MÁS RADARES

Los problemas para los automovilistas no paran de crecer, tanto que, en ocasiones, nos preguntamos si quienes deben velar por nuestros intereses no terminan de entender que el automóvil no es un capricho, sino una herramienta necesaria para el día a día de millones de ciudadanos, con la salvedad de que para muchos es una gran pasión.

Que las ciudades están ahogando el uso del automóvil es una realidad. La excusa, perfectamente argumentada eso sí, es la contaminación. Durante muchos años algunos de los principales fabricantes han hecho trampas en sus motores, que contaminan mucho más de lo que debían, dejando gruesas capas negras encima de las ciudades, en las fachadas y, muchos nos tememos, en la salud de los ciudadanos, y los gobiernos progresistas han respondido con medidas que serán cada vez más contundentes en contra del automóvil, contamine o no. Nos gusta que se potencie la bicicleta, pero de ahí a señalar, como dice el concejal de movilidad de Valencia, que el ejemplo para nuestra ciudad debe ser Pontevedra, va un trecho. Entre otras cosas porque en la bonita capital gallega habitan 82.000 ciudadanos, por los 790.000 de la capital del Turia, que aumentan a diario con la llegada de los que vivimos en 'ciudades dormitorio'.

No contentos con complicarnos la vida en la ciudad, la DGT termina de anunciar la compra de sofisticados radares para multar los excesos de velocidad. Con coches cada vez más modernos, silenciosos y seguros, es fácil superar los límites, límites para los que los coches están perfectamente preparados, como se demuestra a diario en países con velocidades más altas o directamente libres, como el caso de Alemania. Pero el objetivo es exprimir más al automovilista, que vive pegado a Apps anti-radares en el móvil en lugar de estar atento a la carretera. Disminuiría más los accidentes leyes como las francesas, que atacan el uso del móvil al volante, el principal motivo, junto a alcohol y drogas, de los accidentes mortales de hoy.

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