'Audi Ice Experience'

Audi Ice Experience: Conduciendo sobre el hielo en Laponia

Con ruedas con clavos, sobre hielo y sin ESP, la diversión está asegurada./
Con ruedas con clavos, sobre hielo y sin ESP, la diversión está asegurada.
ESCUELA DE CONDUCCIÓN SOBRE HIELO AUDI

La marca alemana ofrece cursos de conducción en Laponia donde aprender y disfrutar al volante de los modelos más deportivos de la gama

ALEX ADALID, LAPONIA (FINLANDIA)

El despertador suena a las siete de la mañana y el indicador de temperatura del teléfono móvil marca doce grados bajo cero. La previsión para la jornada es buena, y estaremos a dos grados en algún momento del mediodía. La verdad es que tenemos bastante suerte. Estamos en Muonio, en Laponia, una región de 390.000 kilómetros cuadrados repartida entre Finlandia, Suecia, Noruega y Rusia con una de las densidades de población más bajas del mundo. Las temperaturas medias en esta época del año son de veinte grados bajo cero, aunque se pueden rozar los menos cuarenta, una sensación gélida que empeora si sopla el viento, lo que haría peligroso quedarse a la intemperie apenas unos minutos. En otras palabra, estamos en un día primaveral para lo que se estila por estos lares. Quién lo diría al atravesar un parking de coches conectados a la red eléctrica no para recargar sus baterías, sino para calentar el radiador y que la mecánica pueda arrancar a la primera.

Rallye '1000 Lagos'

La región que acoge el hogar de Papá Noel es un idílico paraje con tantos lagos que la competición más conocida de la zona es el rallye '1000 Lagos' -aunque hay casi cuatro mil, de hecho- un rallye que sólo ganaban pilotos nórdicos hasta que Carlos Sainz venció en 1990. Desde entonces, sólo otros dos foráneos han logrado ganarlo.

La conducción sobre hielo permite mejorar muchísimo al volante, reaccionando mejor ante los imprevistos Diversión y seguridad se unen en una experiencia única en Laponia que vale la pena disfrutar

En esta zona las marcas de coches utilizan sus carreteras para los 'test de frío', que consisten en realizar kilómetros y kilómetros con sus coches para comprobar que todos los componentes funcionan a la perfección en un clima extremo. No es extraño encontrar por las carreteras coches camuflados con adhesivos de lo más variado. Sus pilotos hacen largas jornadas y no conocen lo que es el fin de semana. Se turnan para volver a casa cada quince días y aprovechar así los tres meses de invierno más duro para ver qué se puede romper o qué se debería mejorar en cada nuevo modelo.

Junto a ellos circulan por las carreteras los coches de los habitantes locales. Es típica la estampa de la madre llevando a sus hijos al cole derrapando con su Volvo. No ha cambiado mucho, ya que hay muchos más coches veteranos de lo que pensábamos de los que no tienen control de estabilidad ESP y, si han llegado 'vivos' al 2018, es porque sus conductores son buenos. La carretera es hielo puro y las ruedas de clavos ayudan, pero hay que tener arte para conducir en este territorio. Pilotos como Kimi Raikkonen o Valteri Bottas ganan carreras de F1 año tras año, y en rallyes apellidos como Kankunen, Gronholm, Makinen, Hirvonen o Vatanen dan fe de lo bien que se conduce por aquí.

Quizá por ello los fabricantes empezaron a pensar e Laponia como un lugar idílico para sus escuelas de conducción. Los lagos se congelan, el hielo alcanza un metro de espesor -podría pasar hasta un ejército con tanques sin que se hundiera- y se puede reproducir cualquier circuito sobre su superficie. Así que en Finlandia podemos encontrar muchas escuelas, desde la del expiloto Juha Kankkunen a las de diferentes marcas de automóviles.

Nosotros estamos invitados por Audi, que cuenta con una de las más famosas. Lo es porque su programa es tan apretado que apenas conoceremos el hotel ni los 'apres-ski' de la zona. Aquí se viene a conducir. Hay cursos de varios niveles, pero el de dos días y medio que practicamos se nos antoja el más adecuado para perfeccionar la conducción y para pasar unas jornadas inolvidables derrapando al estilo rallye sin mayor problema que el de quedarse encallado en la nieve más veces de lo debido, con un tractor preparado para rescatarnos.

