Morales: «Si nos mantenemos, se podría pensar en un futuro prometedor»

Morales es uno de los baluartes del equipo de cara al regreso a Primera División. / juan j. monzó

«Me habría gustado que se hubiera visto a ese Morales de Primera División en Segunda, pero es todo muy diferente», avisa el futbolista del Levante

ALBERTO MARTÍNEZ VALENCIA.

José Luis Morales está pletórico. El retorno a Primera División ha ido acompañado, en su caso, de una ampliación y mejora contractual. Un gesto del club con uno de los futbolistas que más galones ha cogido en el Levante. Su actitud dentro y fuera del campo y su respetuosa postura después del duro descenso sirvieron para reforzar su condición de referente granota. Entendió que debía continuar en Orriols para contribuir al ascenso. Asumió responsabilidades y, pese a que en Segunda División no ha logrado brillar tanto como esperaba, se siente liberado. La travesía por el desierto ha durado poco. El equipo vuelve a la élite y el extremo lo ha celebrado renovando hasta 2019 con opción a otra temporada. Toda una declaraciones de intenciones de la entidad, que ve en el madrileño un estandarte.

-¿La renovación fortalece aún más su figura dentro del equipo?

-El club me está demostrando una grandísima confianza y, con esta renovación, me hace sentir mucho más valorado y querido. El club me dio la oportunidad.

-Usted ya tenía contrato hasta 2018 con opción a un año más. ¿Cómo surgió este planteamiento?

-Fue por ambas partes. Aunque no haya sido un año muy bueno en cuanto a números, creo que sí ha sido bastante bueno en cuanto a minutos y participación. Y el club ha valorado muchísimo que yo tomara la decisión de quedarme en Segunda División. Y no es que sea un premio sólo por quedarme, sino por todo lo trabajado. Yo esperaba que esa renovación se hiciera el verano que viene y no éste, pero bueno. En cuanto me lo comentó mi agente, le dije que sin pensarlo, que llegáramos a un acuerdo y que estuviéramos aquí todos los años que se pueda.

-¿Pero había recibido ofertas que provocaran cierta inquietud en el Levante?

-No. Y si las había, a mis oídos no habían llegado. Jamás he querido marcharme del club. Si en algún momento he presentado alguna oferta, simplemente era por merecimiento en cuanto a contrato -tras el descenso, trasladó una propuesta formal de otro club y pudo mantener su salario de Primera-. En ningún momento he querido salir ni he pedido al club que me sacara.

-Tiene 30 años y el club le ha blindado con una cláusula de 20 millones. ¿Se ve retirándose en Orriols?

-Yo me encuentro muy bien y me encantaría poder retirarme aquí, porque me siento muy querido, la afición me muestra cada fin de semana el cariño y mi familia es de aquí aunque yo soy madrileño. Estoy muy bien en Valencia, es una ciudad preciosa y estoy muy feliz.

-Se ha convertido en todo un ídolo para la afición.

-La gente levantinista, cuando me ve por la calle, siempre me da las gracias por todo el cariño que le muestro al club. Y es una mínima parte de todo lo que ha hecho el club por mí. Para mí, es un placer que la gente me quiera tanto.

-¿Qué queda de aquel Morales que, con 24 años, llegó al filial granota en busca de su último tren?

-Como persona sigo siendo igual, pero deportivamente me ha cambiado todo. Cuando llegué al filial sabía que era la última oportunidad que podía tener para dedicarme al fútbol profesional. Después, la cesión al Eibar me ayudó muchísimo.

-Todo apunta a que, si se marchan Rubén García y Verza, se convertirá en el segundo capitán, sólo por detrás de Pedro López. ¿Cómo asume esa responsabilidad?

-Sería algo importante ser segundo capitán. Si sucediera, desgraciadamente perderíamos a dos grandes compañeros. De momento, están con nosotros y yo sigo siendo el cuarto. Y no me he parado ni a pensarlo. Si sucede, intentaré ayudar a mis compañeros tanto dentro del vestuario como fuera y luchar por esos intereses que tenemos todos, que son la salvación. Pero es un vestuario tan unido y tan familiar que apenas surgen problemas. Y los pocos que surgen no tienen demasiada importancia. Somos un grupo de chavales que estamos con una ilusión tremenda de empezar la temporada y que la afición vuelva a disfrutar con nosotros.

