LIBROS

JESÚS REINA

Un conocido me transmitió su desilusión por una Dénia anclada en profunda crisis, la de una historia repetida por sucesivos líderes y ejecutivos obstinados en la involución, en un declive que convierte a los reflexivos en desesperanzados crónicos, y que últimamente se intenta esquivar con expectativas cocinadas desde la burbuja gastronómica.

Más allá de la gestión diaria, la ausencia de concreción de ideas ilusionantes parece afectar igualmente a gobierno como a oposición, los primeros asfixiando al pueblo con indecentes subidas de impuestos locales, y los segundos abstraídos en innecesarias propuestas de urgencia para renombrar lugares con identidad propia.

La Marineta Cassiana es un bello lugar cargado de paisajes y recuerdos para todos los dianenses, un paseo inexpugnable a artificiosas ocurrencias, y que sólo denotan una cierta distracción de las cuestiones relevantes.

Mis grupos sociales son dispares, pero todos elegidos, porque el tiempo es escaso y hay que ser selectivo. Ahora también asisto a un taller de lectura, de esos donde se habla de libros, palabras y sensaciones, exponiendo impresiones diversas con las que alimentar debates contrarios al bostezo.

La última obra condujo por teorías sobre la insatisfacción, del engaño, incluso por la típica crisis de los cuarenta, a lo que un compañero añadió que suele coincidir con el momento en el que tenemos conciencia de poseer historia personal, recorriendo mentalmente un camino que puede acabar en el rocío de la tristeza. Creo que el intento de modificar la memoria propia provoca rebeldía, por lo que me llevó a pensar nuevamente en la aludida Marineta, y en la falta de acogida de dicha propuesta plenaria, asunto estéril ni aún añadiéndole todas las estrellas del mundo.

La lectura obliga a pensar, y el taller me ayuda a diseñar acciones con pinceladas de otras inquietudes que trataré de poner en marcha, incluso acordándome de una crisis de la que se sale sin huir, con la adaptación, bastando en muchos casos con leer una buena novela de esas que infunden pasiones, tal vez el «el río de la vida».

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