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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Escapadas

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Peñíscola
La auténtica ciudad en el mar
Peñíscola está claramente situada en la vanguardia del turismo castellonense. Resulta sorprendente comprobar el gran éxito de esta población singular e irrepetible, que gusta a todos los que la visitan y que, además, resulta interesante en cualquier época del año.
09.10.07 - 10:15 -

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La auténtica ciudad en el mar
Vista aérea de Peñíscola
Peñíscola ofrece mucho al turista, no solamente las buenas playas y calas, sino también un conjunto monumental de primer orden y una larga serie de eventos culturales, entre los que destacan el Festival Internacional de Cine de Comedia (con los populares premios que llevan el nombre de la película Calabuig, que aquí dirigió Luis García Berlanga), así como el Festival Internacional de Música Antigua y Barroca y el Ciclo de Conciertos de Música Clásica, que tienen por escenario el imponente Castillo del Papa Luna.

Cuenta con un atractivo Museo del Mar, que ocupa el antiguo edificio de "Les Costures", y puede presumir de contar en su término municipal con uno de los más bellos tramos de costa virgen que todavía existen en el Mediterráneo español: la Sierra de Irta, que se extiende hacia Alcossebre (Alcalá de Xivert), y que está a punto de ser declarada parque natural por la Generalitat Valenciana. Así pues, y por muchos motivos, se recomienda visitar Peñíscola.

Peñíscola, la Ciudad en el Mar, es el símbolo indiscutible de la Costa del Azahar castellonense y, al mismo tiempo, una de las siluetas más representativas de la Comunidad Valenciana. Sus características excepcionales han transformado a esta población amurallada en uno de los enclaves turísticos más importantes de todo el Mediterráneo español.

Rodeada de mar

Posee un patrimonio interesantísimo, una densa historia y unos atractivos naturales de primer orden. Las cristalinas aguas del Mare Nostrum abrazan Peñíscola casi en la totalidad de su perímetro, íntegramente fortificado, excepto en el istmo que une la población con la costa, y que a su vez separa la magnífica playa norte de la playa sur y del puerto pesquero. La playa norte ha obtenido, una vez más en 2002, la Bandera Azul de los Mares Limpios de Europa, galardón que acredita la calidad de las aguas, arenas y servicios complementarios de atención a los bañistas.

Un paseo marítimo enlaza la zona hotelera y residencial, que se extiende hacia Benicarló, con el casco urbano, que fue declarado monumento histórico- artístico en octubre de 1972. Recomendamos vivamente la visita detenida de la ciudad-fortaleza, cuyo estado de conservación constituye todo un ejemplo.

Vista panorámica de Peñíscola desde la playa norte
Hay que recorrer, sin prisa y con muchas pausas, las estrechas y empinadas callejas del blanco caserío de estructura árabe y de rancio sabor mediterráneo y pescador. Se comprende entonces la fama de recinto inexpugnable que adquirió Peñíscola en el transcurso de los siglos, ya que sus pétreas murallas construidas sobre los abruptos acantilados impedían los ataques enemigos, tanto desde tierra como des de el mar. Además, la caprichosa naturaleza fue muy generosa con Peñíscola, ya que en el propio corazón del tómbolo rocoso, casi al nivel del mar, existen manantiales de agua dulce que nunca se han agotado y que permitieron a los habitantes de la población soportar perfectamente largos asedios.

El Castillo

En la parte más elevada de la urbe amurallada se alza, a 64 metros sobre el nivel del mar, el castillo. Fue construido por la Orden de los Caballeros Templarios, entre 1294 y 1307, sobre los restos de una fortaleza árabe que había sido conquistada en 1233 por el rey Jaime I de Aragón. La sólida obra fue completada por la Orden de Montesa, dando los retoques finales el célebre Papa Luna, cuyo nombre está indisolublemente vinculado a Peñíscola. En el año 1411, Benedicto XIII abandonó Avignon y escogió el castillo de Peñíscola como sede pontificia, transformándola en baluarte del Cisma de Occidente. En su refugio mediterráneo, el Papa Luna defendió a ultranza su derecho a considerarse como único y verdadero pontífice, manteniendo su firme posición hasta su muerte, en Peñíscola, en el año 1423. En el mismo recinto fue elegido sucesor Clemente VIII, quien seis años después abdicó solemnemente en el salón del trono del castillo de Peñíscola, poniendo fin a los cincuenta y un años que había durado el Cisma de Occidente. Merece la pena visitar, sin perderse detalle, el Salón Gótico, en el que figura una lápida dedicada a Benedicto XIII, "gran aragonés de vida limpia, austera, generosa, sacrificada por una idea del deber. El juicio final descubrirá misterios de la historia..."

