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Continuamos con nuestra peregrinación a Tierra Santa, cuya primera entrega publicamos a finales de febrero. En esa ocasión abandonábamos Yardenit, donde se renuevan testimonialmente el bautismo, y ahora continuamos nuestro camino en dirección al Mar Muerto, a través del valle del Jordán, sin perder de vista las aguas del río, auténtica fuente de vida para Israel y JordaniaMar Muerto. / OFICINA DE TURISMO DE ISRAEL
25.11.09 -
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Peregrinación a Tierra Santa
Familia de judíos Hassidim en el Muro de las Lamentaciones. / OFICINA DE TURISMO DE ISRAEL.
Continuamos con nuestra peregrinación a Tierra Santa, cuya primera entrega publicamos a finales de febrero. En esa ocasión abandonábamos Yardenit, donde se renuevan testimonialmente el bautismo, y ahora continuamos nuestro camino en dirección al Mar Muerto, a través del valle del Jordán, sin perder de vista las aguas del río, auténtica fuente de vida para Israel y Jordania.
West Bank
Pronto nos adentramos en el West Bank, territorio controlado por la Autoridad Nacional Palestina y embrión de un futuro e hipotético estado Palestina. Estamos ya en una zona "caliente", donde comienzan a aparecer los controles militares de carreteras y las disputadas líneas fronterizas crean una gran confusión al turista: al otro lado del río, Jordania y, a la derecha de la carretera, Cisjordania. Según nos comentan, se antoja muy complicado concebir un futuro estado palestino sin una clara continuidad geográfica, salpicado además por múltiples asentamientos de colonos judíos, que parece se van construyendo para ganar posiciones en futuras negociaciones. Estamos cruzando ya una zona semidesértica, salpicada de pequeños pueblos agrícolas y ganaderos, que denotan suciedad y pobreza. Al cabo de un rato, se divisa en el horizonte un oasis en medio de tanta tierra reseca: nos estamos acercando a Jericó, considerada por algunos como la ciudad habitada más antigua del mundo. En Jericó, Jesús devolvió la vista a un ciego, y fue tentado por satanás después de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno. Allí, en lo alto de la montaña, se alza el Monasterio griego-ortodoxo de las Tentaciones, al que se accede a través de un telesférico.
Mar muerto
Tras nuestra breve estancia en Jericó, reemprendemos la marcha rumbo al anhelado Mar Muerto. Divisando ya de cerca el Mar Muerto, hacemos una parada en Qumrán, un interesante enclave donde habitó, entre los siglos II y I antes de Cristo, una comunidad de la secta judía de los esenios, que practicaban el ascetismo y exigían una vida entera de estudio de las escrituras. Cerca de las ruinas, en las montañas, se encontraron en 1947 unas cuevas, que guardaban en su interior casi 800 escritos de origen judío, escritos en hebreo y arameo por los esenios. El hallazgo de estos vestigios, que se conservan en el Santuario del Libro de Jerusalén, resultó de vital importancia, ya que constituyen los textos más antiguos de que se dispone en lengua hebrea del Antiguo Testamento.
Llegamos por fin al famoso Mar Muerto, el lugar más bajo de la tierra, situado a menos de 400 metros bajo el nivel del mar. Se trata en realidad de un lago interior, donde el Jordán entrega sus aguas, que kilómetros arriba, en el lago de Tiberíades, eran dulces y que en su punto de destino presentan un índice de salinidad diez veces superior al de los océanos, lo que imposibilita la vida de cualquier tipo de organismo, pero a cambio aporta importantes cualidades terapéuticas. Resulta todo una experiencia podernos bañar en cualquier época del año, flotando como si fuéramos un corcho, o darnos un baño de barro. La alta concentración de minerales tonifica de manera notable la piel, que queda tersa y suave, aunque debemos procurar que no nos entre agua en los ojos, lo que provocaría en nosotros un recuerdo imborrable. Podemos adquirir productos cosméticos extraidos del Mar Muerto en muchas tiendas, aunque una buena opción es la de adquirirlos en el "duty free" del aeropuerto, por las ventajas fiscales que conlleva. Un lugar que no incluía, por falta de tiempo, el programa diseñado por la empresa valenciana EngrupoViajes, pero que tiene también indudable interés turístico, es Masada, situada más al sur del Mar Muerto, y que tiene una especial significación para el pueblo judío. En una meseta situada 450 metros por encima del Mar Muerto, rodeados de murallas, se localizan los restos de una serie de antiguas construcciones, entre las que destacan el palacio de Herodes, que fueron escenario de épicas batallas y asedios.
