Viaje al pulmón de Valencia con el DS7 Crossback

Carreteras y caminos nos llevan a muchos parajes, como éste de Casas Altas./
Carreteras y caminos nos llevan a muchos parajes, como éste de Casas Altas.
DS7 CROSSBACK 2.0 DIESEL AUTO. OPERA

Ponemos rumbo con el DS7 Crossback a El Rincón de Ademuz para disfrutar de parajes perdidos, naturaleza y gastronomía en familia

ALEX ADALID

Dentro de las comarcas valencianas, el Rincón de Ademuz es, posiblemente, una de las más desconocidas por su lejanía a la capital. Es un plus de esta 'isla' entre las provincias de Valencia, Teruel y Cuenca, lo que le ha valido convertirse en un cruce de reinos, con una cruz que simboliza este cruce y en la que, dicen, se reunían tres reyes estando cada uno sentado en sus territorios.

La Comunitat está llena de parajes que vale la pena conocer, y SUVs como el DS7 permiten movernos en nuestro día a día, en este caso a todo lujo, y disfrutar de excursiones en familia con todo lo necesario para un fin de semana o un largo puente.

Así que nos subimos al nuevo SUV de la marca y tomamos la A-3 con destino a Ademuz, a donde se puede llegar por dos trayectos diferentes e interesantes, como detallamos en recuadro aparte.

'El pulmón de Valencia', como se anunciaba la comarca en los años ochenta, nos recibe con muchos atractivos, entre ellos grandes bosques. La comarca es una de las de menor densidad de población en la Comunitat, y forma parte de la 'serranía celtibérica', como se conoce un área de 68.000 kilómetros cuadrados que ocupa varias regiones y cuya densidad de población es similar a la de Laponia: menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado. Visto el parking del hostal Casa Domingo de Ademuz, parece que todos estén aquí reunidos.

Mucho por visitar

El Rincón no es zona de grandes excursiones, sino de pequeños destinos. La oficina de turismo , dispuesta en Ademuz en un molino restaurado junto al río Bohilgues, afluente del Turia, nos indica las poblaciones principales: Casas Bajas, Casas Altas, Ademuz y Torrebaja en la carretera general, y Vallanca, Castielfabib o Arroyo Cerezo dispersos en carreteras locales en bastante buen estado. En medio, muchas aldeas, algunas tan famosas como la Puebla de San Miguel, una de las poblaciones más altas de la serranía, y es que no hay que olvidar que la cumbre de la Comunitat está aquí, el Alto de Barracas o cerro Calderón, un monte que bien merece nuestra visita.

Empezamos el trayecto por Casas Bajas, con un bonito molino restaurado que habitualmente alberga exposiciones y actividades y un bonito merendero cercano. Cerca encontraremos una confortable casa rural, 'Los Garridos', junto a uno de los restaurantes más animados de la zona, 'La Moncloa', en el propio polideportivo de la localidad. La bonita iglesia de la plaza y la subida al pico Peña Rubia pueden completar la visita, junto a la 'fuente vieja', un lavadero junto al Turia. En la plaza principal el restaurante 'El rulo' cuenta con una deliciosa cocina. A apenas dos kilómetros se erige Casas Altas, que también ronda los cien habitantes censados. Allí la pequeña plaza y la 'Tasca los Trillos' son parada obligada, así como el tradicional horno. Cada pueblo tiene su lavadero, y el de Casas Altas es uno de los mejor conservados. Allí está el 'túnel de lavado', conde una manguera nos permite lavar el coche 'a la carta'. Ya sabemos dónde nuestro lujoso coche francés recibirá un 'agua' para eliminar el polvo del camino.

En dos o cuatro ruedas

Entre estas localidades y también hasta Ademuz, a cuatro kilómetros de Casas Altas, podemos movernos en bicicleta por la ribera del río. El Turia discurre manso por esta zona, con un color turbio que proviene de una explotación minera turolense, cuenca arriba, que tiñe de marrón un río anteriormente cristalino.

A pesar de la estrechez de algunas calles de Ademuz el DS7 maniobra a la perfección por los rincones más estrechos. Nuestra velocidad es de tortuga comparada con la de los propios del lugar, que tienen tomada la medida.

Ademuz es grande y compleja. La carretera aglutina los comercios principales, y las carnes y embutidos son de primera. La plaza del Ayuntamiento, con zonas porticadas y vecinos que cuidan muy bien la decoración de sus fachadas, nos traslada a la era árabe y medieval de este rincón, como las callejuelas que llevan hasta la iglesia principal, realmente magnífica. En la travesía principal debemos concertar cita para conocer la Ermita del la Huerta, del siglo XIII y bien conservada.

Nuestra visita sigue y partimos hacia Torrebaja, uno de los pueblos más agraciados de la zona. Entrando al mismo una cascada con merendero nos obliga a apuntar el sitio para futuros picnic. También un emplazamiento geológico nos muestra diferentes piedras que conforman las montañas de alrededor, con una visita que nos permite adivinar en las montañas colindantes qué tipo de material conforma cada una. Los pequeños disfrutan, y nosotros también, antes de encaminarnos al polideportivo municipal.

Naturaleza pura

A su lado, un centro de interpretación botánica reúne numerosas planas y, junto a una zona en la que se pueden aparcar caravanas. De nuevo, merenderos, zonas ajardinadas, columpios en perfecto estado y demás invitan a una plácida barbacoa. La primavera brota en la vega con miles de flores en los frutales de la zona -manzanos, melocotoneros, perales, etcétera-.

Allí nos invitan a conocer dos rutas más, una, la que sube a la Puebla de San Miguel, zona fría y nevada en invierno pero de buen acceso todo el año. Por carretera y pistas forestales llegaremos al cerro Calderón, cuya altura es imperceptible porque no tiene cumbre, aunque sí un punto geodésico que tomamos como cima. Allí, el 'pino de las tres garras', es visita obligada para conocer a fondo los bosques de la zona.

Si es verano, en lugar de la alta montaña son más apetecibles las rutas por la ribera del río. Desde Ademuz vale la pena conocer el río Bohilgues, tomando la carretera hasta Vallanca, aparcando en la antigua central eléctrica y caminando desde allí con el cristalino riachuelo a nuestro lado hasta una amplia y remansa poza donde darnos un refrescante chapuzón en verano y terminar con un refresco en el chiringuito de Vallanca.

Nuestro trayecto termina, el DS7 se ha comportado a la perfección por todo tipo de caminos. El silencio nos acompaña, la calidad y el sellado de todas las piezas hacen que el polvo del camino no se traslade al interior. El maletero nos permiten llevar algunos enseres propios del fin de semana y, con cuatro ocupantes a bordo, el espacio es más que sobrado para todos.

Da gusto moverse en un coche en el que se disfruta cada viaje, tanto el recorrido como las excursiones.

El Rincón de Ademuz es perfecto para un fin de semana o largo puente, más todavía en primavera, antes de que el estío haga más recomendable visitar las piscinas y las verbenas que las excursiones a la naturaleza. En todos los casos, un panorama de lo más atractivo.

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