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Levante UD | El dentista de segunda división

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Morales celebra su gol ante el Nàstic de Tarragona. / J. Monzó

  • El líder sigue sumando en sus partidos como local | Los goles de Roger y Morales en la segunda parte son suficientes para doblegar al colista

  • Los hombres de Muñiz dominan un encuentro que se complicaba en el tramo final por el tanto de Delgado

Da igual el equipo que esté delante. Ya sea el segundo, el quinto o el colista. El Levante siempre gana sus partidos de la misma forma. Va masticando poco a poco, con paciencia, para pegar un mordisco definitivo, o dos como ayer, y los rentabiliza sufriendo en los últimos minutos. Y así una victoria detrás de otra. Todos temen venir al Ciutat de València. Es como la frase que acuñó Joaquín Caparrós sobre el Bernabéu y el Camp Nou, que era como ir al dentista. Pues ayer le tocó al Nàstic pasar por ese dentista de Segunda División que es el estadio azulgrana.

Los granotas superaron a un correoso colista en una buena segunda parte con los goles de Roger y Morales, que al fin se estrenó esta temporada, y mantienen la distancia de 12 puntos con el tercero, el Cádiz. Era una prueba de fuego para Muñiz plantear un once sin Campaña, el líder del juego del equipo, más aún con la baja de última hora de Verza por fiebre, por lo que Lerma fue titular, así que entre el colombiano y Espinosa tenían que asumir las funciones del mediocentro sevillano. El Levante mostró voluntad, lo que favoreció su dominio, pero careció de ideas para canalizar el fútbol. El talaverano aparecía con cuentagotas entre líneas y no lograba romper la bien plantada defensa tarraconense, a la que Roger trataba de buscar la espalda sin eficacia.

Los granotas dominaban pero les faltaba esa claridad necesaria en los alrededores del área para hacer daño al rival. Se echaba en falta al timón azulgrana, Campaña, que miraba desde el banquillo, junto a Morales y Chema, en un auténtico lujo de banco de suplentes que ya quisieran algunos equipos de Primera. El conjunto de Muñiz mostraba superioridad por ambas bandas, especialmente por la izquierda, donde la pareja Toño-Jason lideraba los ataques y ponía numerosos balones en el área del exgranota Reina. Pero la acumulación de gente, con una poblada defensa de cinco del Nàstic, impedía a Roger maniobrar para cazar algún balón y nadie más mostraba poderío para incorporarse al remate. Únicamente Lerma se mostraba más acertado en la circulación del balón y se animó con varios disparos lejanos para aprovechar el fuerte viento a favor, pero no cogieron portería.

Muñiz quiso buscar una solución tras el descanso con la entrada de Morales en lugar de Rubén para dar visibilidad a una banda derecha que en la primera parte apenas había aportado nada. Pero el que se activó en esa segunda mitad fue el Nàstic, que empezó a llegar al área con un Emaná que a sus 34 años fue el más peligroso de los catalanes y le creó algún problema a Postigo.

Esa banda derecha no arrancaba con el cambio pero la que dio de comer al Levante fue la izquierda. Entre Jason y Toño, que mantuvieron el buen nivel de la primera mitad, fabricaron una sensacional jugada en la que el lateral terminó regalando el balón a Roger para que, en posición de nueve nato, marcase el gol que desbloqueaba un partido complicado.

El tanto, en una auténtica jugada de tiralíneas, abrió la lata y resultó decisivo, ya que dio confianza al equipo y sólo ocho minutos después logró el segundo gol. Esta vez fue Natxo Insa el que vio el hueco de la defensa y envió un balón a medio camino entre Morales y Roger. El delantero buscó la pelota, pero el ímpetu del madrileño, que no veía la hora de quitarse la losa de no haberse estrenado todavía, dejó claro que ese balón era para él. Al fin logró encontrar la red y lo celebró por todo lo alto.

Parecía encaminada la tarde a una fiesta, pero el Nàstic de inmediato trajo los nervios. Una pérdida de Espinosa, en un partido flojo del mediapunta, provocó que Delgado se encontrara el cuero en el área para hacer el 2-1. Con 20 minutos de sufrimiento por delante, Muñiz tuvo que echar mano de Campaña, que teóricamente estaba lesionado, para guiar al equipo a gestionar bien ese tramo final y que la victoria no se escapara. El mediocentro, pese a su maltrecho tobillo, no se arrugó y fue al suelo a disputar balones sin dudarlo. Una muestra del enorme compromiso y profesionalidad que tiene, que se une a su calidad para hacer un futbolista sobresaliente. También el técnico buscó en el tiempo añadido la ayuda en Chema, que regresaba tras más de mes y medio de baja, para aguantar esa victoria ante el empuje final del Nàstic, con un disparo de Juan Delgado que rozó el larguero.

Antes pudo haber dado la tranquilidad definitiva de nuevo Morales, que se plantó solo ante Reina pero intentó una vaselina que se le fue a la grada, cuando tenía todo a favor para marcar. Cada final de partido en el Ciutat da una sensación de que ya se sabe que el rival no empatará, que esta película ya se ha visto muchas veces y que la defensa granota puede con todo, sin conceder ocasiones al rival. Y así fue también ayer. Un triunfo más. Un día más en la consulta del dentista de la categoría de plata.

A partir de ese momento, y con la entrada de jugadores ofensivos, la iniciativa fue para el Nàstic ante un Levante que se aplicó en lo que mejor sabe hacer: defender y buscar el contragolpe, lo que dio una emoción especial a los minutos finales, en los que Delgado, en un disparo lejano, tuvo la oportunidad de empatar.

Al final, la solidez defensiva levantinista determinó el resultado del encuentro, en la línea habitual de sus partidos, ante un Nàstic que manejó bien el balón pero sin profundidad.

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