![]() La bahía que conforma la isla Grossa, de 14 hectáreas, es la zona de baño que ansían los visitantes, tanto nacionales como internacionales, que se acercan en barco hasta el paraíso singular que representa el archipiélago de las Columbretes.
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El fuego, primer elemento de la naturaleza, fue el arma empleada para terminar con la vida de las culebras en la isla. No quedó ni una sobre la superficie, pero quedaron inmortalizadas en la denominación del archipiélago más singular de la Comunidad Valenciana y uno de los pequeños espacios insulares de mayor interés ecológico del Mediterráneo.
El mar baña las Columbretes. El agua, segundo elemento de la prodigiosa naturaleza, moldea las islas Grossa, Foradada, Ferrera y Carallot. La bahía que forma el mayor islote es el deseo anhelado de los turistas que chapotean en plena playa virgen tras una travesía en barco de alrededor de dos horas.
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Toda embarcación que atraca en la reserva marina queda registrada. De ello se encargan cuatro guardas, que sin descanso custodian la riqueza natural que atesora Columbretes. Los vigilantes de las islas habitan día y noche en unas casernas creadas para ellos cuando el archipiélago obtuvo la máxima protección como parque natural.
Cada 15 días otro grupo de cuatro guardas y un monitor relevan al contingente en tierra. Ellos, además, realizan un seguimiento exhaustivo de la asombrosa vida animal que guarda el archipiélago.
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Por aire, las gaviotas audouin dibujan un cielo inconmensurable y casi único en el Mediterráneo. Las islas Columbretes junto con el Delta del Ebro son los únicos nidos nacionales de esta ave en peligro de extinción. La protección de esta especie constituyó el firme propósito de la declaración de reserva marina a mediados de la década de los 80.
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En la actualidad, el archipiélago castellonense cuenta con 30 parejas de gaviota audouin y su supervivencia es muy difícil. Su futuro depende de la alimentación que consiguen de las redes de los pescadores. La poca actividad de estos sobre los islotes amenaza la vida de las gaviotas, que desde el pasado año también habitan en la Albufera.
No sólo hay que mirar al cielo para que la biodiversidad deslumbre al visitante. La tierra, cuarto elemento de la naturaleza, es el terreno de lo fantástico. La leyenda cobra vida en forma de lagartija. Este animal pequeño, ligero y espantadizo es el rey del archipiélago: 1.055 lagartijas habitan en cada hectárea de la isla Grossa.
La lagartija de Columbretes es el único vertebrado endémico de la Comunidad y ha elegido las islas para disfrutar de su existencia. Utilizan las zonas rocosas para solearse y se alimentan de alacranes, caracoles, babosas y otros deliciosos insectos.
Ben Jonhson (1986-1997) fue la lagartija de Columbretes que marcó un hito. Su color negro tiznado le convirtió en la estrella indiscutible de las islas, tanto fue así que una vez muerto su cuerpo fue disecado por los guardas del archipiélago y descansa en paz en un pequeño féretro de bambú. Si usted viaja a Columbretes pregunte al monitor por Ben Jonhson y seguro que se sorprende gratamente







