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Vamos a proponer un interesante viaje que hemos tenido la oportunidad de disfrutar, y que tiene por destino un joven país lleno de contrastes y que es cuna de las principales religiones monoteístas: la cristiana, la judía y la del islamSinagoga de Cafarnaum. /Jordi Calabuig
25.11.09 -
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Hablamos de Israel, que se constituyó en estado en 1948 y que, con una superficie menor que la de la comunidad autónoma de Galicia, reúne a un total de seis millones y medio de habitantes. El territorio sobre el que se asienta el actual estado de Israel ha sido codiciado desde antiguo, y por él han pasado prácticamente todas las civilizaciones de la historia, que tras conquistar su objetivo, han destruido hasta la última piedra para, a continuación, volver alzar nuevas murallas, edificios y templos. El mejor ejemplo lo tenemos en Jerusalén, que se dice ha sido destruida en más de veinte ocasiones. No es objeto de este reportaje realizar un repaso de la historia y la problemática de Israel, aunque sí debemos hacer este breve apunte para entender el actual estado de cosas, en el que han influido desde tiempos remotos una serie de factores de tipo histórico, religioso y geoestratégico que confluyen en esta relativamente pequeña porción de la tierra.
El desplazamiento a Israel que desde aquí sugerimos va especialmente dirigido a aquéllos cristianos católicos que quieran conocer la Tierra Santa, es decir, los lugares donde nació y donde se desarrolló la vida de Jesucristo, desde su nacimiento hasta su crucifixión en la cruz, en la actual Jerusalem. Y, si bien es cierto que Israel tiene atractivos naturales y monumentales que pueden justificar un simple viaje de placer, no es menos cierto que esta experiencia no se vive con la misma intensidad como cuando se hace desde una perspectiva cristiana. Los restos de edificaciones, iglesias o ciudades que podamos encontrar en Tierra Santa son algo más que simples piedras. Aquí, la arqueología es historia, y la historia nos habla de religión, de hechos reales, muchos de ellos acreditados por los mismos historiadores, y otros comprensibles solamente desde la fe, no en base a sólidas pruebas científicas.
El programa que realizamos es muy similar al que van a seguir, entre el 24 y 31 de marzo próximos, varios centenares de valencianos, deseosos de conocer los mismos lugares de los que nos hablan las sagradas escrituras. Y la empresa organizadora es también la misma, Engrupo Viajes, una agencia de viajes con sede en Valencia que, como su nombre indica, se ha especializado en viajes de contenido religioso dirigidos a grupos. A diferencia de otras agencias, Engrupo controla al milímetro todas las actividades, desde la salida hasta el regreso a España, facilitándonos un guía católico que nos explica todas las visitas desde una perspectiva cristiana, así como la celebración de una misa diaria en algunos de los lugares que se visitan. Resulta muy cómodo y didáctico realizar esta peregrinación en grupo, guiados por expertos y con un programa que incluye la pensión completa. En esta ocasión, se han fletado varios vuelos charter Valencia-Tel Aviv, lo que supone una gran comodidad para el viajero. En nuestro caso, tuvimos la suerte de contar con un guía de excepción, Alberto Ortego, sacerdote de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara que disfruta como pocos con su estancia en Tierra Santa, en donde ha pasado largas temporadas estudiando las sagradas escrituras. Y tuvimos también la dicha los integrantes de la peregrinación, formada por distintos sacerdotes y por dos seglares -el que abajo firma y el director de Engrupo Viajes, José Luis Lacasa-, de celebrar una misa con los árabes católicos de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la localidad de Beit Sahour, junto a Belén. Comprobamos en ese momento con qué fe vive la comunidad católica, y más teniendo en cuenta las penurias que les ha supuesto la construcción del nuevo muro de la vergüenza que divide el territorio israelí de los enclaves controlados por la Autoridad Nacional Palestina, ya que todos los días han de superar los controles del ejército para acudir a su lugar de trabajo
