LA FÓRMULA E, EN VALENCIA

En esta muy agitada semana hemos tenido tiempo para cubrir todas las citas a las que fabricantes de coches y otros sectores del automóvil nos habían convocado. Entre ellas una de las más novedosas ha sido los entrenamientos de Fórmula E en el circuito de Cheste.

Somos unos enamorados de la gasolina y la competición, como cualquier buen aficionado, pero también de la tecnología y del futuro, donde la electricidad tendrá un protagonismo cada vez más influyente. Esto ya lo vio hace unos años un equipo de ingenieros españoles que, bajo la batuta de Alejandro Agag, pusieron en marcha la Fórmula E, con monoplazas eléctricos. Agag, gran conocedor de los entresijos de la competición por su amistad con Flavio Briatore, el mánager que hizo campeón a Fernando Alonso, y también con el valenciano Adrián Campos, reunió todas las piezas para que la federación internacional homologara una rara competición en la que, a mitad de carrera, hay que cambiar de monoplaza.

Pero la Fórmula E ha resultado ser un gran éxito. Las ciudades se pelean por albergar una carrera, siempre en la ciudad, de esta competición del futuro y marcas como Mercedes, Porsche, BMW y Audi se sumarán a Jaguar, Renault o DS en las parrillas de salida. En Cheste pulsamos a unos y otros qué les parecería correr en el Circuito urbano que todavía existe y ya está construido y pagado en el Puerto de Valencia, y todas las palabras eran positivas. Lo difícil será superar el bloqueo de unas administraciones fuertemente politizadas. Los cambalaches que siguen saliendo a la luz en torno a la Fórmula 1 no ayudan en nada, y si sumamos que pocos gobernantes de izquierdas querrán llamar a la puerta o recibir a Agag, yerno, nada menos, que de José María Aznar, la ecuación parece difícil. Le pena es que damos por seguro que una prueba de Fórmula E sería excelente en lo social, económico, deportivo e imagen para Valencia. Ojalá la política no se interpusiera.

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