09.10.07 -
![]() Francisco Suárez, en la entrada del restaurante.
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Hace algunos años, un par de amigos me comentaron que habían cerrado sus respectivas casas y se habían ido a pasar la semana de fallas al antiguo Hotel Oltra. Me llamó la atención, pero a posteriori me reconocían que habían sido las fallas que más intensamente habían vivido.
La ubicación del hotel, en el centro de la plaza del Ayuntamiento y en pleno corazón de la ciudad, les había facilitado presenciar en posición privilegiada cualquiera de los actos que se celebran esa semana en Valencia: mascletà, ofrenda, nit del foc o cremà. No sólo su situación fue aventajada ante los actos que acomete la semana fallera, la situación del hotel les permitió moverse con total impunidad y tranquilidad sin necesidad de coger el coche y llegar a cualquier lugar en el tiempo previsto.
Al antiguo Oltra, le sucedió un remodelado y rejuvenecido Hotel Plaza. Un hotel moderno y actualizado, y que, sin embargo, conserva su arquitectónica e histórica fachada. El actual Plaza es un hotel actual, que acoge todas las comodidades de los establecimientos de su categoría: es un cuatro estrellas. Ofrece distintos tipos de salones, con diversos aforos para celebrar reuniones de trabajo. Posee también gimnasio, sauna y terraza con jacuzzi. En definitiva, ofrece un amplio abanico de comodidades para disfrutar de la estancia, además, en pleno centro de la ciudad.
A los nuevos propietarios, sobre todo a su director Antonio Rodríguez, no les ha pasado desapercibida las inquietudes de algunos hoteles de ofrecer también un buen servicio de restauración. Bien por asesoramiento, bien llevando las cocinas del hotel, renombrados cocineros han encontrado acomodo en ellas, desarrollando una interesante expansión de sus propuestas.
Cocina con honradez
En el restaurante Plaza no se ha buscado un cocinero mediático ni de renombre, conscientes que la capacidad de su restaurante –sobre unas 40 personas– necesitaba un equipo joven y entusiasta, con hechuras prometedoras y que ofrecieran una cocina sólida, tanto por su formación, cómo en el desarrollo de sus construcciones.
Ofrecen un servicio de sala soberbio, el responsable es Francisco Suárez. Un maitre de contrastada y reconocida formación, que atiende con una suficiencia muy medida, marcando un conseguido equilibrio entre la experiencia que posee y la ilusión que a diario ofrece en sala.
Todos los días Ana Montaño, Javier y Lucía –equipo de cocina– ofrecen una carta con pretensiones, basada en la honradez de una cocina de mercado y en la naturalidad de sus elaboraciones. La calidad de los productos es notable, comenzado por los deliciosos aromas del jamón ibérico de bellota, cortado con temple a cuchillo por el maitre. Acertadas las verduras asadas a la parrilla, que se enriquecen por una gustosa salsa romescu. Tienen que redondear la crema de patata ahumada con aceite de trufa, el falta un poco de potencia. La oferta de arroces es bastante lograda, hay buenos fondos en los caldos base que transmiten buenos sabores al arroz. También hay generosidad en las raciones, en los productos y materias primas que acompañan al arroz, cuestión que sin duda se debe resaltar. Variedad: arroz caldoso de bogavante con gambas; caldoso de rape, verduras y setas. Arroz señoret y fideuà.
El apartado de pescados y carnes, resalta por la frescura. Los acompañamientos son sencillos, algo que se agradece. Debe sobresalir la calidad del producto. En un expositor se ofrecen sugerencias del día, en las que se puede encontrar: gambas, cigalas, rodaballo o navajas de ría.
A diario se ofrece un menú del día y todos los días la carta se enriquece con algunas propuestas de cuchara. Posee una terraza ideal para comer o cenar al aire libre y la entrada al restaurante es independiente, lo que facilita sin duda el acceso.
La bodega es muy concreta. Hay una correcta variedad de vinos de todas las Denominaciones de Origen, que por supuesto incluye una amplia y acertada representación de vinos de la Comunitat Valenciana.
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