Tras acertar la semana pasada en nuestras informaciones en torno a las ventas de los coches de gasolina respecto a los diesel -los de gasolina subieron un 40 por ciento en octubre respecto al mismo mes del año pasado- vamos a intentar poner un poco de luz en el embrollo de la V-21, con el que el Ayuntamiento de Valencia pretende perjudicar a cientos de miles de conductores valencianos en pos del 'postureo' de mantener la huerta, tan de moda en estos tiempos.

Tras arrancar una difícil inversión de casi treinta millones de euros para mejorar la entrada desde la carretera de Barcelona, colapsada desde hace años, ahora el Ayuntamiento bloquea la obra alegando que para hacer una ampliación «que promueve el uso del coche» se toma mucho espacio a la huerta colindante, de los ayuntamientos de Valencia y Alboraya. Vaya por delante nuestra defensa de la naturaleza, pero esta acción va, precisamente, en detrimento de la misma. Si no se ejecuta la obra el atasco será persistente no ahora, sino al menos diez años más, o quizás quince, los que tardaría volver a probarse y ejecutase al misma, años en los que, a mayor atasco, mayores emisiones y mayor contaminación. Además, jugamos con lo más básico, la vida de las personas. En las zonas de mayor atasco hay más accidentes, y los habrá en mayor número si no se remodela dicha entrada.

Si el Ayuntamiento tiene una alternativa que altere menos la huerta, consensuada con sus socios minoritarios -los que mandan en muchas lides-, es hora de ponerla sobre la mesa, aunque sea tarde. Si lo que quieren es atacar al automóvil haciendo embudos de tráfico en una vía rápida, que sepan que tiene un coste de contaminación, accidentes, heridos y víctimas que deberán soportar. Y si lo que quieren es recuperar la huerta, el río Turia tiene kilómetros de cuenca con huerta por recuperar. El último cónclave del 'govern de la Nau' fue en el Rincón de Ademuz, podrían empezar la recuperación por este bello y natural enclave.

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