Las Provincias

Caprichos para disfrutar

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El Mini John Cooper Works y el Alfa 4C Spider, en un alto del camino en Sot de Chera.

  • Mini Cooper Works y Alfa 4C Spider son dos deportivos con los que divertirse cada día o todos los fines de semana del año al volante

  • ALFA 4C SPIDER

  • MINI COOPER WORKS

Los caprichos no tienen justificación, no se les debe mirar el precio con el mismo ojo crítico que a los objetos más racionales, no se les valora por su utilidad, por las tareas que nos van a ayudar a completar, por lo cómodos, económicos o prácticos que puedan ser. Son caprichos y, como tales, si el momento es bueno y nos los podemos permitir, son objetos pensados para colmar nuestros deseos, disfrutarlos y hacernos un poco más felices.

Esta semana traemos dos coches que son un verdadero capricho, un regalo para los sentidos y objeto de deseo de todo el que los prueba. El nuevo Mini John Cooper Works y el Alfa Romeo 4C Spider. A priori pueden parecer dos coches muy diferentes entre sí, pero uno de ellos representa la más feroz, deportiva y exclusiva versión del utilitario de capricho por excelencia, y el italiano, en pocas palabras pero que todo el mundo entenderá, es lo más parecido a un Ferrari con motor de 4 cilindros. Dos tipos de vehículos muy diferentes por concepción, pero con el mismo objetivo: ser vehículos deportivos, exclusivos y con el único objetivo de hacer disfrutar a su conductor, y pocos lugares mejores en nuestra tierra que recorrer la ruta que une Cofrentes con Chulilla, plagada de curvas, desniveles y vistas espectaculares.

Mini pisa el acelerador

La gama de del pequeño británico cada vez es más extensa, y es comprensible que en ocasiones pueda ser complicado conocer todas las carrocerías, versiones y acabados que nos ofrecen, Cabrio, Clubman, Countryman, Paceman. Para que no haya confusiones, estamos ante la versión más potente y especial de la carrocería clásica de Mini de 3 puertas. En esta ocasión monta un motor turbo de 4 cilindros, 2 litros y 231 CV, que unido a un cambio de marchas automático con función secuencial de 6 marchas de funcionamiento rapidísimo y suave que se puede montar en opción, es capaz de acelerar de 0 a 100 en 6,3 segundos, lo que dejaría atrás a muchos coches con mayores pretensiones.

Pero no se trata de un coche que se base en los números, es un coche de sensaciones. La ligereza de su carrocería lo convierte en un verdadero juguete que está pidiendo curvas, con un paso por curva rápido y seguro, la sensación de kart que hace gala la marca británica está ahí y es real. Ágil, con una frenada espectacular gracias a los exclusivos frenos de esta especial versión, nos ha sorprendido que su brillante rendimiento no es a costa de convertirse en un coche duro e incómodo. Hemos probado la práctica totalidad de los Minis deportivos, y este es el más eficaz y confortable. El coche pide guerra, que apuremos las frenadas y que aceleremos pronto.Tracciona de maravilla, mucho mejor que la versión ‘normal’ Cooper S y su conducción en zonas rápidas da mucha confianza. En el primer tramo de nuestro día de pruebas, partiendo desde Cofrentes y cogiendo la N330, hasta Los Pedrones, nos impresiona por la inmensa facilidad para imponer un ritmo rapidísimo con absoluta facilidad para su conductor.

Con tres modos de conducción, en su faceta más deportiva, al apurar las marchas nos llegará a los oídos el rugido del escape en las subidas de marchas, pero sobre todo, tras las perfectas reducciones, un petardeo en las retenciones de motor, todo controlando las marchas desde las levas tras el volante.

Lo bueno de todo esto es que no nos hace renunciar a casi ningún equipamiento del que disfrutaríamos en un buen BMW de los que cuestan el doble que el Mini -no olvidemos que son del mismo grupo-, porque a poco que nos dejemos engatusar por las numerosas opciones, podremos montar un fantástico sistema de navegación, sensores de ayuda a la conducción como detección de peatones y proximidad con el vehículo precedente, detector de señales de tráfico, equipo de sonido Harman Kardon, tapicerías de piel, alcantara…. y un largo etcétera. Todo ello permite configurarlo al gusto, combinando además colores de techo, retrovisores y llantas, de manera que no se echa de de menos ni más deportividad, ni más lujo, un coche redondo.