Antes de iniciar nuestra peregrinación a Tierra Santa, advertir que debemos tener paciencia con el exhaustivo control de pasajeros que se realiza en el mismo aeropuerto de origen y destino. Es necesario presentarse en el mismo con tres horas de antelación, a fin de que uno o varios de los jóvenes y amables integrantes del personal de seguridad nos formulen una serie de preguntas. Pero, a cambio de tener que soportar este pesado trámite, debemos también saber que viajamos a uno de los países más seguros del mundo. Tras llegar al aeropuerto de Tel-Aviv, nos desplazamos a la localidad de Tiberíades, que recibe su nombre del lago en cuyas orillas se asienta, también conocido con los nombres de Kinnereth o Genesaret, y que cuenta con la singularidad de estar a 210 metros bajo el nivel del mar. En esta zona norte del país, la convivencia entre sus habitantes es totalmente pacífica, lo que se nota en la el ambiente de las calles. El mar de Galilea del que nos hablaban los textos bíblicos es en realidad la mayor concentración de agua dulce de todo Israel, que recibe sus aportes básicamente del río Jordán y que constituye una auténtica fuente de vida, ya que abastece a buena parte del país, gracias a una potente complejo de motores y canalizaciones. La localidad de Tiberíades no posee un interés mayor que el de un clásico núcleo turístico de costa, aunque sí lo tiene los enclaves situados en torno al lago -12 kilómetros de ancho x 21 de largo y 45 metros de profundidad-, situados a muy pocos kilómetros por carretera, y en torno a los cuales transcurren aproximadamente una tercera parte de los pasajes del Evangelio. Afortunadamente, el paisaje de esta zona se ha preservado en bastante buen estado. Con base en Tiberíades, visitamos el Monte de las Bienaventuranzas, donde predicara Jesús uno de sus más conocidos sermones, en de la Montaña (Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos…), y en donde se ha construido un santuario con estupendas vistas sobre todo el lago. En esta zona de fértiles terrenos cultivados se hallan otros enclaves en los que Jesús llevó a cabo buena parte de su actividad pública. Muy próxima, a orillas del mismo lago, se erige la pequeña iglesia de la Primacía de Pedro, en cuyo interior se encuentra una piedra, conocida como “Mensa Christi”, sobre la que Pedro recibió de Jesús el encargo de guiar a la futura iglesia. Cercana también se halla la iglesia de Tabgha, levantada en el lugar donde Jesús llevara a cabo uno de sus milagros más famosos: la multiplicación de los panes y los peces, una escena que se representa en un antiguo mosaico, que ha sido reproducido en gran número de artículos de recuerdo.
Siguiendo la carretera que circunda el lago llegamos a Cafarnaún, un enclave de especial significación religiosa. Los franciscanos adquirieron una serie de terrenos en el año 1894, y años más tarde comenzaron a excavar en ellos. Sabían que los textos bíblicos indicaban que aproximadamente en ese lugar pasó Jesús buena parte de su vida pública, aunque la sorpresa vino con lo que se fue descubriendo con el paso del tiempo. Allí se encontraron restos arqueológicos de gran relevancia: los vestigios de una ciudad, fundada a comienzos de la dinastía asmonea y, en ella, la casa de Simón Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, la autenticidad de la cual nadie discute. Sobre la casa, en la que vivió Jesús, se construyó una iglesia de estructura octogonal, y sobre los restos de la misma se ha levantado un moderno santuario con forma de nave espacial, cuyo suelo de cristal permite la contemplación de las ruinas. Se puede visitar asimismo una antigua sinagoga del siglo IV. Y qué mejor que un paseo en barco por el lago Tiberíades, desde donde contemplar en la lejanía los enclaves anteriormente visitados. A la hora de comer no faltará el típico “pescado de San Pedro”, capturado en el mismo lago, ni el “humus”, un sabroso paté de garbanzos muy presente en la gastronomía del país.