Retomamos nuestro viaje con destino a Jerusalén, con una última parada en el desierto de Judea, para contemplar la aridez y soledad de un terreno donde todavía habitan los nómadas, que viven de la ganadería y de las limosnas de los turistas. La ciudad santa de Jerusalén nos hechiza en cualquier época del año. La cantidad de monumentos y lugares de interés es tal que nuestra estancia de cuatro días se hizo corta, aunque provechosa. Aunque la ciudad de Jerusalén ha crecido notablemente, las barreras geográficas están motivando la construcción de nuevas ciudades en la periferia, que coronan las cimas de montañas y que van rodeando la urbe, para así dar cobijo a un número cada vez mayor de vecinos. Estas nuevas edificaciones son otro de los grandes escollos para la consecución de una paz duradera, ya que los musulmanes reivindican el territorio como propio, al igual que la parte Este u Oriental de Jerusalén, administrada por el Estado de Israel desde la Guerra de los Seis Días y que se reivindica también como capital de Palestina. No debemos olvidar que las embajadas de los distintos países se hallan en la moderna ciudad de Tel-Aviv. Buena parte del encanto de Jerusalén se encuentra en el núcleo antiguo, delimitado por un espectacular y bien conservado conjunto de murallas, fiel reflejo del devenir de la ciudad, que ha visto cómo se destruían y reconstruían buena parte de sus lugares por los distintos pueblos que la han conquistado y dominado. La muralla cuenta con ocho puertas, una de ellas, la Dorada, cegada por los musulmanes para impedir la entrada del Mesías de los judíos.
Patrimonio de la Humanidad
La importancia de Jerusalén, cuya parte antigua está declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, no podría entenderse sin conocer la significación que tiene para las tres grandes religiones monoteístas: en esta ciudad murió en la cruz Jesús, los judíos veneran los restos del segundo templo, y en la roca conservada bajo la cúpula de la Mezquita de Omar, Mahoma ascendió a los cielos para reunirse con Alá. A pesar de las noticias que de vez en cuando llenan los telediarios de todo el mundo, Jerusalén puede ser considerada como una ciudad segura, aunque sea a costa de una notable y visible presencia de policías y soldados, que acaban formando parte del paisaje cotidiano.
Si tenemos la ocasión, merece la pena visitar el Muro Occidental -conocido también como del Llanto o de las Lamentaciones- en el "shabat", el séptimo día de la semana judía que, según las prescripciones de la Torá, debe ser celebrado mediante la abstención de cualquier clase de trabajo. El "shabat" comienza el viernes con la puesta del sol y termina después del anochecer el sábado, y en ese período, el trasiego de judíos, principalmente de ultraortodoxos que van y vienen a rezar al Muro Occidental, es mayor que cualquier otro día. El turista percibe enseguida la llegada del "shabat" -concebido como un día de descanso y de enriquecimiento espiritual-, ya que, por ejemplo, no se sirve leche caliente o café en los hoteles, al no estar permitido accionar mecanismos eléctricos, lo que motiva también la existencia de ascensores que paran en todas las distintas plantas del edificio, para evitar tener que accionar botón alguno. La muchedumbre que va y viene al Muro es constante, y constituye un espectáculo del que podemos disfrutar sin problema, observando siempre las más elementales normas de respeto, como es el de cubrirse la cabeza con una "kipá" -pequeña gorra ritual- o con cualquier otro tipo de prenda, que simboliza que Dios está por encima de los hombres, por lo que la cabeza no debe quedar descubierta ante él. Ante el Muro Occidental, los hombres y las mujeres, separados por una valla, rezan y lloran por la destrucción de su templo, ordenada por el general romano Tito en el año 70 después de Cristo, y por la dispersión del pueblo judío.