En tiempos del rey Felipe II se completó la fortificación de toda la población, que aparece así íntegramente rodeada de murallas, desde el mar hasta donde comienza el castillo propiamente dicho. Se sugiere visitar asimismo los dos templos existentes en el recinto amurallado: la iglesia parroquial, de estilo gótico en su origen, y la iglesia de Nuestra Señora de la Ermitana, en donde se venera a la patrona de la localidad. Delante de este edificio religioso se halla la Plaza de Armas, que es escenario durante los primeros días de septiembre de unas interesantes manifestaciones folklóricas muy antiguas: las danzas de los "Moros y Cristianos" y las de "Cavallets" y "Llauradores".

El 'Bufador'

Las vistas panorámicas que se contemplan desde las murallas de Peñíscola son impresionantes, fundamentalmente durante los días claros -los más abundantes-, cuando la atmósfera es nítida, las azules aguas mediterráneas están calmadas y navegan sobre ellas numerosas embarcaciones de blancas velas. Pero también se recomienda, cuando se levanta temporal, acercarse hasta el llamado "Bufador" -una cavidad rocosa natural existente junto a las casas- y contemplar cómo las bravías aguas marinas son lanzadas con estrépito, salpicando fachadas y calzada.

El casco histórico está plagado de tiendas de artesanía cerámica, de boutiques y de tenderetes de jóvenes que elaboran piezas de joyería y de bisutería a la vista del público. Una vez efectuada la visita a esta histórica población, se aconseja descender hasta el puerto pesquero, a través de alguno de los tres pórticos de entrada al recinto amurallado: el "Portal Fosc" o de Felipe II, el de Santa María y el del Papa Luna. El momento idóneo para recorrer el puerto es el de la llegada de las barcas de pesca, ya que así se puede presenciar, además del atraque de las embarcaciones y de la descarga de las capturas, la subasta pública de las mismas. Se sugiere también embarcar en una de las populares "golondrinas", lanchas que permiten contemplar los acantilados y las ciclópeas murallas de Peñíscola desde el mar.
Buena gastronomía y Datos prácticos

Resulta lógico que con esta abundancia de productos del mar, Peñíscola ofrezca una gastronomía rica y variada, que puede degustarse en varios acreditados restaurantes. En este capítulo podemos aportar unas sugerencias: el "suquet de peix" y la paella marinera, así como la degustación de los "dátiles del mar", los caracoles marinos, los pulpitos, los langostinos, chipirones, calamares, gambas, cigalas, etc.

Accesos

El acceso a Peñíscola resulta muy sencillo, tanto por la Autopista del Mediterráneo (A-7) como por la N-340, tomando la desviación que indica Peñíscola, municipio que comparte con Benicarló estación de ferrocarril de RENFE en la línea Valencia- Tarragona- Barcelona.

Datos prácticos

Tourist Info Peñíscola.
Paseo Marítimo, s/n.
Tel: 964 480208. Fax: 964 489392

Página web: www.peñiscola.org

Hotel- restaurante Hosteria del Mar.

Tel: 964 48 06 00
Hotel Papa Luna.
Tel: 964 48 06 50
Gran Hotel Peñíscola:
Tel: 964 46 90 00
Hotel Peñíscola Palace.
Tel: 964 48 09 12
Restaurante Casa Jaime.
Tel: 964 48 00 30
Restaurante Casa Vicent.
Tel: 964 48 06 82
Restaurante El Mirador.
Tel: 964 48 98 34
Restaurante La Marinera.
Tel: 964 48 15 19
Restaurante Hogar del Pescador.
Tel: 964 48 95 88


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