-¿En Primera, su juego puede lucir más que en Segunda?

-Sí, creo que en Segunda es muy difícil destacar en cuanto a desequilibrio y velocidad. Es verdad que acabé muy bien la temporada. Me habría gustado que se hubiera visto a ese Morales de Primera División en Segunda, pero es todo muy diferente. Los equipos rivales son muy defensivos y fuimos muy superiores en cuanto a resultados. Y eso hace que los rivales se encierren mucho más, sobre todo cuando vienen a nuestro campo. Son diferentes categorías. En Primera, probablemente, seamos nosotros ese equipo que mirará cada punto como si fuese la vida. Y puede que en Primera los equipos sean mucho más abiertos y haya muchos más espacios y se pueda ver a un Morales mucho más desequilibrante.

-De momento, el Levante ha fichado a Luna, Alegría y Bardhi. ¿Ve a la plantilla preparada para dar la talla en la máxima categoría?

-Creo que se ha mantenido una muy buena base del año pasado. La gente que ha salido tiene que ser sustituida. Los que nos quedemos, debemos tener las ideas muy claras. Hasta el 31 de agosto, se oirán cosas y seguramente algún compañero tenga que salir y tenga que venir gente. Se está haciendo un buen trabajo y esperemos que los refuerzos lleguen cuanto antes para que se acoplen a lo que nos pide el míster y para que, poco a poco, nos vayamos acoplando los compañeros.

-¿El descenso de hace un año ha servido para darse cuenta de los errores que condujeron a ello?

-Dentro del vestuario, no nos lo tomamos así. Fue un año que en todos los sentidos no salió bien. No es por culpar a nadie, pero es verdad que el vestuario que había el año del descenso no tenía esa unión que tenía el del año pasado o incluso el de hace tres. Pero nadie espera que salga así. Si los jugadores no están a su máximo nivel, acaba pasando lo que pasó. Que desciendes a Segunda y tienes que sufrir. La gente cree que ascender ha sido más fácil de lo normal, pero no lo ha sido. Ese descenso tiene que servir para reforzar al club. Ahora, con los derechos de televisión más repartidos, hay una inyección económica muy importante para el club y la deuda está prácticamente saldada. Si los jugadores mantenemos al equipo en Primera, creo que, con la inyección que recibiría el club, se podría pensar en un futuro mucho más prometedor.

-El club ha hecho caja traspasando a Deyverson y Camarasa. El brasileño y el valenciano no encajaban deportivamente y la entidad ha obtenido más de 13 millones por su venta. ¿Qué le parece?

-Esto es muy sencillo. Dentro de un vestuario, el ambiente tiene que ser de alegría, pese a que hay situaciones particulares. Cada uno tiene que ayudar a que el día a día sea mucho más positivo, sobre todo en pretemporada, porque mañana y tarde estamos entrenando y pasamos muchas más horas en el vestuario que en nuestra casa. En las pretemporadas, se sufre. El año pasado, tanto Camarasa como Deyverson no querían estar en Segunda. Lo hicieran de la manera que lo hicieran, mejor o peor, podía ser que se dañara su imagen. Al final, por sus decisiones, lo único que aportaban era negatividad dentro del vestuario. El míster fue muy tajante desde el primer día y todo lo negativo iba a salir fuera. Entonces se decidió que salieran cedidos y este año se ha llegado a acuerdos de traspaso con los dos y el club ha recibido una cantidad económica muy buena que puede aprovechar para traer a otros jugadores del mismo nivel o superior.

-Se ha realizado un llamativo tatuaje en la brazo. ¿Qué representa?

-Es un ala de ángel. Representa lo que mi tío -se llamaba Ángel- me demostró en su día. Lo perdí hace cuatro meses por un cáncer y es una manera de tenerlo en mi piel, porque de mi corazón nunca se va a ir. Quise hacerme algo que pudiera representarle para que, cada vez que lo mirara, sintiera que estaba a mi lado. Siempre he dicho que, por ser jugador de Primera, no te tienes que tatuar. Pero todos los que llevo son por algún motivo. Es en honor a mi tío, que ha sido una de las personas más buenas que he conocido y ha tenido un triste final.

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