EL MISTERIOSO 'CASO BALEARES'

Cada semana tenemos un sobresalto que rodea al mundo del automóvil. Tan pronto se descubre que un grupo de marcas de automóviles han experimentado las emisiones de sus coches con humanos como en las noticias aparece un coche dando vueltas en el espacio, seguramente buscando parking.

Esta semana ha sido el gobierno de Baleares el que ha copado la atención de los medios de comunicación, con una futura ley que pretende prohibir la venta de coches con motor diesel en 2025 y la de los de gasolina en 2035, así, sin paños calientes. De este modo las islas serían las primeras «del mundo mundial» en apostar por un 'huella de carbono' reducida. Un hito que acapara portadas. El asunto tiene una lógica ecológica, pero en un mundo en el que estamos dentro de la Unión Europea o dentro de un propio país como España, se debe consensuar este tipo de normas y su aplicación.

Se debe apostar por una reducción real de emisiones que pasa por la generación de energía de energía eléctrica renovable, la optimización en el gasto y consumo de la misma y, también, por la reducción de emisiones en los coches. Seguro que cualquiera que conozca a fondo el mercado encuentra soluciones para reducir las emisiones en un volumen mayor sin necesidad de prohibir la venta de coches, máxime cuando la ley señala que los coches actuales pueden seguir circulando «hasta el fin de su vida útil». Esto significa que coches con, digamos, 20 ó 30 años, y que contaminan unas veinte veces más que uno actual podrán seguir circulando ricamente mientras los más modernos y menos contaminantes serían completamente ilegales.

Las intenciones parecían buenas, pero el resultado no es el que necesita un problema como el de la contaminación que genera la sociedad de hoy en día. Atacar y prohibir los coches no es la mejor manera de afrontarlo. Seguro que más de un empresario del automóvil mallorquín ha paralizado sus inversiones y los empleos que ello conlleva.

Fotos

Vídeos