En realidad, el lugar más sagrado para los judíos es un fragmento del muro de contención de la explanada donde se hallaba el Templo, donde ahora no suben, al existir el peligro de pisar alguno de los lugares más sagrados a los que solamente podía acceder el sumo sacerdote. En el lado izquierdo de Muro se abre un complejo abovedado conocido como Arco de Wilson, donde los fieles estudian incesantemente la Torá. Tuvimos también la ocasión de contemplar la "Bar Mitzvah", un rito judío por el que se celebra que los chicos y chicas se convierten en responsablen de sus actos, según la ley judía. En la Explanada de las Mezquitas, en el monte donde se alzaba el antiguo templo de los judíos, se halla la imponente Cúpula de la Roca -conocida también como Mezquita de Omar-, tercer lugar más sagrado para los musulmanes, ya que en su interior se haya la roca desde la cual Mahoma ascendió a los cielos para reunirse con Alá. La Explanada tiene una profunda carga sentimental para musulmanes y judíos, y fue escenario de la segunda Intimada, en el año 2000, que motivó la tensa situación actual
Jerusalén es una ciudad viva, en constante ebullición, donde se mezclan con totalidad normalidad gentes de diferentes creencias y de las más diversas procedencias y en la que se suceden iglesias católicas, ortodoxas y de otras confesiones cristianas mezcladas entre mezquitas y sinagogas. El inconfundible olor a especias nos indicará que probablemente hemos pasado del barrio judío, cristiano o armenio al barrio árabe, el más grande de los cuatro. Aunque el Santo Sepulcro es el lugar de peregrinación básico para los cristianos, ya que allí murió Jesús, crucificado, existen otros muchos lugares sagrados de culto, en los que acontecieron distintos pasajes al final de la vida de Jesús.
Resulta muy emotivo, por ejemplo, la visita del Huerto de los Olivos o Jardín de Getsemaní, en el que subsisten algunos de los olivos milenarios que posiblemente fueron testigos de la última noche de Jesús antes de su arresto. Junto al huerto se ha edificado la iglesia de Todas las Naciones, de bella factura. Otros lugares que puede visitarse son la Iglesia de San Pedro Gallicantu -conmemora el episodio en el que pedro negó tres veces al Señor antes de cantar el gallo-, la Piscina Probática- en la que el evangelista Juan relata la curación de un paralítico, y junto a la que se levanta la iglesia de Santa Ana, en el lugar donde cuenta la tradición que estaba la casa de los padres de María- o la Iglesia del Dominus Flevit, situada en el Monte de los Olivos, con fantásticas vistas sobre la ciudad y que conmemora las lágrimas que vertió Jesús sobre Jerusalén antes de su entrada en la misma. Resulta emotivo seguir la Vía Dolorosa, que indica el camino que aproximadamente realizó Jesús bajo el peso de la cruz, parando en las distintas estaciones, que representan los distintos momentos de la Pasión de Cristo. Y llegamos al Santo Sepulcro, al lugar donde se produjo la crucifixión, enterramiento y resurrección de Cristo, el lugar más santo para los cristianos. El interior de la Basílica del Santo Sepulcro, de fachada románica, llamará de inmediato nuestra atención por el aspecto descuidado y por la mezcla de estilos, fruto de la situación de "status quo" a la que llegaron las seis comunidades cristianas que custodian el templo y que impide que nadie pueda hacer nada sin el común acuerdo del resto de confesiones: la católica, la ortodoxa griega, la armenia, la copta, la siria y la abisinia.
Aunque queda mucho por ver y hacer en Jerusalén, daremos tan sólo dos pinceladas más. Por una parte, resulta curioso dar un paseo por "Mea Shearim", el barrio donde viven buena parte de los judíos ultraortodoxos de Jerusalén, por cuyas calles deambulan, siempre apresurados, yendo o viniendo del Muro de las Lamentaciones. Nos parecerá una película, pero es real el aspecto de sus vecinos y de las calles y casas, que parecen anclados en el tiempo. También recomendamos una visita a la vecina Belén, donde se halla la Basílica de la Natividad, en cuya gruta del mismo nombre se venera el lugar donde cuenta la tradición que nació Jesús. Junto a la Basílica se halla la iglesia de la Natividad, donde se celebra la misa de Nochebuena, retransmitida por las televisiones de todo el mundo. Tuvimos la suerte de celebrar una emotiva misa con la comunidad árabe católica de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la localidad de Beit Sahour, y comprobamos las penurias que ha supuesto la construcción del que muchos llaman nuevo muro de la vergüenza, que divide el territorio israelí de Palestina, ya que todos los días han de superar los controles del ejército y las colas para acudir a su lugar de trabajo en suelo israelí. La bella y milenaria Jerusalén constituye un inmejorable ejemplo de que cómo las distintas religiones tienen que servir para buscar la paz y no para generar tensión y confrontación...
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