Carta en memoria de José Ferrando Orta, exconcejal del PP de El Verger y diputado provincial

El empresario José Ferrando Orta, a la derecha/LP
El empresario José Ferrando Orta, a la derecha / LP

«Trabajó mucho, con pasión, porque creía firmemente que la política obligaba a ello, a conseguir los mejores acuerdos para su gente: sus vecinos de El Verger y de la Marina Alta»

Pepe Ferrando

Todos los que tenemos fe sabemos que estará allá arriba, esperándonos, con la paella a medio hacer y la melva desalada. Estará con sus padres, con su hermano, con sus primos, con los amigos que se fueron antes que él, compartiendo mesa y risas, porque eso era lo que más le gustaba hacer aquí, y eso es lo que seguirá haciendo.

Él era el marido atento, el padre comprensivo, el abuelo cariñoso, el hermano pequeño, el tío divertido, el amigo leal, el político honrado. Amaba la tierra, los naranjos, los olivos y también el mar. Le era imposible decir no porque era generoso. Compartía su pan y su alegría con todo aquel que se le acercaba.

Sabemos que estos días muchos habéis recordado de él no las grandes cosas, sino las pequeñas anécdotas, los detalles, aquella vez que os dijo esto o lo otro. Aquella vez que os acompañó a aquel sitio. Aquella vez que le pedisteis ayuda y - si estuvo en su mano- os la prestó y -si no lo estuvo- la buscó por todos los medios.

Cuando llegó la democracia se dejó convencer para que trabajara por su pueblo desde la política. Empezó por abajo, como concejal, en El Verger. El lugar que llevaba en el corazón. Luego pasó a la Diputación Provincial, pero él seguía con sus naranjas y con sus olivos. Y cuanto más arriba llegaba, más fuerte se anclaba a la tierra.

Tuvo una vida como pocos. Trabajó mucho, con pasión, porque creía firmemente que la política obligaba a ello, a conseguir los mejores tratos y los mejores acuerdos para su gente: sus vecinos de El Verger y de la Marina Alta. Y las Cofradías de Pescadores. Y las Denominaciones de Origen. Y todo el sector agroalimentario de la Comunidad Valenciana.

Con su familia, aún fue mejor. Tuvo la suerte de conocer a sus cinco nietos, que le adoraban. Y nosotros tuvimos la suerte de tenerlo a él, uniéndonos a todos, preocupándose por todos. Llamándonos por nuestros santos y nuestros cumpleaños. Preguntándonos por nuestras cosas y escuchándonos atentamente cuando se las contábamos. Aunque fueran cosas pequeñas, nos hacía sentir importantes.

Sabemos que lo sabéis, porque estáis aquí. Y sabemos que estáis aquí porque le queríais. ¿Cómo no quererle? Eso era imposible.

Porque Pepe Ferrando, era un buen hombre. Más aún que eso. Era un hombre bueno.

Tu familia.

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