ACCIDENTES CON COCHES AUTÓNOMOS

Sabíamos que, más pronto que tarde, sucederían accidentes con víctimas mortales vinculados con la conducción autónoma. La tecnología que permitirá a los conductores soltar el volante y dedicarse a otros menesteres mientras somos transportados de un punto a otro está más cerca de lo que pensamos, pero no es, en absoluto, infalible. El atropello de una señora que cruzaba de noche y andando con una bici una oscura carretera en Estados Unidos demuestra que esta tecnología tiene sus límites y nos pone delante de una realidad: en el futuro podemos vernos envueltos en accidentes en los que el 'culpable' sea una máquina.

Más difícil todavía, la máquina tendrá que tomar decisiones en torno a unas premisas que están marcadas por la ética. Nos comentaban en la presentación de un coche que los programadores se debaten entre qué hacer ante, digamos, un microbús que se sale de su carril hacia el nuestro y el sistema tenga que elegir entre un nefasto accidente múltiple o enviar nuestro coche a la cuneta o el barranco. Lo que era ciencia ficción en los años cincuenta, brillantemente explicado por Isaac Asimov en el libro 'Yo, Robot', es ahora una realidad de tal calibre que el departamento que más crece en cada fabricante es el de conducción autónoma... y el departamento jurídico.

El avance de la conducción autónoma es imparable pero, igual que un avión todavía no puede aterrizar o despegar con la precisión de un humano si las circunstancias son difíciles, el automóvil todavía necesita 'mano de obra' humana en determinadas circunstancias para seguir circulando. La única cuestión es hasta cuando, ya que es evidente que un coche autónomo reviste muchos menos peligros para el tráfico que los conducidos por humanos, siempre con un comportamiento más aleatorio. En el futuro podremos comparar estadísticas con ambas tecnologías y determinar si la conducción autónoma supone el gran avance para la seguridad que todos pensamos.

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