09.10.07 -
![]() Tarta de calabazate con helado de maracuyá.
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H ace unos 15 años, Francisco Lilla inauguró en L´Olleria, pueblo del interior de la provincia de Valencia, un hotel. El ambiente casero hizo que lo dotara de un pequeño restaurante para los clientes que allí se hospedaban. La cocina que ofrecía era de marcada línea familiar y casera.
Su buena marcha le hizo replantearse comedor y cocina. El carácter industrial de L´Ollería requería un restaurante de empaque y nivel. Con la inestimable ayuda de su hija Maite trasladó el comedor a la planta baja, abriendo el actual restaurante. La encargada de la sala sigue siendo Maite, quien ha diseñado un amplio y luminoso comedor con una distancia apreciable entre mesas. En el servicio cuenta con la inestimable ayuda de su cuñada, María Jesús, y de Teresa, su madre. El responsable de cocina es Francisco López, quien ofició con anterioridad en el Riberet, restaurante de Bocairent.
Las propuestas del San Miguel, se basan en tres conceptos bien definidos: desarrolla una correcta cocina casera y tradicional, son generosos en las raciones, y practican una política de contención en los precios.
Hay una amplia oferta en las entradas: crujientes de embutidos; brandada de bacalao, envuelta en pasta filo; carpaccio de ternera con aceite de nuez y parmesano; albóndigas de espinacas y queso; bolets – setas–; ensalada de perdiz; o taco de sepia a la plancha. No falta el jamón ibérico de calidad, ni las anchoas del Cantábrico. Como tampoco falta la pericana, típico plato de la zona que recuerda al esgarret y que se elabora con pimientos secos, bacalao, ajos y aceite. Jugoso y delicioso plato.
La carta mantiene un buen surtido de arroces melosos –bogavante y de rape–. También ofrece arroz negro, y de verduras y marisco. Los jueves no falta en la carta el arroz al horno.
En cuento a carnes y pescados, las elaboraciones continúan siendo naturales. Ello no evita que Francisco desarrolle propuestas personales como el carré lechal relleno de verduras al aroma de romero, las manitas de cerdo con verduras, los atadillos de rodaballo y jamón con aliño de cítricos, o las milhojas de dorada con tomate seco. La honestidad en las construcciones es una norma que se mantiene.
Los dulces siguen siendo, como no, caseros. Destacan el flan de café, la tarta de trufas, el tiramisú o una golosa tarta de calabazate, que para rebajar un poco el dulzor, se acompaña de helado de maracuya.
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