El colombiano (Medellín, 25-7-88) es otro piloto que tiene posibles, como Bradl, y se ha buscado la vida para hacer lo que más le gusta. Yonny Hernández empezó muy tarde. A los quince años debutó en el motocross y comprobó que su pasión tardía por las motos se basaba en unas cualidades magníficas. Tenía carácter, calidad y valentía. Se hizo famoso en su país porque inmediatamente se proclamó campeón de Colombia de motocross. Era el año 2003. Subcampeón en 2004, al año siguiente reeditó su título. Sabía que si quería triunfar en el motociclismo debía venirse a España. Lo hizo. Llegó en 2008. A la temporada siguiente compitió en el Campeonato de España, el filial del Mundial. Alcanzó la cuarta posición en la cilindrada de Supersport.
Su altura, 1,83, le exigía saltarse las categorías pequeñas e ir directamente a las potentes. Su arte para meterse por zonas imposibles le hizo ganarse un sitio en el Mundial 2010. Debutó en Moto2. Era el primer colombiano en correr a este nivel en la historia del motociclismo. El año pasado dio otro salto adelante en un equipo importante, el Blusens. Realizó grandes premios espectaculares, con un riesgo al límite que le hizo rodar por los suelos y no rematar faenas. Pero este chico tenía maneras. Fogoso, aguerrido, ahora ha ascendido a MotoGP para conducir una CRT de la escudería Avintia Racing. Si se sabe controlar, lo hará bien. Hay mimbres.
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