Advertencia social o condena

Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Fernando Tejero, Helena Lanza y Javier Pereira, el miércoles en la presentación de la obra en el Teatro Olympia. / Manuel molines
Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Fernando Tejero, Helena Lanza y Javier Pereira, el miércoles en la presentación de la obra en el Teatro Olympia. / Manuel molines

N. M.

Para entender el argumento de 'La cantante calva' y su sentido nada mejor que las palabras del autor: «En 1948, antes de escribir 'La cantante calva', no quería ser autor teatral. Sólo quería aprender inglés y compré un manual de conversación franco-inglesa, pero no aprendí inglés, y sí muchas verdades, que hay siete días de la semana, que abajo está el suelo y arriba el techo, etcétera. Tuve una revelación. Debía comunicar las verdades reveladas por el manual haciendo teatro. Escribí así 'La cantante calva', que se llama así porque ninguna cantante, calva o cabelluda, hace su aparición», anota Eugène Ionesco. Más de medio siglo después, Luis Luque, director del montaje que se representa ahora en el Olympia de Valencia, explica que la obra es un «fiel reflejo» de las sociedades modernas y muestran «el absurdo de nuestras acciones que llenan nuestro día a día». Se ha dicho que el teatro de Ionesco, el teatro del absurdo, podía suponer un teatro de advertencia social, pero para Luque, la etiqueta de advertencia social «queda obsoleta» y «habría que reemplazarla por otra etiqueta que transformara la advertencia en condena».

Esta representación fue considerada como un ataque satírico al modelo de familia burguesa inglesa de la época, la familia Smith, cuyos miembros están físicamente cerca pero no pueden llegar a comunicarse.

Independientemente de las interpretaciones, es indiscutible que se trata de una gran tragicomedia. Lleva representándose en diversos teatros más de 60 años.

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