Las Provincias
El profesor Javier Mur, en un aula del colegio Minten de Monzón, Huesca.
El profesor Javier Mur, en un aula del colegio Minten de Monzón, Huesca.

Una fórmula maestra contra el aislamiento del alumno con cáncer

  • Javier Mur ha sido premiado por implantar un método en su escuela que impidiese que uno de sus alumnos en tratamiento perdiese el curso

La noticia llegó a un colegio de Monzón, una pequeña ciudad de Huesca con 18.000 habitantes: uno de sus alumnos había sido diagnosticado de cáncer en plena vacaciones. Guillén tenía un linfoma de Burkitt y el tratamiento, con ingresos hospitalarios para los ciclos de quimioterapia y sus largas recuperaciones, impedirían al niño de ocho años a asistir a sus clases durante, al menos, siete meses. Y la noticia hizo mella en su tutor, Javier Mur, profesor de cuatro de primaria en el Colegio Minteen aquellos momentos.

"Me dicen que tengo un alumno que está recibiendo tratamiento con quimioterapia y que durante al menos siete meses no podrá asistir a clases", recuerda el profesor Mur. "Teníamos que darle apoyo para que no se sintiese solo, tanto a él como a su familia". Manos a la obra, comenzó a buscar información para saber cómo dar los primeros pasos y conseguir su objetivo. "Le planteé a los alumnos que ejercieran de profesores de Guillén. La mecánica consistió en dividirlos en grupos de cuatro alumnos, a cada grupo le asignaba una materia y le daba dos semanas para que trabajaran en un proyecto que le sirviera a Guillen para estar al tanto de lo que se había trabajado en clase".

Los compañeros de Guillén comenzaron haciendo murales, donde explicaban el tema correspondiente o planteaban ejercicios que pudiera resolver Guillén en su casa, que, cada quincena, el profesor Mur le entregaba, junto a mensajes de ánimo, a veces personalmente, a veces por intermedio de su madre. Pronto, los alumnos pasaron a trabajar el vídeo y, de esta manera, estas clases evolucionaron hacia pequeños cortos, historias elaboradas por los mismos compañeros.

Un trabajo que redundó en beneficio de todos: "Al implicarse tanto en conseguir que su compañero aprendiera, los demás alumnos también se esforzaban por aprender mejor los contenidos del curso, lo que mejoró la calidad de su día a día en el aula", asegura Mur, que ahora reside en Santiago de Compostela y visita a Guillén cuando regresa a Huesca. "Otra parte importante de este proyecto es cómo los chicos han visto que latecnología es una aliada, una herramienta para trabajar con fines profesionales y no solo lúdicos. Teníamos correo electrónico y subíamos los vídeos a Youtube".

Además, cambió la percepción de los alumnos con respecto al cáncer: "Al principio algún compañero de Guillén estaba sin ganas, con poca ilusión, al verle tan débil, sin pelo… Pero con el proyecto vieron que su compañero iba a volver al cole y que ellos podían hacer un gran esfuerzo para que él pudiera seguir a un ritmo normal".

La implicación de los padres, tanto los de Guillén como los de sus compañeros, fue imprescindible en esta odisea que conmovió a toda la comunidad escolar. "Todos en el colegio sabían por lo que estaba pasando Guillén y su familia", dice Mur. "Yo lo que hice fue motivarlos y hacerlos partícipes, conseguir que trabajaran juntos en el proceso. Por ejemplo, preparando los disfraces y materiales para grabar una obra de teatro…". Así fue como Guillén no perdió el ritmo de las clases y logró incorporarse al colegio tras su tratamiento, gracias al trabajo coordinado entre su profesor y el servicio de atención domiciliaria, que habían solicitado sus padres desde el diagnóstico, y el aula hospitalaria, en la que el alumno recibía clases durante sus ingresos en el hospital.

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