Un capricho que puede llegar a ser justificable por sus contenidos consumos, magnífico acabado, 4 plazas y un maletero que ha crecido respecto a la última generación, vamos, que no hay excusa para aquéllos que busquen un coche pequeño, prestacional, lujoso y ‘chic’.

Elegancia italiana

Pero si hablamos de coches que giran cabezas a su paso, no exagero si digo que el Alfa 4C está entre los coches que hemos probado que más fotos se ha llevado circulando por la calle, que más veces nos han preguntado si era un Ferrari y que más admiración ha recibido. El nuevo 4C Spider era el coche que necesitaba una marca de la nobleza e historia de Alfa Romeo para situarla en el mapa de nuevo y de donde partir con un modelo emblemático que desde su puesta en comercialización de la versión coupé, se ha convertido en un objeto de colección. Para la ocasión intercambiamos el Mini con nuestros compañeros en Requena y recorreremos la CV395 hasta Chulilla, pasando por Chera y Sot de Chera una ruta llena de curvas, asfaltos de todo tipo y en ocasiones bastante estrecha, pero ideal para nuestra montura.

Los italianos han puesto toda la carne en el asador para hacer un coche puro, extremo y exclusivo como pocos. Para empezar el chasis entero es de fibra de carbono, como los coches de un millón de euros, no monta dirección asistida, nada filtra lo que ocurre entre las ruedas y tus manos. El motor está montado en posición central, un 4 cilindros de 1.8 litros y 240 CV que lo catapulta de 0 a 100 en 4,5 segundos y que emite un sonido que cualquier cosa por debajo de escandaloso sería quedarse cortos. Este cocktail, en un coche que apenas pesa 1000 kilos, se convierte en un aparato muy especial, sin competencia en cuanto a sensaciones, que son lo más parecido a un coche de carreras que hemos probado. Todo ello con el cielo como techo, puesto que en la especial versión Spider, es desmontable y se camufla en el minúsculo maletero tras el motor.

Y es que este coche tiene unos protocolos y ciertas limitaciones. No es un coche de diario, lo que lo hace más especial si cabe, es un coche que coges el día que vas a conducir y nada más, y justo en ese momento, el festival de sensaciones es inigualable. La dirección sin asistencia te obliga a coger el volante fuerte con dos manos, lee todas las imperfecciones de la carretera y coge vida propia en baches y juntas, pero se aprovecha para controlar las levas de cambio de doble embrague en modo manual, tiene un modo automático pero no nos ha gustado. En nuestra parte favorita de la carretera, de Sot de Chera a Chulilla, el ruido que llega al habitáculo del motor es brutal, anula casi el del aire, que no es poco, pero te induce a pisarle para oír cada reducción de manera exagerada, cada petardeo del motor y el resonar con las paredes de piedra del camino que hemos escogido para la prueba. Pone los pelos de punta.

En marcha nos ha encantado el tacto del freno, duro y consistente, lo aguanta todo por mucho que abusemos del pedal, y como ya no hay coches así de ligeros, la falta de inercia en el paso por curva no deja de llamarnos la atención, en curva rápida es rapidísimo, pero en las lentas la falta de asistencia en la dirección nos hace tener que hacer un plus de fuerza, que el que escribe lo ve parte del encanto pero no a todos convence. La patada del motor es muy contundente y las aceleraciones fulgurantes.

Eso sí, en el interior lo justito, un aire acondicionado, una radio de dudoso estilo y algún plástico que desentona en las puertas, pero todo se olvida al mirar al suelo y tras los asientos, al ver la fibra de carbono al aire, preciosamente terminada, como si de un McLaren o un Ferrari Enzo se tratara.

Es el antidepresivo perfecto, llamativo, rápido y divertido como pocos.