Un buen plan en Jérica: bienvenidos a un mundo sin wifi

Un paseo por Jérica. Visita general de Jérica así como de la casa rural Sharíqua. ::
Un paseo por Jérica. Visita general de Jérica así como de la casa rural Sharíqua. :: / LP

Enclavada en el Alto Palancia una casa para huéspedes propone defender los valores tradicionales del turismo rural

MIKEL LABASTIDA

En un mundo dominado por el acceso inmediato a la tecnología (y a través de ella a la información), por la comunicación a distancia a través de dispositivos varios y por los debates enconados por medio de las redes sociales, Anna Ern y Vicente Macías se plantearon hace diez años habilitar un espacio que sirviese de burbuja a esta realidad frenética. Sí, se puede vivir sin televisión, sin móvil, y sin wifi, aunque a veces parezca imposible. O al menos prescindir de ellos durante una temporada.

«Al principio hay algún escéptico, pero enseguida se convencen de que es posible. Es una experiencia que si no nos obligan a vivirla hoy en día, nosotros por costumbre no la vivimos», explica Ern, que es consciente de que últimamente existe un movimiento más extendido del neoludismo, que consiste en regresar a un nivel primitivo de las tecnologías y en potenciar el encuentro con uno mismo y físicamente con las personas más cercanas.

Así nació Sharíqua, una casa rural en Jérica, inmersa en una finca de 20.000 metros cuadrados, cuyo mayor reclamo es su afán por propiciar calma y tranquilidad a quienes la visitan. 'Pasen y descansen' podría ser su eslogan. Para ello, ya lo advierten en su página web, «la televisión ha sido desterrada, y si no es preciso, tampoco revelamos la palabra clave de la wifi que, dicho sea de paso, de todas formas muchas veces se muestra muy rural y desconecta». «No es algo que solo se practique aquí, pero sí que nos caracteriza y nos ha definido desde que abrimos. Apostamos desde el principio por lo tradicional, por defender los valores tradicionales de una casa rural, como por ejemplo intentar garantizar una calidad de sueño buenísimo, preparar un desayuno que te deja con una sonrisa para entrar en el día y, sobre todo, posibilitar el sosiego y la desconexión. Contamos con una biblioteca muy grande de la que la gente incluso puede llevarse los libros si no les da tiempo a acabárselos. Tenemos buenas vistas, todas las habitaciones disponen de balcón o terraza para estar en contacto directo con la naturaleza. Nos encontrábamos con hoteles rurales con ordenadores modernísimos o el jacuzzi más avanzado, pero nosotros siempre pensamos que lo interesante era poner en valor la vida rural y para eso no hace falta lo último de lo ultimo», argumenta Ern.

Sharíqua es muchas cosas y entre ellas, como insiste esta pareja, es un buen punto de partida para conocer una de las zonas interiores más bonitas del Mediterráneo, el Alto Palancia el Alto Mijares, regiones rurales en la frontera de Castellón con Teruel, que suelen impactar por su enorme belleza. Anna y Vicente desean que a sus huéspedes les ocurra como les pasó a ellos, que cayeron prendados por la zona. Ella es alemana, aunque lleva ya 30 años en España. Se dedica al periodismo, pero cuando se enfrentó a un cambio laboral, decidió junto a su marido -que es funcionario- compaginarlo con un nuevo reto. «Nos llamaba la atención cómo se vive el turismo rural. Solo teníamos la experiencia como viajeros apasionados. Consideramos que en la Comunidad Valenciana no se ha fomentado demasiado y que apenas hay buenos sitios en los que poder disfrutarlo por culpa de la extrema urbanización. Vivíamos en Altea y pensamos que estaría bien empezar de nuevo en un lugar menos masificado y con menor afluencia de turistas. El Alto Palancia nos cautivó por su diversidad y por las posibilidades que ofrece», añade.

Y es lógico. Porque en esta zona es posible encontrarse paisajes insólitos en una región en la que la vegetación escasea. Un paseo por este enclave depara sorpresas y hallazgos como verdes valles, embalses y piscinas naturales, huertas o bosques de pino negro, alcornoque y otros árboles diversos de hoja caduca. Aunque lo interesante es no tener que elegir y poder recorrer cuantos más rincones mejor si hubiera que hacerlo desde Sharíqua lo tienen claro: «Un auténtico tesoro natural se encuentra a muy pocos kilómetros de Jérica: el alcornocal de la Sierra de Espadán, junto con el de Cádiz, único en la costa mediterránea occidental y con sus 31.000 hectáreas el parque natural más grande de la Comunidad Valenciana». Merece la pena tomar nota.

Un paseo por Jérica

Y luego está Jérica, minúsculo si nos atenemos a su número de habitantes (poco más de 1.500) pero enorme si repasamos sus monumentos históricos, sus casas señoriales o sus rincones con encanto. Permite ser turista activo, de los que necesitan coleccionar postales, o uno más relajado, de los que disfrutan con un paseo junto al río o con una agradable charla en la plaza del pueblo. Y da de sí lo que cada uno quiera, puede servir de escapada para un día o de refugio para varios.

«Algunas personas vienen año tras año. Hay clientes a los que consideramos casi amigos. Nos gusta atender a nosotros mismos a todos, así si hacemos algo mal nos reñimos a nosotros. Sólo tenemos cuatro habitaciones y ofrecemos la posibilidad de cenar, con reserva previa. Alrededor de la casa está la finca, que es nuestro jardín salvaje, porque crece lo que crece y nosotros lo que hacemos es habilitar rincones para ver el atardecer, para echar una siesta, para leer un libro», cuenta Anna Ern, que aclara que, dadas las condiciones del espacio, en principio el suyo no es un hotel familiar, aunque están abiertos a casos particulares y excepciones. Su intención es siempre completar la experiencia de un paraje natural único por estos lares.

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