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José Manuel Sempere durante un entrenamiento con el Valencia
José Manuel Sempere durante un entrenamiento con el Valencia / Irene Marsilla

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Valencia CF | José Manuel Sempere: «En Segunda íbamos todos a una para ascender. Di Stéfano nos guió, era un padre»

  • «El descenso sirvió para sentar unos pilares, resituar al Valencia y que no volviera a pasar», recuerda el exportero del Valencia CF

José Manuel Sempere (Torrellano, 15 de febrero de 1958) debutó con el Valencia en Primera División el 27 de septiembre de 1980. Besó el santo con una victoria en el Camp Nou por 0-3 (Solsona -2- y Morena). Jugó 270 partidos de Liga y más de 400 en todas las competiciones. Convivió siempre con una familia numerosa de cancerberos: Pereira, Manzanedo, Balaguer, Bermell, Antonio, Serna, Ochotorena, González, Zubizarreta... Llegó a Mestalla de la mano de Pasieguito, como uno de los porteros más prometedores de España. Su último partido fue el 4 de enero de 1995 contra el Corralejo en Copa del Rey. Mañana el Valencia cumplirá el trigésimo aniversario del ascenso a Primera. Los goles de Quique y Subirats ante el Recreativo de Huelva certificaron la vuelta a la elite con Sempere guardando la portería valencianista. En Segunda jugó 31 partidos. Hoy, sus manos siguen siendo su forma de vida. Desde hace más de veinte años gestiona una clínica de fisioterapia con el esqueleto del nuevo Mestalla como paisaje.

Le he de reconocer que usted fue mi ídolo de la infancia.

La verdad es que cuando eres futbolista no eres consciente del impacto que puedes tener en la gente joven. Ahora, con el paso de los años, cuando me lo dicen me impacta. ¿Cómo es posible que se tenga tanta admiración por un jugador de fútbol? Es algo que se debería usar siempre de un modo positivo, para que los futbolistas intenten hacer siempre las cosas bien. Un error propio en el campo lo puede vivir el aficionado con mucho dolor.

Mañana se cumplen treinta años del ascenso a Primera. Un victoria ante el Recreativo en Mestalla devolvió al club a su sitio. ¿Por qué bajo el Valencia a Segunda?

Veníamos de dar tumbos durante varias campañas. El descenso sirvió para sentar unos pilares, para resituar al equipo y para que en el futuro no volviera a pasar. En 2008, con Koeman en el banquillo, la gente tomó conciencia de que se podía bajar a Segunda. Se hicieron cosas para que no pasara. Ahora, cuando existe ese miedo, el valencianismo se agrupa para que no vuelva a ocurrir.

¿Aquel descenso le vino bien al club, al equipo y a los jugadores a nivel individual?

Puede ser. Entró una directiva nueva que saneó al equipo a nivel económico. A nivel deportivo se dio la oportunidad a gente de la cantera y se pudo comprobar que en Paterna había buenos jugadores y muy competitivos.

En 1983 un gol de Tendillo salvó el descenso. Tres temporadas después se bajó. ¿Era el destino de aquel Valencia

Igual si aquella directiva -presidida por Arturo Tuzón- hubiera entrado antes... El tema no era bajar o no, sino cambiar una dinámica que se vio que no beneficiaba al Valencia ni a la ciudad ni a los jugadores.

Pero aquel Valencia venía de ganar una Copa del Rey, una Recopa, una Supercopa... ¿Cómo se asimila el fracaso?

La verdad es que no llegas a entender cómo entras en esa cadena de perder partidos. No ganas, no sales de la mala situación, no rindes. Al final es que casi todos éramos de Valencia y teníamos el reto de devolver al equipo a Primera.

¿Pudo Sempere fichar por otro equipo y no jugar en Segunda?

Posibilidades reales no lo sé. Hubo rumores pero fui el primero que dije que no me movía de aquí.

Hoy el sentido de pertenencia es una excepción.

Ahora mismo creo que no ocurriría lo mismo. Antes el vínculo era otro. La relación con el club y entre los jugadores era otra historia.

Ahora hay un telón de acero entre los jugadores y los aficionados que alimenta el propio club.

No sé quién se beneficia de eso. Si pides el apoyo del público y no dejas que se acerque a los jugadores... Antes había otra relación, otro sentimiento. La afición bajaba al campo, los periodistas entraban en el vestuario. Era todo más familiar y humano.

¿Cómo se recicla uno para pasar de visitar el Camp Nou o el Bernabéu a ir a jugar a El Almarjal en Cartagena y al Javier Marquina en Castellón?

No tienes que estar pendiente de los recuerdos. Fuimos un buen equipo, íbamos todos a una y había una camaradería muy buena, incluso se puede hablar de amistad que hoy todavía continúa.

¿Quién era el líder del vestuario?

No había uno sino gente con mucha personalidad como Arias o el propio Quique. También Voro, Giner... Si había un problema, nos reuníamos y hablábamos. Y si había que irse de comida, nos íbamos. Había un compañerismo muy grande.

Si tuviera que elegir un jugador, ¿con quién se quedaría?

(no duda) Kempes. Ha sido el mejor jugador que yo he visto con diferencia. Era de otro planeta.

¿Qué papel jugó Di Stéfano?

Nos guió. No fue un entrenador de imponer a la hora de hacer las cosas. Él fue listo al dejar que el equipo funcionara como debía. Daba sus toques y luego era el equipo el que funcionaba.