Hay que tener en cuenta que, a pesar de que sobre el papel, las distancias no son largas, el territorio de Israel está salpicado de bastantes accidentes geográficos, lo que unido a que las comunicaciones por carretera distan bastante del nivel de países como España, obliga a tomárselo con calma cuando nos desplacemos de un lugar a otro. Tomando de nuevo como base Tiberíades, conocimos también dos ciudades, situadas a escasa distancia, y que tienen una importantísima significación en la vida de Jesús: Caná y Nazaret. En Caná de Galilea, hoy una villa de unos 8.000 habitantes bastante destartalada, tuvo lugar el primer milagro de Jesús, antes del comienzo de su vida pública. El lugar no se ha podido precisar con exactitud, aunque una iglesia de los Franciscanos se alza donde posiblemente tuviera lugar tan bello pasaje. Se exhibe en su interior una antigua tinaja, similar a las que contenían el agua que Jesús transformó en vino en las célebres bodas de Caná. A unos siete kilómetros de Caná se encuentra Nazaret, ciudad mucho más importante en la actualidad, que cuenta con unos 60.000 habitantes, musulmanes en su mayoría, aunque con una importante presencia de cristianos, que conviven sin mayores problemas. La ciudad de Nazaret es clave en la vida de Jesús, pues allí pasó sus primeros treinta años de vida oculta, no pública. La ciudad es bastante caótica, como buena parte de las ciudades de población mayoritariamente musulmana, aunque tiene su encanto. La antigua población, mucho más pequeña, ocupaba una pequeña colina, hoy propiedad de los padres Franciscanos. Allí se encontraba la casa de María, donde nos dicen las escrituras que la Virgen María recibió el saludo del ángel Gabriel y el anuncio de la Encarnación del Verbo. La casa, que se convertiría en el primer santuario cristiano de la ciudad, desapareció, y se tomó como lugar de veneración la gruta sobre la que se asentaba la misma, conocida como de la Anunciación. Como ha sucedido en tantos lugares santos, se construyó una iglesia, que fue sustituida por sucesivos templos que se destruían y volvían a alzar. La actual basílica, la más grande de religión cristiana de todo Oriente Medio, fue construida entre 1960 y 1969, y en realidad contiene dos iglesias superpuestas, que se contraponen en su concepción. En el nivel inferior, donde se halla la gruta, la decoración sobria invita al recogimiento, recibiendo la luz natural de la iglesia superior y de la gran cúpula que cierra el edificio. Y en el nivel superior, un templo decorado con rica iconografía y presidido por un imponente retablo, con imágenes dedicadas a la Virgen donadas por distintos países de los cinco continentes. A pocos metros se halla la iglesia de San José o de la Sagrada Familia, sobre los restos de otras más antiguas, en el hogar familiar donde pasara Jesús buena parte de su vida.
Otras visitas a destacar en la zona norte del país nos llevaron a Haifa y al Monte Tabor. Haifa, que cuenta con un importante puerto comercial, es la ciudad más industrial de Israel y la tercera por población de Israel, aunque desde luego no la más turística. Un refrán dice que Tel Aviv se divierte, Jerusalén reza y Haifa trabaja. Allí, en la parte más alta de Haifa se encuentra el Monte Carmelo, en el que en el que se alza el santuario de Stela Maris, que no deslumbra por su arquitectura, aunque sí por ser lugar de devoción de la Virgen del Carmen y donde nació la orden de los Carmelitanos. Un mirador situado a escasos metros nos permite disfrutar de una excelente panorámica de la ciudad, asentada a orillas del Mediterráneo. Interesante es el desplazamiento al Monte Tabor, cubierto de vegetación y desde el que se contemplan magníficas vistas, ya que ningún obstáculo nos impide divisar el amplísimo horizonte. La ascensión se realiza en pocos minutos a bordo de taxis conducidos por unos simpáticos y a veces alocados conductores. Allí se encuentra la iglesia la Transfiguración, de los padres Franciscanos, construida en el lugar donde, según la tradición, se transfiguró el señor en presencia de Pedro y Santiago. Abandonamos nuestra estancia en Tiberíades como base para visitar la zona norte del país, haciendo una última parada en Yarderit, donde se cierra el lago y las aguas del Jordán continúan su curso hasta desembocar en el Mar Muerto. En Yardenit, los miembros de un “kibbutz” –una comuna de inspiración socialista, original de Israel- han adecuado una zona del río para que los cristianos ortodoxos y católicos puedan renovar simbólicamente el bautismo.
Y hasta aquí nuestra primera aproximación a Tierra Santa, que completaremos próximamente en un segundo reportaje, en el que hablaremos del recorrido junto al Jordán, pasando por el Mar Muerto y Jericó hasta alcanzar Belén y la ciudad santa y mágica de Jerusalén, segunda base en nuestro viaje tras los pasos de Jesús…
DATOS PRÁCTICOS
-Oficina de Turismo de Israel en España. Tel: 91 5943211. Página web: www.turisrael.com
-Agencia “Viajes Engrupo”. C/ Linares, 18 bajo. Tel: 96 3843999. Página web: www.engrupoviajes.com
Peregrinación a Tierra Santa (I)
El Monte de las Bienaventuras desde el lago Tiberiades. /Foto J. Calabuig
Peregrinación a Tierra Santa (I)

Basílica de la Anunciación en Nazaret.. /Foto J. Calabuig
Peregrinación a Tierra Santa (I)
Iglesia de la Transfiguración en el monte Tabor. /Foto J. Calabuig
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