Los desheredados de Disneylandia

O. B.

'The Florida Project' transcurre en lugares bautizados irónicamente Futureland o Magic Castle. Estamos en Orlando, Florida, en las cercanías de Disney World. Nada hay de mágico en los moteles de mala muerte donde viven los protagonistas, tugurios en los que miles de estadounidenses aguantan antes de caer en la mendicidad. Para la pequeña Moonee (Brooklynn Prince) su día a día es un juego. Incordiar al resto de huéspedes, atiborrarse de la comida basura que le proporciona su joven madre (Bria Vinaite) o hacer rabiar al encargado del motel (Willem Dafoe) son todas sus ocupaciones.

Sean Baker, el talentoso director capaz de rodar con un iPhone su anterior obra, 'Tangerine', vuelve a deslumbrar con un acercamiento al mundo de la infancia que desprende tanta humanidad como 'Los 400 golpes', de Truffaut, a quien hace un guiño en su inolvidable final. 'The Florida Project' arranca al ritmo del 'Celebration' de Kool & The Gang y nos sumerge en la frescura y naturalidad de unos críos que parecen interpretarse a sí mismos. Sus aventuras están supervisadas por el 'ángel de la guarda' del motel, una figura paterna que le ha proporcionado a Dafoe la nominación al Oscar como actor de reparto.

Baker saca provecho de la arquitectura kitsch de Florida, del sarcasmo infinito que se desprende de un parque de atracciones rodeado de miseria. Hay mucho amor y respeto por esa madre casi adolescente, incapaz de cuidar de su hija y a la que vamos contemplando con nuevos ojos según avanza el filme. La crónica de la supervivencia de esta 'basura blanca' en la era Trump resulta al mismo tiempo sutil y demoledora.

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