Diez consejos para que los niños disfruten en los museos

Una niña sostiene una cucaracha en la mano durante una visita al Museo Nacional de Historia Natural, en Washington./
Una niña sostiene una cucaracha en la mano durante una visita al Museo Nacional de Historia Natural, en Washington.

Los museos ofrecen la oportunidad de vivir una aventura, de hacer un viaje en el tiempo donde los más pequeños son los protagonistas

MAIALEN APARICIO

No siempre es fácil preparar un plan que incluya un museo. Cuando se han reunido las ganas suficientes y se han descartado definitivamente la playa y otros planes, toca preparar a los niños. Los más pequeños suelen sentir un rechazo inmediato a pasar alguna hora del verano sin jugar, encerrados en cualquier estancia de cuatro paredes. Sin embargo, una visita al museo no tiene porque ser aburrida, al contrario, la historia puede ser una aventura, sólo hace falta que vivan una buena experiencia.

1. Viaje en el tiempo

La preparación previa a la visita del museo es fundamental. No se trata de una experiencia más, los padres deben hacer entender a los niños que se trata de una gran aventura, como un viaje en el tiempo. Una manera de vender esa experiencia es identificar antes los intereses de los más pequeños. Por ejemplo, puede que le gusten los dinosaurios, en ese caso, resulta más interesante visitar un museo paleontológico, un yacimiento arqueológico o incluso unas cuevas prehistóricas.

Además, es aconsejable que la visita no sea un hecho aislado, es preferible plantear la experiencia como la escapada de un día. El plan del día puede ser visitar el museo, comer en algún sitio especial y pasar la tarde en el parque. En definitiva, una experiencia inolvidable que se quiera repetir.

2. Listos para el abordaje

Antes de empezar a visitar el museo hay que estar bien preparado. Es importante que todo el mundo haya desayunado bien y no vaya a tener sed ni necesidad de ir al baño. Estos detalles, que muchas veces pasan desapercibidos, son los que pueden alargar innecesariamente la experiencia. Además, basta que en algún momento los niños se sientan incómodos para que se pierda su atención y su interés por seguir con la visita.

3. Tener un buen plan

Actualmente muchos museos tienen una visita específica para los niños, que suele ser más corta o aborda las piezas más relevantes de dicho centro. En otras ocasiones existe una aplicación para que los jóvenes visiten el museo por su cuenta, con juegos y pruebas. Este tipo de actividad es muy recomendable ya que aborda de forma didáctica y entretenida temas complejos.

Por otro lado, también es una buena idea contratar una visita guiada o un taller. Normalmente los responsables de dichas actividades son profesionales del ámbito que están acostumbrados a trabajar con niños y que saben cómo llamar su atención y transmitirles lo estrictamente necesario. Además, los talles suelen estar adaptados a las necesidad de cada uno, a su edad o sus intereses, por lo que suelen resultarles más entretenidos.

4. Duración de la visita

Los pequeños, y no tan pequeños, tienen un tiempo de atención limitado, por ello, es aconsejable acortar a lo estrictamente necesario el tiempo que se va a pasar en el museo. Una visita de una hora u hora y media es el tiempo ideal. Es preferible pasar poco tiempo y tener que volver, y por lo tanto tener un buen recuerdo, que aburrirse y pasarlo mal tratando de verlo todo.

En cantidades pequeñas lo bueno sabe mejor. Por ello, es aconsejable dividir el museo, visitar únicamente un par de salas o una época específica.

5. Actividad en familia

Uno de los aspectos más importantes es que los niños estén acompañados. Cada vez es más frecuente verlos correr por el museo, distraídos, haciendo ruido y sin prestar la más mínima atención. La historia hay que vivirla, y juntos sabe mejor. Algunos niños prefieren estar acompañados de sus padres, otros de sus amigos, cualquier combinación es buena. Una buena idea es que vayan vestidos para la ocasión, o que lleven algo de la época que vayan a descubrir. Pasear y descubrir la historia como si se estuviera dentro.

6. Hacerlos descubridores

Es importante que los niños se conviertan en los protagonistas, los héroes de la aventura. Por ejemplo, pueden llevar el plano del museo, o pueden decidir qué sala quieren ver. Todo ello no implica que no estén guiados, siempre se pueden redirigir sus intereses pero es conveniente que se sientan integrados y que sus opiniones se tomen en cuenta.

7. Llamada de atención

Aunque la visita sea breve, la atención puede disminuir. Los padres, o acompañantes, deben guiar la visita y llamar la atención de los menores. Un recurso didáctico básico, que ayuda mucho cuando alguien se distrae, es contar una historia. Salirse ligeramente del guión o de la temática del museo es como un soplo de aire fresco. Se puede explicar un hecho concreto o comparar un detalle de lo que se está viendo con una experiencia vivida. Recordar un episodio pasado y volver a contarlo hace que todo el mundo se relaje y que se reincorpore con mayor interés.

8. Descansar

En algunos museos no se puede descansar, sobre todo si se ha contratado una visita guiada o se trata de un taller. Pero, en los que se pueda, resulta recomendable sentarse, descansar un poco, sacarse alguna foto y hablar de otro tema. En definitiva, desconectar.

Si la atención de los visitantes no ha disminuido, este punto no es relevante, pero puede tenerse en cuenta para futuras visitas.

9. Recompensa final

En principio, la experiencia debe de haber ido bien pero, del mismo modo que es importante preparar la visita antes de entrar en el museo, es fundamental dejar un buen sabor de boca. Una de las motivaciones de los pequeños para acudir al museo puede ser el premio final, esto es una baza que deben jugar los padres con cuidado. Si han disfrutado del museo los niños pueden llevarse un recuerdo de él, un juego que utilicen en casa y que aluda a lo vivido en casa. En definitiva, una manera de repasar en familia.

10. Planear futuras aventuras

Los niños pueden adquirir rápidamente información nueva pero el trabajo de los padres es asentarla para que no la olviden. Es importante que los conceptos que se han descubierto vuelvan a salir en casa, que se recuerden algunas historias o incluso que se explique a terceros conceptos nuevos. En todo ellos los niños pueden colaborar y darle un tinte especial.

Por otro lado, si se pretende repetir la experiencia es fundamental ilusionarles con otro museo, otra sala u otra época. En definitiva, descubrir nuevas historias y vivir otra aventura.

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