Las Provincias

Momentos de catarsis

He aguantado al máximo para remitir este artículo al diario, para desesperación de su redacción, a la espera de ver cómo pintaba el desenlace del lío montado en la sede socialista de Ferraz en los últimos días. Al cierre de estas líneas sólo sé que Pedro Sánchez se retira vencido en la batalla, que no derrotado en la guerra. Todo indica que la cosa no ha hecho más que empezar, porque no es de esperar ni que el PSOE haya cosido la herida, ni que Podemos vaya a dejar de abrirla para reclamar ser la única izquierda, ni que el PP deje pasar la oportunidad de apretar las tuercas una vuelta más. De hecho, sigo sin apostar a que no vayamos de nuevo a las urnas en diciembre, desgraciadamente. Pero el motivo de esperar lo más posible era poder trasladar mi reflexión sobre tal evento al ámbito local, el de Orihuela. Salvando diferencias, obviamente.

Y es que hace unos días comentaba en redes sociales con un conocido que, como ya me habrán oído decir, en Orihuela hace tiempo que experimentamos todas esto que ahora están pasando en el ámbito estatal y/o autonómico: terminamos con el bipartidismo de mayorías absolutas PP-PSOE, dimos entrada real en la escena política a sendas opciones (una de centro a la izquierda del PP y otra de más izquierda entre el PSOE y el borde del tablero municipal), probamos con gobiernos de progreso en coalición para romper con una historia de corrupción ligada a perennes gobiernos mayoritarios absolutos populares, sufrimos los personalismos por encima de los proyectos, aparecieron las rupturas internas que han servido de catarsis y depuración, y hasta adelantamos el retorno de la testimonial IU que transbordó oportunamente del minoritario comunismo institucional al mayoritario movimiento indignado comiéndole la tostada a la espontaneidad geométricamente circular.

Por eso me hubiera gustado ver el final definitivo de la crisis del PSOE en España, provocada por los frustrantes resultados de quien quiere ser alternativa y se encuentra con que no convence, e implosiona por ello, para ver si esa situación también la hemos vivido en Orihuela. No negaré por motivos obvios y conocidos que conozco sobradamente y en primera persona lo que es el desmoronamiento de un proyecto político por el choque de egos, la pérdida de objetivos comunes y la incorrecta administración de la responsabilidad que te dan los ciudadanos con sus votos. Pero, evidentemente, la trascendencia de que eso le pase a una formación pequeña y local no tiene nada que ver con que le suceda a un partido, por así decirlo, grande y de los de siempre.

Quizá ése sea el motivo del nerviosismo que en los últimos días se adivina en más de un concejal socialista oriolano, que baten salto de altura al menor comentario, atrapados en la perspectiva de perder relevancia por no saber digerir el populismo que les acosa por su izquierda y la falta de oportunidad por su derecha. Ese problema sí es común al socialismo de Orihuela: la deslocalización ideológica.

Pero no equivoquen el sentido de mi reflexión, porque no pretendo en absoluto rematar a un PSOE que considero, en España, en la Comunidad Valenciana y en Orihuela incluso, necesario para la estabilidad de cualquiera de esos ámbitos de actuación política. Lo que pasa es que el PSOE ha buscado infructuosamente su hueco sin hacer caso a esa máxima inexorable que en política dice que el adversario está enfrente, pero el enemigo suele habitar en casa. Y quien tanto ha buscado la 'casa común de la izquierda' debiera ya saber a estas alturas que es precisamente la nueva izquierda la que, desde posicionamientos nacionalistas o populistas, busca reventar el socialismo constitucionalista surgido de un congreso extraordinario en septiembre de 1979. Reventarlo simplemente para ocupar su sitio. Es así de simple.

Si en ese tránsito hacia una nueva posibilidad de ser alternativa real de gobierno, tanto en España como en Orihuela, el PSOE se empeña en librar batallas personales de guerras que ya ha perdido o en negar consensos posibles en la búsqueda del interés general, se limitará a ver pasar caras y nombres sucesivamente cada cierto tiempo, con el consiguiente sosiego de un PP al que le cuesta poco amortizar sus defectos y alimentando la radicalización de los disconformes a posiciones extremas, incluso fuera o contrarias al sistema.

No sé si ese socialismo coherente y unívoco es necesario o prescindible, la verdad, pero espero, por el futuro de todos, que acierten en sus pasos. En España y en Orihuela. Porque el lío, digan lo que digan, lo tienen dentro. Y no poco.