Las Provincias

Septiembre de 1956

Este mes y el año 1956 supone un antes y un después para la enseñanza masculina en Orihuela, pues en ellos se materializaban la marcha interesada de la Compañía de Jesús a la capital de la provincia, dejando a la ciudad y la Vega Baja huérfana de dicha enseñanza y el arrojo por parte del Obispado, personalizado por el prelado Pablo Barrachina y Estevan, de hacer frente al problema creando el Colegio Diocesano Santo Domingo. A pesar de mis pocos diez años, me tocó vivir esos momentos de incertidumbre, al no saber por aquellas fechas dónde seguiría estudiando, pues pertenecí al último curso de Ingreso de Bachillerato que los Hijos de San Ignacio impartieron en Orihuela, y pasé a ser de «los fundadores» formando parte de los alumnos de 1º de Bachiller bajo la nueva dirección del Colegio. ¡Qué inolvidable primer curso!, del que en alguna ocasión he tratado.

Pero volviendo los ojos atrás, el vetusto y excepcional edificio pasó desde su fundación hasta ese año de 1956 numerosas vicisitudes que son reseñadas por Javier Sánchez Portas, en 'El Patriarca Loazes y el Colegio Santo Domingo de Orihuela'. Así, desde los albores del siglo XIX, vio suprimida la universidad que albergaba, restablecida tras de la Guerra contra el Francés, y definitivamente exterminada en 1824. Se mantuvo unos años como colegio de dominicos hasta la desamortización eclesiástica once años después, pasando al Estado. Y luego estuvo unos años al cuidado del Ayuntamiento, estableciéndose una escuela de Magisterio. Posteriormente el edificio fue cedido a la Diócesis a raíz de la visita que la Reina Isabel II efectuó a Orihuela, en 1862. Cesión que se materializó tres años después, haciéndose cargo del edificio la Compañía de Jesús como Colegio de San Estanislao, en 1867, que tuvo una efímera vida debido a la revolución de 1868, que trajo consigo la expulsión y extrañamiento de los jesuitas, los cuales regresaron el 13 de febrero de 1872, comenzando las clases en septiembre de dicho año. A partir de entonces los Hijos de San Ignacio atendieron la enseñanza masculina en Orihuela, y se incorporaron de lleno en la sociedad y vida ciudadana, hasta que con el advenimiento de la Segunda República y su expulsión, fueron 'invitados' a abandonar el edificio. En esos momentos fue incautado por el Estado y acogió un instituto de Segunda Enseñanza, hasta que la Mitra reclamó la propiedad, siéndole devuelto. Durante la Guerra Civil acogió a una Academia de Carabineros y al finalizar ésta, de nuevo la Compañía de Jesús volvió a hacerse cargo del edificio, hasta 1956, en que se produjo su marcha a Alicante, despreocupándose totalmente de la ciudad que los había atendido durante tantos años, y en la que se habían integrado a través de organizaciones tales como las Hijas de María, 'los Luises' y los 'estanislaos'.

Pero, ¿cómo se gestionaba por los jesuitas la enseñanza en el Colegio Santo Domingo de Orihuela, años antes del abandono de la ciudad? Para ello, situémonos en el curso escolar 1951-1952.

Por parte de la Prefectura de Estudios se remitía una circular en la que se acompañaba un volante a fin de efectuar la reserva de plaza, para aquellos que desearan continuar en el colegio, que debían remitirlo con anterioridad al 30 de julio, debiendo los alumnos externos personarse en secretaría para satisfacer los derechos de matrícula durante el mes de septiembre. Aquellos que tuvieran carnet de familia numerosa tenían que aportar una copia del mismo y los alumnos que, por cualquier razón, no hubieran formalizado la matrícula en dicho mes, si lo hacían en octubre pagaban el doble. Por otro lado, las cantidades mensuales que se abonaban iban desde 70 pesetas los alumnos de preparatoria e ingreso a 100, los de séptimo curso. Por la permanencia se pagaba 35 pesetas, y los mediopensionistas por trimestre abonaban 1.450 pesetas, incluyéndoles desayuno, comida, merienda y permanencia. Mientras que para los internos oscilaba entre 2.150 pesetas hasta segundo curso y 2.450 desde tercer curso, incluyendo la pensión completa, habitación y permanencia. A todo ello había que sumar unos gastos anuales en concepto de entrada, uso de ajuar y mobiliario, gastos de secretaría, informes, juegos, medicinas corriente, etc, que iban desde 160 pesetas para los internos hasta 80 pesetas para los permanentes.

Se les exigía que para el importe de los libros de texto y otros gastos extraordinarios debían hacer un depósito los internos y mediopensionistas de 200 pesetas en un primer plazo y otras 100 pesetas en un segundo y un tercero. Mientras que los permanentes lo abonaban por anticipado.

A la vista de todo ello, cualquier alumno permanente de Orihuela que cursara primero de bachiller tenía que pagar 1.115 pesetas por curso escolar, lo que suponía aproximadamente el sueldo de un mes de un funcionario o trabajador de clase media, que estaba exento fiscalmente en las primeras 12.000 pesetas anuales. Por el contrario, si el alumno era mediopensionista, a la familia le costaba 5.200 pesetas. Para ese alumno, si fuera interno el costo anual ascendía a 7.330 pesetas, teniendo en cuenta que al no poderse encargar el Colegio del lavado de ropa, esto no estaba incluido.

La Compañía de Jesús protegía a su manera al número de hijos, bonificando a aquellas familias que tuvieran cursando a más de uno. Este descuento iba desde el 5% para dos hermanos al 20% para cinco. Las normas eran de tal naturaleza que, cuando una familia retiraba del colegio a un alumno, no tenían derecho a que se les reembolsase la parte de cuota correspondiente al mes en curso. Ahora bien, si el alumno era expulsado sí se tenía derecho a ello.

Así, se gestionaba económicamente el Colegio Santo Domingo de Orihuela regentado por los jesuitas, cuyas normas veremos en otra ocasión.