Amor y enfermedad

Marian Álvarez y Andrés Gertrúdix en 'Morir'. / lp

O. BELATEGUI.

Llueve mucho en los dos veranos entre los que transcurre 'Morir'. Y no solo porque se haya rodado en el País Vasco. El segundo largometraje de Fernando Franco arranca con un baño liberador en el Cantábrico, de esos en los que el frío consigue que salgas del agua resucitado y con sabor a salitre en la boca. La ociosa rutina vacacional se romperá ante una revelación. «¿Te acuerdas aquella prueba que me hice? Pues salió mal», le suelta él a ella. Y desde entonces nada será igual. Nada puede ser igual ante la inminencia de la muerte. Franco reconocía en el Festival de San Sebastián, donde 'Morir' se exhibió fuera de concurso, que los títulos de las películas deben ser honestos. El nuevo trabajo del autor de 'La herida' no engaña en ese sentido, aunque la cámara se detiene más en el cuidador que en el enfermo. Marian Álvarez y Andrés Gertrúdix, pareja en la vida real, se entregan el director en un drama que cuenta cómo a la degradación física se sucede la degradación sentimental.

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