Pego, el pueblo donde el apodo suplanta al nombre

El Bar Daniel, situado en la Plaza del Ayuntamiento de Pego. / B. O.
El Bar Daniel, situado en la Plaza del Ayuntamiento de Pego. / B. O.

Los vecinos heredan los motes de sus antepasados y apenas se crean nuevos en un municipio en que los jóvenes cada vez los usan menos

B. ORTOLÀ PEGO.

Si uno quiere dar con alguien en el municipio de Pego, le será mucho más fácil preguntar por su apodo que por su nombre y apellidos. En esta localidad sigue muy arraigada esta tradición de llamar a las personas por un mote, casi siempre con una pizca de sorna. Algo que en la mayoría de los casos se hereda junto a las fincas y las deudas, nadie se escapa. Aunque en la actualidad muchos desconocen cual era el origen.

Los hay de todos los tipos, la agudeza del pegolino para bautizar no tiene límites. Algunos se refieren a los oficios que desarrollaban como el 'Cotxero', 'Sabatera', 'Sifoner', 'Alguazilet', 'Carbonero', Calero' o 'Cementeriero', que son fáciles de relacionar. Aunque con algunos había que hilar muy fino, como 'Padur', un vecino que era transportista y al que se le acuñó con la expresión 'pa dur' (para llevar).

Los había quienes les bastaba con ver el físico de alguien para inventarse el mote. Entre ellos 'Cap de xoto', por las proporciones de su cabeza; 'Rosquilla' por su delgadez; u otros como 'Panxeta', 'Melic', 'Xaparro', 'Panxa Blava', 'Morrut' o 'Boqueta de xona'. También por su forma de vestir como 'Barret' porque siempre llevaba un sombrero; 'Pare Sant', que llevaba habitualmente una capa como lo hacían los santos; o 'Saragüelles', quién vestía con unos pantalones anchos similares a los 'saragüells'. Otro que destacaba por su vestimenta era el 'Dandy', al que llamaban así por su porte elegante. Aunque su hijo matiza que, a diferencia con otros vecinos que llevaban traje en el pueblo como su padre, «él llevaba buenos zapatos, mientras la mayoría llevaban zapatillas más usadas».

Los que llegaban de otros municipios u otros países tampoco escapaban de tener apodo. Algunos de ellos procedían de Estados Unidos como 'All right' quién siempre terminaba sus frases con esta típica expresión americana.

'Baix terra' también llegó a Pego desde Nueva York. Cuando le preguntaban que había estado haciendo allí, él explicaba que había trabajado bajo tierra en la construcción del metro de la ciudad americana.

A otros vecinos tan solo les nombraban por su topónimo como 'Llosa', de Llosa de Camatxo; 'Gallina' (procedente de la Vall de Gallinera), 'Atzuviano', 'Alcoià', 'Castellà' o 'Xurro'. Algunos emigraron a Pego con el apodo desde su municipio de origen, como ‘Sopa’ o el ‘Gamba’ quién de joven tenía mal carácter cuando le llevaban la contraria: “era una persona con mucho genio, aquí en la comarca es típico decir que es una persona ‘pudenta’ (maloliente) como la gamba que no está fresca”, una expresión que en la zona se relaciona con las personas que se enfadan con facilidad. Muchos apodos hacían referencia a expresiones o anécdotas como 'Pasiego', 'Saca la Cuerda', 'Frontera', 'Brasa', 'Sono' o 'Asprella' cuyos herederos recuerdan vagamente su procedencia. Y 'Taüt', carpintero de profesión, que no quería que lo enterrasen con una manta, como se hacía en la época, por ello se fabricó un ataúd que guardaba en su casa.

Muchos motes nacieron en periodo de guerra o la postguerra. De nuevo la ironía era un arma muy utilizada. Así lo demuestran nombres como 'Set jaques', quién, en aquellos tiempos tan austeros, presumía de tener siete chaquetas, una para cada día de la semana. O 'Filosa', un señor que decía no tener miedo de la guerra, porque si alguien le iba a buscar, no dudaría en sacar y usar su filosa (una tipo de navaja de grandes dimensiones). También los había quienes tenían muy poco para comer y sobrevivir, como 'Pa de quilo' quién aseguraba tener siempre tanta hambre como para comerse un pan que pesase un kilogramo. El deporte también se usaba para cambiar el nombre. Algunos los definían por su forma de jugar al fútbol, como 'Finor' porque su calidad era patente cuando pisaba el terreno de juego. O el 'Terrible', que imponía su bravura para atemorizar a los delanteros rivales.

Tradición venida a menos

A pesar de que la mayoría de pegolinos cuentan con un apodo, su uso se va reduciendo poco a poco a las personas de mayor edad. Así lo explica Daniel Naya, copropietario del Bar Daniel, el 'verdadero archivo' de esta tradición donde a todo hijo de vecino se le llama y conoce por su apodo. Naya y su hermano Javier se han convertido en expertos de la materia, incluso relacionan los apellidos con los diferentes motes, aunque tampoco conocen el origen de muchos de ellos, «es una pena, si lo supiese, ya habría escrito un libro».

Además lamentan que muchos jóvenes desconocen su legado, «cuando nos dicen de quiénes son familia, nosotros los asociamos con su apodo». Las nuevas generaciones pegolinas tampoco echan mano de este arte para renombrar a la gente, «ya no es igual que aquella época, al final nos conformamos con los que nos vienen de familia», comentan.

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