Propietarios del grupo Antonio Catalá de Dénia aseguran que la finca no estaba para desalojar

Varios vecinos que han desalojado sus pisos en el grupo Antonio Catalá y propietarias esperan en la calle junto a un agente de la Policía Local. / Tino Calvo
Varios vecinos que han desalojado sus pisos en el grupo Antonio Catalá y propietarias esperan en la calle junto a un agente de la Policía Local. / Tino Calvo

Varios inquilinos de los pisos afectados lamentan la premura de la medida y afirman que no saben dónde van a dormir ellos y sus hijos

R. GONZÁLEZ DÉNIA.

No queda ya ningún vecino en el edificio del grupo Antonio Catalá de Dénia desalojado ayer por la mañana. La mayoría de los inquilinos de las diez viviendas de la finca dejaron su casa antes del plazo marcado por el ayuntamiento, que avisó que tenían que dejar las viviendas por el estado del inmueble. Sin embargo, el portavoz de los propietarios aseguró ayer que la medida era excesiva que los especialistas que habían consultado decían que la finca no estaba para desalojarla.

El portavoz recalcó que llevaron dos arquitectos y un técnico y que sí hay problemas en las plantas bajas pero que eso no requería que los inquilinos tuvieran que abandonar los pisos. Según comentó, disponen de un informe verbal pero no de un proyecto puesto que «no nos han dado tiempo para actuar».

Asimismo, explicó que habían tratado de detener el desalojo del edificio al acudir los arquitectos y el técnico el lunes a Urbanismo, pero que allí les dijeron que el arquitecto municipal no les podía atender y que tenían que solicitar una cita previa.

Finalmente, ayer por la mañana la Policía Local de Dénia acudió al grupo Antonio Catalá. Solo quedaban unas cuatro familias que bien temprano habían recogido sus pertenencias y estaban en la calle. También acudió al lugar la concejal de Territorio, Maria Josep Ripoll, y una técnico de Urbanismo. Entonces se decidió dejar hasta por la tarde de tiempo para que los vecinos que necesitaran sacar alguna de sus cosas pudieran hacerlo antes de proceder a precintar la zona.

El plazo para que los inquilinos puedan regresar a las casas «depende de los propietarios», que deben encargar un proyecto para rehabilitar la finca y ejecutar las obras, comentó la regidora. Según Ripoll, desde el consistorio se ha intentado hacer lo máximo e insistió en que los propietarios eran conocedores de la situación desde mayo y que tenían que actuar porque, aunque tener que desalojar «es desagradable, no podemos jugárnosla».

Los inquilinos y algunas propietarias presentes no entendían la urgencia de la medida. La situación de algunos vecinos es complicada, pues, según indicaron, tres familias no tienen dónde quedarse. Ese es el caso de Cecilia Andújar, que vivía de alquiler en uno de los pisos. Se preguntaba desconsolada: «¿Dónde va a dormir mi familia esta noche porque tengo un niño de 12 años?».

Cecilia había pasado la noche del lunes al martes en casa de una amiga, pero era algo provisional, recalcó. Tiene una hija que vive a pocos metros del que hasta ese momento había sido su hogar, pero no podía acogerla pues su casa era pequeña y no cabían tres personas más. Además, en la habitación de su nietecito, de solo unos meses, es donde había dejado las pertenencias que habían sacado del piso. «Y lo peor es que ahora va a empezar el colegio mi hijo», lamentó con ojos llorosos.

«La culpa la tiene mi propietaria», reconoció Cecilia. También destacó lo complicado que les está resultado encontrar una vivienda para alojarse porque, según dijo, desde Bienestar Social les comentaron no están disponibles las pocas casas que tienen. «Me han dado números para que llame y busque», comentó, pero le han ofrecido alojamiento a diez euros diarios, lo que eleva mucho el coste mensual al ser tres. «Yo no quiero que me den algo por la cara, no lo quiero gratis», recalcó y apuntó que estaba mirando pisos por unos 450 euros.

Otro de los inquilinos afectados, Pedro, admitió no tenía un lugar donde ir tras dejar el piso, aunque el propietario le estaba ayudando a buscar. En su caso vivían dos personas en la viviendas y al desalojar llevan consigo lo poco que tenían. Según reconoció, «puede que duerma en el coche». Es de Albacete y no tiene familia en Dénia.

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