También tuvo sentido de pertenencia el entrenador al seguir en Segunda.

Es que hubo un sentimiento compartido por todos de querer colaborar para devolver al Valencia a su sitio.

¿Era tan duro Di Stéfano?

Era como un padre. Cuando se cabreaba era por algún motivo pero si le respondías en el campo no había problema.

Pasieguito fue su valedor. Echa de menos figuras como esta en el actual Valencia.

Pasiego tenía un don especial. Estaba hecho para ese puesto. Pasieguito y Di Stéfano tenían un olfato especial.

¿Cómo le llevó Pasiego al Valencia?

Estaba en Tercera con el Orihuela. Fui al Mundial sub-19 con España. Buyo, que estaba en el Deportivo, era el titular. A mitad de temporada llegué al Mestalla pero entrenaba con el primer equipo.

¿Fue la figura más importante de su carrera?

Sin duda, es el que me fichó y el que me dio la oportunidad en el primer equipo cuando era entrenador.

Usted durante su etapa en el Valencia convivió cada temporada con muchos porteros. Primero con Manzanedo, Pereira y Balaguer. ¿Cómo lo llevaba?

La competencia era deportiva. La relación personal era otra cosa. Manzanedo y yo vivíamos casi juntos, con Pablo. Pereira al lado. Íbamos juntos, en el mismo coche a Paterna y luego a comer juntos.

¿Tres porteros en el actual Valencia son multitud?

Debe haber uno que sea el número uno y otro un poquito por debajo pero con todas las posibilidades de ser titular. Además, un portero en el filial preparadísimo que entrene con el primer equipo.

¿Quién cree que debería salir?

Yo creo que Alves es el mejor colocado para irse.

¿La portería del Valencia está bien guardada con Ryan y Jaume?

Ryan ha hecho una buena temporada en Bélgica y lo poco que ha jugado aquí lo ha hecho bien. Jaume también está preparado.

Valencia siempre ha sido cuna de buenos porteros. ¿Por qué se busca fuera lo que hay en casa?

No sólo pasa con los porteros. Mire Carlos Soler, se ha estado buscando fuera lo que teníamos aquí. Se le ha dado una oportunidad y ha respondido como si llevara años en el primer equipo. Al Valencia le ha venido muy bien. Igual el puesto de portero tiene más responsabilidad pero si se ve que de la cantera salen cancerberos hay que darles confianza. En el Athletic siempre van a salir buenos porteros porque saben que van a llegar al primer equipo.

Soler, Lato, Sivera, Gil, Nacho Vidal, Sito... ¿Le ilusiona esa vuelta a la cantera?

Esa es la identidad del Valencia. Este club siempre ha sido unos de refuerzos en la delantera o en algún puesto puntual -Bossio llegó en Segunda-, pero lo que es el conjunto siempre ha estado formado por valencianos o por futbolistas que han pasado por la cantera.

Ahora llega Marcelino al Valencia. ¿Puede significar lo que en su día fue Espárrago para enderezar el proyecto?

En aquella época se buscó a alguien con disciplina, se exigía en ese momento. Ahora igual hacía falta un entrenador con carisma, disciplina y que conociera el fútbol español. Alguien al que agarrarse. Las bases ya están puestas. A partir de ahí hay que construir el equipo.

¿Le gusta el perfil de Marcelino?

A mí sí. Que sea capaz de decir aquí estoy yo y se va a hacer lo que yo diga.

¿Es necesario que los jugadores sean amigos de los entrenadores para que funcione el grupo?

A la hora de trabajar hay que respetarse y saber qué puesto ocupa cada uno en el grupo. El primer paso dado con Marcelino está muy bien hecho.

¿Ha sufrido mucho estas dos últimas campañas con un Valencia muy próximo al descenso?

(resopla) Sí. Se ha ido de un lado a otro sin saber qué se quería cada día. No sabías a qué cogerte. Sin patrón de juego y no veías que hubiera una solución próxima. Todo generaba más incertidumbre. Menos mal que el club fue sensato puso a Voro como entrenador. Para mía ha sido como el Molowny del Real Madrid.

¿Cómo se llevan esos momentos de angustia en un vestuario?

Ves que la cosa no funciona, que vas para abajo y el jugador deja de rendir. Otros equipos con menos recursos te superan.

¿Se creyó a Prandelli?

Yo creo que se asustó. No quiso tomar responsabilidades y hasta cierto punto fue mejor porque entró Voro.

¿Qué espera de este Valencia?

Si se han sentado las bases, espero que se sepa ya qué se quiere. No buscar grandes jugadores con desembolsos millonarios. Hay que trabaja la solidez y luego crecer.

Confiese. ¿Todavía cree que la falta que señaló Lamo Castillo era indirecta? -Sempere hizo la estatua a un lanzamiento de falta de Alesanco en Mestalla en un partido ante el Barcelona al creer que el árbitro había marcado disparo indirecto-.

Fue un error muy grande por no coger la responsabilidad de parar el balón y punto. Miré al árbitro, incluso después en la repetición en televisión, y vi que tenía el brazo excesivamente levantado...

Entonces mantiene que era indirecta.

El árbitro decía que no, que era falta directa... Es un error que no tenía que haber cometido, la tenía que haber despejado y así me hubiera ahorrado muchas cosas después.

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