Las Provincias

Luis Tosar, en primer plano, en el filme '1898: los últimos de Filipinas'.
Luis Tosar, en primer plano, en el filme '1898: los últimos de Filipinas'.

Resistir para nada

  • Un reparto de lujo recrea el sacrificio de los soldados abandonados en Baler en '1898: los últimos de Filipinas'

Tras la serie 'Carlos, Rey Emperador', Álvaro Cervantes continúa con las historias de época con una película que nos lleva a 1898 y a la gesta del destacamento español que resistió en el sitio de Baler en Filipinas. El joven y elogiado actor se une a un conocidísimo reparto (Luis Tosar, Karra Elejalde, Javier Gutiérrez, Eduard Fernández...) en esta cinta dirigida por Salvador Calvo, realizador de series y telefilmes que debuta en el cine.

¿Álvaro cervantes, es esta una de las películas de mayor dimensión en la que has participado?

Sí, es uno de los trabajos con más medios en los que he participado y de los más ambiciosos. Es una gran producción y mi personaje tiene una evolución muy bonita. Ha sido un lujo estar ahí. Ni en mis mejores sueños esperaba compartir pantalla con semejante reparto.

Cuando entraste en el proyecto, ¿estaban todos esos grandes nombres en el reparto?

Se fueron incorporando. Yo llegué a la película por Salvador Calvo, el director. Fue una ilusión enorme y me pareció muy curioso que me llegara esta película después de terminar la serie de 'Carlos, Rey emperador' porque conformaba un díptico 'imperial': Carlos I gobernaba un imperio y con Carlos, el soldado, (también se llama así mi personaje en 'Los últimos de Filipinas') se cierra. Yo con Salva había hecho antes 'Hermanos' y 'Los nuestros' y este personaje era también un gran reto como aquellos. Me informé todo lo que pude sobre el tema.

El tuyo no es un personaje real pero tiene su importancia porque es el narrador de la historia, con el que el público debe sentirse identificado.

Intenté acercarme lo más posible a esos jóvenes soldados que estuvieron allí y se vieron superados por la situación aunque finalmente lograron resistir. Es un personaje que tiene un elemento que me encanta y es que tiene una vocación artística, le gusta pintar y dibujar. El alcalde de su pueblo le ha prometido que va a hacer una colecta para pagarle sus estudios de Bellas Artes y acaba yendo a la guerra. Es un artista en medio del horror.

¿El rodaje fue también como una gran aventura?

Tuvo dos partes muy claras. La primera en Guinea Ecuatorial (que representa la selva en Filipinas) y la segunda parte en Canarias, con un decorado que refleja la comandancia de Baler. Hicimos el día a día en ese monte. Hubo secuencias de acción bastante físicas que requerían estar preparados psicológicamente para llevarlo todo a buen puerto. Hicimos mucha piña.

Hubo mucha camaradería entre actores jóvenes y veteranos.

Sí, sin duda. Éramos como un equipo de fútbol. Para la mayoría de los jóvenes que no hemos hecho la mili, esto fue un poco como aquello pero arropados por los más grandes. Los actores más veteranos, todo lo que tienen de grandes lo tienen de generosos y para mí este rodaje ha sido como un máster de generosidad.

¿Qué destacas del trabajo del director, Salvador Calvo?

Pone mucho foco en los personajes, que tengan un carácter y una ilusión propia. No deja nada al azar. Todo lo que hay detrás de su mirada tiene un sentido para contar algo.

¿Qué cuenta la película sobre este hecho histórico?

Habla de que la guerra es un horror para todos. Cuando el patriotismo se olvida de las personas es muy poco patriota.