acuda a una represantación en la Scala (22). Cuando un incendio destruyó el antiguo Teatro Ducale en 1776, el archiduque Fernando de Austria ordenó la construcción de uno nuevo, que tomó el nombre de la Iglesia de Santa María alla Scala a la que reemplazó. En la Segunda Guerra Mundial fue dañado por los bombardeos y necesitó una nueva reconstrucción. Títulos como Nabucco de Verdi o Madame Butterfly de Puccini se estrenaron allí. No se vaya de Milán sin probar un helado en Rigoletto.

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