Las Provincias

VUELVEN LAS MONTAÑAS

A los alpinistas más atrevidos se les suele preguntar por la razón de subir montañas, especialmente con aquellos que se juegan la vida, los que han sufrido congelaciones severas o accidentes mortales de compañeros y, pese a todo, en ellos siempre vence la voluntad de ascender. Incluso en lo cotidiano, el ser humano quiere ver más allá con una perspectiva diferente. La montaña es deporte y ciencia, aire limpio y salud, un inmenso paisaje para dar rienda suelta a inquietudes artísticas sin someternos a su crítica.

Algunos afirman que George Mallory fue en 1929 el primero en hacer la cumbre del Everest, y, aunque su cadáver fue encontrado en la ladera setenta y cinco años después, con ello sólo se consiguió reforzar las tesis de la hazaña. Cuentan que en la promoción de su expedición por Norteamérica siempre le preguntaban por la obsesión de subir montañas, y ya harto contestó, «porque están ahí».

No creo que sea una respuesta suficiente, pero el lenguaje ordinario no puede contestar a la motivación de exponer la vida sin recompensa material alguna. Yo creo que si el frío, el agua y el viento, son capaces de modelar el paisaje, también lo es con el alma humana.

Subo montañas a mi manera, y por eso llevo años implicado en las celebraciones del 11 de diciembre, del Día Internacional de las Montañas, porque en el balance siempre gana el empeño de alzar la bandera.

El año pasado la levantamos desde Calp en su Penyal y Oltà, y en este 2016, por voluntad del alcalde de Benissa, llevaremos el DIM a Bernia. Juan Bautista Roselló es un enamorado de la montaña y, junto a él, con la Diputación de Alicante y el Colegio de Ingenieros de Montes, se rendirá homenaje a la imponente presencia de Bèrnia y las sierras de la Marina Alta.

Seguramente, hago estas cosas por admiración al medio rural y sus formas de vida tradicionales, por tener un corazón aferrado a montañas que permiten despertar del sueño de la rutina, por inspiración del Montgó.