Las Provincias

Pablo Ferrer, presidente de la asociación Calles con Alma, en su negocio. :: alberto aragón
Pablo Ferrer, presidente de la asociación Calles con Alma, en su negocio. :: alberto aragón

«Un casco histórico sin vecinos es lo peor para el comercio tradicional»

  • Pablo Ferrer

  • presidente de la Asociación de Comerciantes Calles con Alma

  • Reclama que las administraciones den ayudas para revalorizar edificios como fórmula para atraer visitantes a sus calles

Pablo Ferrer es presidente, desde hace un año, de la Asociación de Comerciantes Calles con Alma que agrupa a una treintena de establecimientos de toda clase de la Calle Mayor y adyacentes. Al frente de la conocida Papelería Estruch es la cuarta generación de un negocio familiar que abrió sus puertas en 1892. Ferrer se muestra convencido de que para que resurja el comercio tradicional oriolano es necesario acometer inversiones que frenen el deterioro del casco antiguo y este se vuelva a llenar de residentes.

- ¿Cuál es su diagnóstico del pequeño comercio de la ciudad?

- Ahora mismo hemos mejorado respecto a otros años, entre otras cuestiones porque se organizan más actividades, pero como siempre nuestro campo de batalla es el daño que nos hacen las grandes superficies. Aguantamos como se puede, pero la impresión es que se va saliendo de la crisis y las familias compran más que en años anteriores. Cuando lo hacen en nuestros comercios es entre semana y dejan las grandes superficies para los fines de semana, con lo cual son nuestra competencia hasta cierto punto.

- ¿Cuáles son las claves para sobrevivir por parte del pequeño comerciante?

- Estando al día de lo que nos demandan los clientes y el trato cercano que somos capaces de ofrecer. Este aspecto es fundamental y nuestro punto fuerte. Ofrecer las últimas novedades de las que salen al mercado y saber qué es lo que requieren de nosotros, pero sin lugar a dudas les ofrecemos esa proximidad que solo se puede encontrar por parte de los tenderos de toda la vida.

- ¿Y pueden competir en tiempos donde las ventas en internet van a más o es su aliado?

- Debería ser una herramienta de venta más, pero en la actualidad muchos no tienen web por las inversiones que hay que hacer y tener que emplear muchas horas en actualizar catálogos y todo el proceso para tenerlas actualizadas. Como estamos pendientes de las ventas no le dedicamos mucho tiempo. Un comerciante todo el día al pie del mostrador no puede estar pendiente de este tipo de ventas, porque somos conscientes de que lo que nos da de comer es la tienda física y es donde centramos nuestros esfuerzos.

- ¿Los caballos de batalla de los comerciantes tradicionales son la liberalización de horarios y la competencia de las grandes superficies?

- Sin duda alguna, pero el pequeño comercio de Orihuela tiene el gran problema del aparcamiento o la ORA. Los centros comerciales lo ofrecen, y mucha gente de pedanías se queja de que vienen y no tienen donde dejar el coche. La peatonalización por otro lado beneficia y perjudica en nuestro caso. En fechas de fiestas se nota que la gente viene más, pero en el día a día es necesario que haya sitios para aparcar porque la gente está acostumbrada a coger el coche. No soy partidario de que la peatonalización de calles sea permanente sino temporal. En fechas señaladas como Semana Santa o Navidades se puede hacer porque la gente sale más a la calle y eso nos beneficia. También cabe hablar de los horarios, porque al pequeño comerciante no le sale rentable tener abierto a mediodía con plantillas cortas. En eso no se puede competir, pero tenemos otras ventajas frente a ellos.

-¿ A juicio de los comerciantes qué necesita un casco histórico como el de Orihuela?

- Con tantos monumentos se necesita más turismo, porque no están bien explotados. No se promocionan bien. Por ejemplo Cuenca tiene menos cosas que ver que nosotros y un casco histórico mucho más pequeño y está plagada de turistas. Otra cuestión es la restauración de edificios. Aquí no se deja construir, pero los edificios se hacen cada vez más viejos y parece que con ponerles una malla es suficiente y eso repele a los visitantes. Si se quiere poner en valor como patrimonio cultural no puede estar así, y a ello hay que sumarle que no hay población, porque al final esto repercute en el comercio de toda la vida. Un casco histórico sin vecinos es uno de los peores males del comercio tradicional.

- O sea, que las administraciones echen una mano.

- Claro, en forma de ayudas para rehabilitaciones y se les faciliten los instrumentos para restaurar los edificios a su propietarios y que haya un fomento de la política de alquileres de las construcciones que están por la zona para que haya nuevos residentes, porque como ya he dicho es necesario que haya vecinos, que son los que verdaderamente compran.

- ¿Pero turistas llegan a la ciudad y entran en sus negocios?

- Vienen muy poco para todo lo que tenemos, entre otras cosas porque no hay una oferta complementaria de ocio que haga que se queden y consuman aquí, tanto en las tiendas como en los negocios de hostelería. Vienen, se dan una vuelta por los monumentos y se van, con lo cual no hacen gasto en la ciudad y es una pena. Son los que se acercan por su propios medios de la zona de la costa y se vuelven con lo cual no se nota que gasten. Ese es el reto, que haya ocio a mediodía para que se queden más allá de las tres de la tarde. Habrá que buscar iniciativas para cambiar esta tendencia.

- ¿Tras las vacaciones a los vecinos les queda dinero para gastar?

- En cuanto empiezan los colegios la afluencia a las tiendas se nota más, sin lugar a dudas, porque hay que comenzar con todos los gastos que conlleva de ropa, libros y materiales. Hoy en día la gente guarda dinero porque no otro remedio. La verdadera cuesta de enero es la de septiembre.

- ¿Con descuentos durante todo el año la competitividad del pequeño comercio ha subido?

- Sí, porque tenemos las mismas ofertas que en cualquier centro comercial. Es una competencia igualitaria una vez que se abrió la veda, y en eso no hay diferencia.

- ¿Dos asociaciones en Orihuela no son muchas?

- Sí y no. Acmo tira más hacia las calles que quedan al otro lado del río y que haya más actividades en la zona nueva de la ciudad, lo que es lógico. Nosotros lo tenemos más fácil para hacer campañas porque somos dos calles como quien dice, y colaboramos en algunas actividades, pero desde la nuestra entendemos que debería haber representantes de una en la otra y coordinar más las acciones que hacemos. A nosotros nos interesa el movimiento en esta zona pero de momento las relaciones son buenas y no hay problema porque coexistan dos asociaciones.

- ¿La gente sigue teniendo la sensación de que el pequeño comercio es más caro que las grandes superficies?

- Sí, esa sensación sigue estando y muchos se van a las zonas comerciales de Murcia por ejemplo, pero intentamos competir aunque hay que recordar que irse fuera a comprar no lo es, porque hay que sumar el gasto en el desplazamiento y encontrar el producto que buscas o cuando llega la hora de tener que hacer devoluciones vuelta a salir de la ciudad. Al final el gasto es mayor y no se tiene en cuenta. Aquí damos el servicio cercano y esa proximidad de que en cinco minutos pueden entrar en una tienda y se le atiende, sin colas y sin necesidad de que tengan que usar coche. Y si no hay lo que buscan al día siguiente lo tienen porque se les pide. El reto es convencerles de que aquí se pueden encontrar las mismas cosas y evitar que se compre fuera de la ciudad, porque en muchas ocasiones no caen en que las tiendas de aquí también les ofrecen lo que demandan.