09.10.07 -
Hoy, con un siglo de historia a sus espaldas, casi todo sigue igual. La luz, el azul del mar, y las puestas de sol, sólo han cambiado los antiguos merenderos que con el paso del tiempo se han ido reconvirtiendo en los actuales restaurantes, que aún así guardan en su memoria todos los recuerdos que han presenciado a lo largo de su existencia. Uno de aquellos antiguos locales es el restaurante Sal Marina, situado en pleno centro de la playa de La Malvarrosa.
Cuando entras en el restaurante, camino hacía el comedor, cruzas la cocina. Todo muy a la vista, como queriendo enseñar a la clientela la calidad de los productos que a diario se sirven en esta casa. La carta se nutre de los clásicos platos del entorno del lugar. No faltan las clóchinas al vapor, las tellinas y las navajas a la plancha, las puntillitas rebozadas, los calamares, el esgarraet con mojama, los chipirones con habitas y las cigalitas con ajos tiernos, pasas y piñones.
Junto al tradicionalismo de estos platos, hay interesantes opciones que resaltan por la honestidad de sus elaboraciones y los excelentes sabores logrados: tortilla de bacalao fresco y perejil; croquetas de bogavante; pimientos de Padrón, almejas a la marinera o chipirones en su tinta.
En la terraza del restaurante, delante el paseo y la playa, con los veleros de la Copa América a lo lejos -que estos días se entrenan para los próximos actos- lo mejor es decantarse por un buen arroz. El de bogavante es el elegido para mi cata. De grano suelto y de un sabor muy bien conjuntado se nos presenta este arroz, que denota que el caldo base se ha hecho a conciencia y que trasmitirá los sinceros gustos de caldo de marisco.
Además de éste, encontramos la paella de conejo y pollo; el arroz a banda; de langosta; negro; y de senyoret . Por último, el postre deja paso a la línea casera por la que apuesta el local: leche frita; tocino de cielo; tiramisú o el flan casero, son algunas de las recomendaciones.
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