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Fútbol | Levante Femenino

«Tuvimos que reciclarnos, pero seguiremos luchando por los títulos»

Manolo Almécija, en las oficinas del estadio. / Irene Marsilla
Manolo Almécija, en las oficinas del estadio. / Irene Marsilla

«En un partido de Copa, el linier mandó a fregar a nuestra capitana. Fue la única vez que me han expulsado», recuerda Manolo Almécija, delegado del Levante Femenino

Alberto Martínez de la Calle
ALBERTO MARTÍNEZ DE LA CALLEValencia

Es el más antiguo del lugar. Manolo Almécija se alza como el único integrante del Levante Femenino que permanece desde los orígenes de la sección. El valenciano, de 47 años, ejerce de delegado del equipo, aunque comenzó como segundo entrenador de la primera plantilla. También ha desempeñado el papel de técnico del filial y coordinador. El mejor testigo de la historia de un conjunto granota que se adapta a los nuevos tiempos.

-¿Cómo aterrizó en el club?

-Llevo aquí desde 1999. Estaba Antonio Descalzo como entrenador. Era el año que el Levante absorbe el San Vicente Valencia. Antonio necesitaba una persona que le ayudase a llevar el día a día del equipo. A través de un amigo en común se puso en contacto conmigo.

-¿Supone un orgullo ser el más veterano del Levante Femenino?

-He visto pasar a todos los entrenadores. He trabajado con Antonio, Félix Carvallo, José Arastey, Gustavo Duco, Josep Alcácer, Andrés Tudela... Es una satisfacción poder trabajar con todos los entrenadores que ha tenido la sección. Cada uno tiene sus cosas buenas y malas y hay que adaptarse. Mi función es estar al pie del cañón y hacer de enlace entre la plantilla y el club, viajar con el equipo... Es un orgullo muy grande porque soy del Levante desde pequeñito. Mi abuelo me traía al campo.

-¿Cómo recuerda los orígenes?

-Le digo a las jugadoras de ahora que tendrían que haber vivido aquella época para que se diesen cuenta del esfuerzo que hacían las jugadoras de entonces para que el fútbol femenino evolucionase. En aquella época el fútbol femenino no tenía nada de profesional. Hemos llegado a jugar contra el Barcelona, que era una peña barcelonista, en el parking del Mini Estadi. Quitaban los coches, pintaban las líneas de cal en la tierra, jugábamos el partido y luego volvían a poner los coches.

-¿Pero ya se le puede llamar profesional al fútbol femenino?

-Comparado con lo que era antes el fútbol femenino, sí que es profesional. Comparado con el masculino, por desgracia van a tener que pasar muchísimos años para que se pueda equiparar. Pero la evolución que ha tenido el fútbol femenino en estos últimos diez años ha sido tremenda. De no tener nada prácticamente, a tener unas condiciones de trabajo y un nivel de cantera grandísimo. Salvo en uno o dos equipos, las demás jugadoras no pueden vivir del fútbol actualmente. Es verdad que equipos como el Atlético, el Barcelona e incluso el Levante ya intentan profesionalizar todo.

-¿En 2008, a raíz del concurso de acreedores del Levante, temió por la supervivencia del Femenino?

-En aquella época los aficionados temían no por que desapareciese la sección femenina, sino por que desapareciese el Levante. Fue un punto de inflexión. Un borrón y cuenta nueva. Se trabajó de forma diferente. Antes se trabajaba menos la cantera y a partir de ese momento el club dio ese empujón a la cantera.

-Antes el club se rascaba el bolsillo en los fichajes.

-Cuando llegaban las convocatorias de la selección española con 14 o 15 jugadoras del Levante, se las daba a Antonio Descalzo con miedo, porque se enfadaba y me las rompía en la cara. Me decía: «¡No me dejan trabajar!». La selección se nutría del equipo que en su día era más competitivo y más profesional. Y era el Levante.

-¿Ha vivido muchos episodios de discriminación?

-Tengo uno grabado. Era un partido de Copa en Sevilla hace 11 años. Fue un arbitraje desastroso y fue la única vez que me han expulsado. Ruth García, como capitana, hizo una protesta formal al final del partido y el linier la mandó a fregar. Fui a la caseta del árbitro y le pedí que pusiera en el acta que su asistente había mandado a fregar a mi capitana. Me dijo que no lo iba a poner. Entonces yo no firmé el acta. Hubo un tira y afloja y me expulsó. Antes, desde la grada, siempre se oía: «¡Tú, a la cocina!». Pero cada vez menos. La gente ya respeta la labor de la mujer en el deporte y esos episodios de discriminación están prácticamente erradicados.

-¿El Levante puede seguir pensando en títulos?

-El Levante es un equipo admirado y que cuida su sección femenina. El Levante seguirá luchando por los títulos. Se podrán conseguir o no, pero no va a renunciar a poder ganar Copas y Ligas. La dirección deportiva está apostando por traer jugadoras para volver a luchar hasta el final por los títulos. Estoy convencido. Hemos tenido ahora una época en la que, por diversos motivos, no se han podido ganar. A raíz de 2008, tuvimos que reciclarnos y cambiar un poco la filosofía, pero a partir de ahí el Levante ha hecho otra progresión y cada vez va a más. Antes el Barcelona y el Atlético no existían y ahora son dos transatlánticos. Sus presupuestos triplican o cuadruplican el del Levante.

-¿Cómo se vive la competencia con el Valencia, que ha dado un salto?

-Al principio cuesta y tienes esa incertidumbre, porque antes el Levante acaparaba a todas las jugadoras. Pero también te obliga a trabajar mejor para que las chicas elijan el Levante en vez del Valencia.

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