Las Provincias

Galopar al aire libre

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Diseño excepcional para el que, para muchos, es el mejor Mustang de la historia.

  • Este caballo salvaje, el Mustang, se viste de cabrio para recorrer la costa y hacer disfrutar de su potencia y diseño icónicos a toda la familia

  • FORD MUSTANG CABRIO 2.3 ECOBOOST

En nuestra lista de coches para disfrutar del verano no podía faltar el nuevo Ford Mustang, y diremos que es el más peligroso de todos los coches que van a pasar por nuestras manos en este periodo, peligroso no por su conducción, sino porque, por 45.000 euros y viendo lo bien que se venden de segunda mano, corremos el peligro de comprarlo, igual que muchos de los aficionados que terminen leyendo esta prueba.

Antes comprar y tener un Mustang era una locura de aficionados al 'pony car' americano. Ford no lo vendía en sus concesionarios, así que había que importarlo o comprarlo importado, con una serie de gestiones para el seguro, la reparación o las piezas que hacen que los Mustang sean coches, sobre todo, para fin de semana. Ford, con su nueva estrategia global, decidió que el Mustang se iba a vender en Europa, y para ello no sólo lo ha puesto en los concesionarios con un precio muy llamativo, sino que además lo ha llenado de tecnología y calidad para convertirlo en el mejor Mustang de la historia.

Muchos más que imagen

Empecemos por el diseño. Casi cinco metros de coche con un largo capó, afilados faros, preciosa parrilla y una trasera que no deja lugar a dudas sobre su origen Mustang, con las tres franjas de los pilotos es un vanguardista color translúcido. Le sigue un chasis muy bien diseñado, con un eje trasero multibrazo más eficaz que los ejes rígidos anteriores, un interior con una calidad sobresaliente, similar a la de muchos coches europeos, lo cual es un gran halago, pero también muy bien equipado y, por último, dos motores, el clásico V8 de cinco litros con 420 CV y el nuevo 2.3 litros turbo de 315 CV, que es el que cae en nuestras manos con la carrocería descapotable.

La llave de este Mustang amarillo con el que nos miran por la calle ya denota la alta calidad de este coche. No nos gusta dar el cante, pero puestos a hacerlo, plegamos la capota de tela tan pronto como nos subimos.

Los asientos delanteros son enormes y sujetan bien. Son grandes butacas con calefacción y ventilación, detalle muy bueno en un cabrio en el que el sol o el fresco aparecen en días en los que quieres ir descapotado. Hay unos asientos Recaro opcionales que pierden este sistema... no se puede tener todo. El volante es grande y con el aro grueso, y nos lleva a unos relojes clásicos. En la consola, una gran pantalla táctil nos enseña lo fácil que es hacer las cosas fáciles cuando los ingenieros se lo proponen. Hay algunos mandos más para el clima, la dureza de la dirección o el control de estabilidad que, de momento, no tocaremos.

Un motor a la altura

Queríamos probar el Mustang con motor V8, pero nos dejan este cuatro cilindros turbo con caja manual y. tanto mejor, pensábamos que sería de paseo y hemos descubierto que es el que mejor se acoge a nuestras necesidades.

Arrancamos y el bramido del motor está presente, pero sin asustar a nadie. La caja manual es dura y de recorrido corto, aunque no se puede cambiar muy rápido porque los sincronizadores hacen que 'rasque', especialmente entre segunda y tercera, al menos en nuestra unidad de pruebas. El Mustang se mueve ligero y, si pisamos a fondo es rápido. Ya en las primeras curvas de nuestra ciudad, con el asfalto muy resbaladizo por el calor y el paso e tantos y tantos coches, notamos como, con el acelerador, la trasera derrapa un poco antes de que el control de estabilidad devuelva el coche al sitio. En cuanto le cogemos el truco repetimos ya que, sin asustar a nadie, disfrutamos como pocos coches ya permiten, todo ello a baja velocidad y sin 'hacer el burro'.

Para disfrutarlo en familia cargamos el coche con los aparejos para una jornada de navegación con amigos, lo que incluye, en nuestro caso, una sillita infantil. Rodar por la autopista, descapotados, con un niño en su sillita y tres felices pasajeros más nos hace objeto de fotografías con los móviles. Sorprende lo bien que tapa el viento este Mustang, ya que logramos que al 'peque' no se le vuele la gorra mientras disfrutamos del sol. Ya en el peaje capotamos el coche rápidamente y empezamos a aligerar el ritmo, no sea que el barco zarpe sin nosotros.

El Mustang acelera con rabia -salir de un peaje a fondo todavía está permitido-, y alcanza velocidades altas con facilidad, con unas cifras que nos hacen olvidarnos del V8 y su bramido. El 2.3 turbo, un motor que se fabrica en Valencia y que se envía tanto a Michigan para su montaje en el Mustang como a Alemania para impulsar, con 350 CV, al Ford Focus RS, suena de maravilla y, sobre todo, consume mucho menos que el V8.

Homologa algo más de ocho litros, pero incluso apretando no ha pasado de 11, una barbaridad para un utilitario pero poquísimo, créannos, para un deportivo Mustang.

Llegamos a la costa con ganas de diversión, y tras un día de sol, mar y arroz, decidimos darnos una 'vuelta extra', sin la familia, por las carreteras del interior de la zona. Es hora de poner el modo de conducción en sport y aprovechar la potencia del coche. Más que acelerar a fondo, nos dedicamos a apurar los frenos Brembo que detienen el coche de maravilla, disfrutamos de una suspensión muy precisa y nos movemos en el coche con una gran precisión.

Muy divertido

Está claro, el Mustang 2.3 Turbo es mucho más que 'postureo', es un coche que se disfruta, con una dirección muy precisa que nos gusta más en su tarado intermedio, un cambio deportivo y una trasera que quiere protagonismo.

Volvemos a casa por autopista, con nuestra pareja al volante, con medio pasaje durmiendo, gran confort y el consumo en ocho litros de promedio. Este coche nos engancha, y aunque parece que no sirve para moverse en el día a día -francamente, ir al súper es un 'canteo'- sí que nos gustaría tenerlo en el garaje, así que preguntamos su precio tal y como está de equipado, sale por 45.000 euros.

Está claro que Ford ha acertado con el Mustang, un coche que engancha por su carisma y convence por su rendimiento, ya que el 2.3 es para mucho más que pasear. Y si queremos más, ahí están el V8, el coupé, el automático y muchas más versiones con garantía oficial Ford.