Tras el desayuno partimos hacia 'nuestro' lago, que sirve de frontera entre Finlandia y Suecia. La temporada de derrapajes empieza el 16 de enero cuando las horas de sol empiezan a ser más de dos al día, y dura hasta finales de marzo, cuando comienza el deshielo y el lago empieza a patinar. Nos esperan una flotilla de Audi S4 Sportback con motor V6 turbo de 354 CV, tracción total y ruedas de clavos. En el lago se han trazado varios circuitos cada vez más difíciles según avanzamos la jornada, así que empezamos en un óvalo, descolocando el coche para entender como, sin las ayudas electrónicas, hay que transferir el peso de delante a atrás y de lado a lado para que haga lo que queremos sin perder mucho tiempo. La suavidad es la clave «imagina que en el pedal del freno hay una rana, si consigues frenar sin matar la rana, lo estás haciendo bien» nos dice el Oliver Rudolph, director de la escuela.

Junto al trazado hay unos cuarenta centímetros de nieve blanda que probamos en varias ocasiones, quedándonos atascados más de una vez, momento en el que acude un tractor para sacarnos y anotarnos un punto en nuestra tarjeta. El siguiente circuito es la 'serpiente', curvas enlazadas que nos obligan a corregir de forma constante. Ahí aprendemos que, cuando vemos enormes derrapadas en los rallyes, quizá están perdiendo tiempo. Hay que trazar antes de que el coche se pierda por completo, frenar muchas más veces de lo que esperábamos, ser directos con el acelerador, mirar hacia donde queremos que vaya el coche y no hacia la cuneta... las consignas son muchas y sorprende cómo, desde casi un kilómetro de distancia y metido dentro de un coche, el monitor detecta lo que estamos haciendo mal.

Aprender y disfrutar

Para mejorar no sólo derrapamos. El monitor sube con cada uno de los participantes y nos va corrigiendo, y subir con cualquiera de los 'jefes' de Audi es toda una experiencia de la que también se aprende. Termina la jornada, y Audi aún tiene preparadas jugosas experiencias para sus invitados. Lo que allí es normal: sauna, motos de nieve o un salmón de primera, para nosotros resulta de lo más extraordinario. Nos sienta tan bien como a un nórdico el sol, la playa y el jamón ibérico.

En el segundo día las cosas se ponen serias. El circuito ya es más largo, hay que memorizar las curvas, aplicarse a fondo en lo aprendido e intentar ir cada vez un poco más rápido. Algunas cruzadas nos salen de película, en otras acabamos dando tumbos en la nieve. Sorprende lo mucho que aguantan los coches. Ni un rasguño a pesar de los topetazos. También lo mucho que ha cambiado nuestra conducción. Del temor inicial hemos pasado a hacer mucho más que solucionar los problemas conforme van llegando. Cuando alcanzamos un buen nivel el monitor vuelve a subir y nos da claves para seguir mejorando. Nos queda mucho que aprender, como todo en la vida. Al final del día unimos dos circuitos que suman casi ocho kilómetros de hielo que realizamos en algo menos de seis minutos. Dos vueltas, cambio de conductor y paso al asiento del copiloto, otras dos vueltas, repetimos la acción.

La prueba final

Ya hemos aprendido a subir al coche sin llenarlo de nieve, a disfrutar del reno en sus múltiples presentaciones culinarias y a conectar una sauna sin abrasarnos. Nos queda conocer nuestro nivel al volante. Una vuelta cronometrada al circuito nos muestra lo mucho que hemos mejorado las maniobras de conducción sobre hielo al volante. Al final del día nuestro coche acumula más de 300 kilómetros -realizaremos casi 600 durante el curso- y se ha fundido un depósito al completo, lógico cuando no hemos pasado de tercera y aceleramos a fondo a cada momento intentando buscar la siguiente curva mientras aprendemos patinaje sobre hielo.

Nos queda media jornada de pruebas en la que el colofón final lo ponme nuestro monitor. El piloto Oliver Rudolph nos da un vuelta en un Audi TT RS preparado para la ocasión. Con casi 500 CV de potencia y un piloto que ha competido en las 24 horas de Nurburgring, rallyes y otras categorías durante más de tres décadas, el test es pan comido para él, pero no muchos pilotos en el mundo podrían igualarle. Para nosotros es la confirmación de que jamás conseguiremos alcanzar su nivel ni aunque viviéramos diez años en Laponia -o quizá sí, quién sabe-. Brutal en cualquier caso. Tres vuelos nos permiten regresar a casa. Nunca habíamos tenido un viaje tan largo pero nunca habíamos regresado tan felices.

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