Volver a 'conducir'

Casi 100 coches se reunieron en esta edición de la 'TraveSeat', que pasó por localidades como Cantavieja -Teruel-./
Casi 100 coches se reunieron en esta edición de la 'TraveSeat', que pasó por localidades como Cantavieja -Teruel-.
Prueba | Seat 600

El Seat 600 cumple 60 años, y para celebrarlo participamos en una etapa de la 'TraveSeat', un viaje de Teruel a Peñíscola sin parar de sonreír y... conducir

ALEX ADALID TERUEL

Hacía tiempo que no pasábamos un rato tan divertido al volante. Y es que conducir un Seat 600, el coche clave del automovilismo en España, es una experiencia única. Lo es aún mayor si estamos rodeados de otros modelos parecidos al nuestro, y decimos parecidos porque, aunque se fabricaron más de 700.000 y tenían muy pocas opciones, hoy apenas podemos encontrar dos coches iguales. La excusa para reunir casi un centenar de coches ha sido la 'TraveSeat', un evento organizado por miembros de clubes del Seat 600 y que ha reunido a casi 250 participantes para viajar de Madrid a Barcelona atravesando tierras de Castilla, el mediterráneo y Cataluña, desde parajes como Albarracín o Morella a mega-urbes como Madrid o Barcelona. Seat decidió apoyar esta iniciativa con su equipo de asistencia técnica, que solucionó incluso averías en coches participantes, y cuatro modelos de la colección Seat, en los que los periodistas nos turnamos al volante.

Un viaje al pasado

Elegimos la etapa entre Teruel y Peñíscola, bordeando la sierra de Gúdar por Cantavieja y Morella hasta dar con la ciudad del Papa Luna. El día comenzaba en el parador de Teruel, donde nuestro Seat 600 E -la E no es de eléctrico ni de ecológico, sino probablemente de 'evolución'-, nos esperaba. La segunda serie del modelo tenia puertas de apertura convencional, y otras mejoras que lo hacían más fiable, aunque no es tan bonito como las primeras versiones. El motor de 0.8 litros y 25 CV situado en la trasera arranca con suavidad y, aunque casi todo es igual a un coche de hoy en día, es decir, palanca de cambios, volante, freno, embrague y acelerador, todo tiene un tacto muy peculiar.

En todas las familias hay una historia vinculada al 600, y en mi casa fue uno de los modelos de cuatro puertas -el ochocientos, fabricado en Tarragona por carrocerías Costa- el encargado de llevar a la familia de vacaciones y de aquí para allá. Eran tiempos en los que el coche significaba progreso y libertad. Mis padres compraron el coche a Automóviles Sáez, la empresa de compra-venta todavía presente en la ciudad, y allí mismo lo vendieron «llorando mucho», tras comprar un Seat 1.500.

Hasta 110 por hora

En los viajes de antaño no había autovías ni grandes velocidades, y tanto mejor, porque al 600 le cuesta acelerar de 0 a 100 casi un verano, aunque por las carretera de Teruel llegamos a ver los 110 por hora 'de marcador', algo así haría mi padre en las rectas de Casinos, de camino al Rincón de Ademuz, cuando mi madre le recriminaba, tal y como ocurre ahora, la nula necesidad de ir tan deprisa.

El 600 es bastante amplio, y a muchos les sorprende que mis 1,89 de estatura quepan sin pegas en los asientos de 'skay'. Nuestro coche es discreto y está 'de serie', algo que no comparten casi ninguno de los presentes. Desde un bonito 600 con la señera valenciana en el techo, del Club de Clásicos de Utiel, hasta numerosos Abarth, algún modelo tuneado y otro hasta con un remolque 'tipo 600', además de los 'cabrio' con techo de lona. En su interior viajan desde parejas que rozan los ochenta años a jóvenes de menos de veinte y algunas familias, con niños y con el equipaje en la baca.

El día nos respeta en cuanto a temperaturas hasta que llegamos a Cantavieja, con una carretera perfecta y despejada por la que nos gustaría pilotar el Abarth, no disponible para estas 'jornadas de test'. De Cantavieja a Morella el calor aprieta y entendemos porqué nuestros padres viajaban de madrugada y hasta de noche. Allí, tras degustar una 'refrescante' olla morellana en el famoso Casa Roque, el camino nos lleva hasta Peñíscola, con alguna parada extra por la avería de uno de los 600 de nuestro grupo, precisamente el de la primera serie, solucionado por el equipo técnico de Seat.

Dejamos nuestro coche en el parking del hotel de Peñíscola, en perfecto estado. El resto de los participantes seguirá hasta Tarragona primero y Barcelona después, mientras nosotros ya pensamos en comprar un Seat 600 para participar el próximo año en la 'TraveSeat'. Los precios oscilan entre los 2.500 de un 600 E a los 18.000 euros de un Abarth ¿Compramos uno?

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