Los vecinos de Suertes del Mar de Dénia regresan a casa 22 días después del desalojo

Willem Arena, ayer por la tarde, junto a su local en el edificio Suertes del Mar después de que se retirara el precinto. / R. González
Willem Arena, ayer por la tarde, junto a su local en el edificio Suertes del Mar después de que se retirara el precinto. / R. González

Los dueños de los locales se preguntan si alguien se hará responsable de las pérdidas porque «la estructura nunca ha estado afectada»

R. GONZÁLEZ DÉNIA.

Los vecinos del edificio Suertes del Mar, en Dénia, pudieron regresar ayer por la tarde a sus casas 22 días después de que la finca fuera desalojada por problemas estructurales. Poco a poco el inmueble de 34 viviendas fue recobrando vida y los locales comerciales de los bajos encendieron las luces y se pusieron manos a la obra para limpiar y prepararse para recibir a los clientes tras más de tres semanas cerrados.

A primera hora de la mañana se procedió a colocar unos puntales que desde el departamento de Urbanismo les habían solicitado a la comunidad de propietarios el día anterior, según señaló la administradora de la finca. Entonces se pasaron fotos para demostrar que se había cumplido ese requisito y solo les quedaba esperar a que desde el ayuntamiento redactaran el informe que diera el visto bueno al regreso de los vecinos.

Fue sobre las 15.30 horas cuando se le notificó a la administradora que ya podían volver. En ese momento la Policía Local levantó el precinto y les comento a los locales de los bajos que hoy retiraría las vallas de protección que se habían usado para cerrar la zona de aparcamiento y marca el tramo por donde podían pasar los peatones.

La concejal de Territorio, Maria Josep Ripoll, hizo hincapié en que en el momento en que contaron con toda la documentación solicitada se revisó todo y se ultimaron los detalles para dejarles volver porque «se ha de presentar todo bien porque es por su seguridad». Según remarcó, los afectados se habían comprometido a que ayer entregarían el documento en la forma que les habían solicitado y así lo hicieron.

La administradora, en cambio, subrayó que desde el principio que se habían remitido informes a Urbanismo y lamentó la demora en dar permiso a los residentes para ir de nuevo a sus casas.

Uno de los vecinos y además propietario de uno de los locales, Willem Arena, explicó que él se había visto perjudicado por partida doble, «sin casa y sin negocio». Durante este tiempo había tenido que alojarse con amigos pero que esa noche por fin volvería a dormir en su cama.

Según señaló, este «cúmulo de circunstancias y mala suerte» se traducirá en importantes pérdidas ya que el desalojo les pilló en pleno agosto, un mes que llevan esperando todo el año para ganar un dinero extra «para pagar facturas y pasar el invierno». Willem incidió en que se tuvieron que marchar justo cuando este verano habían empezado bien la campaña. «Todos los días estaba a tope», pero todo se fue al traste ese 16 de agosto cuando acudieron policía y bomberos para pedirles que salieran de las casas y de los locales.

Grandes pérdidas

Otro de los propietarios de un negocio aseguró que la media de pérdidas de los locales por este cierre tan prolongado en pleno verano superaría los 30.000 euros. Además, insistió en que «la estructura nunca ha estado perjudicada». Según subrayó, los informes de los arquitectos y aparejadores «coinciden en la estabilidad» del edificio.

Por ese motivo, los propietarios de los locales se preguntaron si alguien les iba a pagar por los perjuicios ya que son locales de temporada. En ese sentido, indicaron que si alguien en el Ayuntamiento de Dénia iba a responder.

Entre el trasiego de repartidores que empezaban a abastecer a los restaurantes de Suertes del Mar y los empleados limpiando los locales y terrazas, una familia salía del edificio para ir a darse un baño. Ellos no acababan de llegar. Según admitieron, habían vuelto el pasado viernes, a pesar del precinto.

El motivo es que eran ocho personas y en dos semanas de alojamiento en pleno agosto habían agotado el dinero que les quedaba y preferían entrar en su casa que quedarse en la calle, sobre todo porque tienen un niño pequeño de tres años. Relataron la policía ya sabía que estaban porque habían llamado a la policía y que los agentes les dijeron que si regresaban a pesar del precinto lo hacían por su cuenta y riesgo.

Cuando el 16 de agosto les dijeron que tenían que abandonar su vivienda les pilló con la comida en la mesa. «Teníamos espaguetis», dijo una niña de la familia. Cuando regresaron se encontraron que tenían gusanos en casa.

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