PRUEBA DE ESFUERZO

Para la valoración cardiológica específica en un deportista, éste debe someterse al menos a un cuestionario de salud, una historia clínica completa, además de una exploración cardiovascular exhaustiva y un electrocardiograma. En los deportistas habituales se debe incluir también la realización de una prueba de esfuerzo y un ecocardiograma, todo ello con el fin de detectar una patología cardiaca, muchas veces silenciosa, y que puede conllevar consecuencias muy graves. La prueba de esfuerzo consiste en someter al corazón a un esfuerzo físico progresivo, lo que permite al cardiólogo valorar el estado de salud de las arterias coronarias del deportista. La presencia de lesiones en dichas arterias son la primera causa de muerte súbita en deportistas de más de 35 años de edad.

A día de hoy la tecnología nos permite realizar ergoespirometrías, conocido como «pruebas de esfuerzo con gases», que aporta información del sistema de transporte de oxígeno del organismo, mediado por la respuesta del sistema cardiovascular, respiratorio y del metabolismo. Con ella, valoramos parámetros que indican la capacidad funcional del deportista y permiten controlar su evolución en distintos momentos de la temporada, así como recomendar el intervalo de frecuencias cardiacas adecuadas para realizar ejercicio físico.

El segundo gran pilar del reconocimiento preparticipativo en deportistas es el ecocardiograma. Con esta técnica, obtenemos una valoración morfológica del corazón y se pueden diagnosticar la mayoría de las principales patologías que pueden relacionarse con la muerte súbita en pacientes jóvenes menores de 35 años. Es la técnica diagnóstica que más información nos aporta desde el punto de vista cardiovascular en ésa franja de edad. Este tipo de pruebas deben realizarse de manera anual, tanto en deportistas profesionales como en aquellos no profesionales, y principalmente en aquellos deportistas con factores de riesgo cardiovascular. En el caso de detectar alguna patología, no siempre se le recomienda al deportista suprimir la práctica deportiva, sino que en algunos casos, basta con reducir la carga y la intensidad de trabajo.

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