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El descenso alcanza al Levante

Alavés-Levante./EFE
Alavés-Levante. / EFE

El equipo, igualado con Las Palmas tras perder en el último minuto

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

La vida en general y el fútbol en particular es como una baraja de naipes, de las miles que han fabricado en Vitoria desde el siglo XIX Heraclio Fournier y sus herederos. La capital alavesa acoge en su centro histórico un interesante museo sobre cómo ha evolucionado la elaboración de los juegos de cartas. Hay en la muestra algunas barajas realmente peculiares que dan para observarlas con detenimiento. Muñiz, en cambio, no estaba ayer en Mendizorroza para inventos ni faroles, como si jugase al póker o al mentiroso. El técnico, que ahora ya sí nota la soga ajustada al cuello, se dejó de probaturas, volvió a su sistema y recurrió a los suyos. Incluso a Campaña, al que parecía haber defenestrado. Fue algo más agresivo que de costumbre y quiso explotar la velocidad de Ivi y Morales y el trabajo de Roger. Pero al rato de comenzar la partida, el azar quiso que su planteamiento se desmoronase como un castillo de naipes para dejar al equipo igualado con Las Palmas, que ocupa puesto de descenso.

Primero fue con la tarjeta roja a Chema por un penalti absurdo por lo grotesco del error por el que vino precedido. Y luego, mucho después de que Manu fallase la pena máxima y tras una resistencia heroica durante una hora, el equipo cometió un nuevo fallo coral al defender la última acción a balón parado del Alavés. Laguardia emergió en el punto de penalti para batir de cabeza a Oier en una falta botada casi desde el círculo central. Sí, el Levante de Muñiz compitió pero volvió a realizar concesiones que se pagan muy caras cuando te has zambullido en el lodo. Porque ahí es exactamente donde está un proyecto que ayer perdió el pequeño margen de error que le quedaba. Las cartas quisieron sonreír a Las Palmas y plantear el encuentro ante el Espanyol de dentro de dos días como un examen final para Muñiz.

Con una racha como la que arrastra el Levante hay que dejarse de inventos y de riesgos innecesarios. Eso lo entendió el entrenador de salida y el equipo compitió. Sin grandes alardes, con errores como el de Lukic que pudo costar el gol de Guidetti. Pero el fallo que lo cambió todo fue el de Chema, quien había gozado de la mejor ocasión a la salida de un córner. El central quiso realizar un despeje de primeras ante la presión del sueco del Alavés y le salió defectuoso. Tanto que permitió a Pedraza internarse en el área, al que tumbó a la desesperada el defensor granota. Queda la duda de si Fernández Borbalán se excedió con la roja, pero la infracción pareció clara.

Manu concedió una bola extra al Levante, y quién sabe si a Muñiz, al fallar la pena máxima. Disparó fuerte y raso, a la izquierda de Oier, tan ajustado que no encontró portería. A partir de ese instante, al técnico asturiano se le planteaba la tarea de volver a barajar sus cartas y con la presión añadida de tener sobre el tapete un equipo noqueado. Al estado de ansiedad que genera los 13 partidos sin ganar había que añadirle el duro golpe que supone quedarse con diez a la media hora. Los granotas lo acusaron hasta el descanso.

Muñiz se limitó a realizar una primera sutura de emergencia hasta el intermedio. Prescindió, otra vez, de Campaña, para dar entrada a Rober Pier y recomponer de este modo la línea de cuatro. Empezaba otra batalla que, más bien, iba a ser un sitio del Alavés.

Para fortalecer esa resistencia, Muñiz recurrió a Boateng. El africano no ha destacado por su inspiración de cara al marco rival, por mucho que viese portería ante el Real Madrid. No se le puede reprochar, sin embargo, una falta de implicación. Se desgasta al máximo y ayer tocaba defender todos. Los diez, del primero al último.

El Alavés empujó de inicio. El conjunto vitoriano había afrontado el encuentro como la ocasión para sellar su salvoconducto definitivo hacia la permanencia. Al verse con uno más y sabedor de que tenía ante sí un rival herido, se lanzó a por su presa.

1 Deportivo Alavés

Pacheco; Martin, Laguardia, Ely, Rubén Duarte; Ibai, Manu, Tomás Pina, Pedraza (Burgui, min.77); Munir y Guidetti (Sobrino, min.70)

0 Levante UD

Oier; Pedro López, Cabaco, Chema, Luna; Campaña (Rober Pier, min.34), Lerma, Lukic; Morales, Roger (Boateng, min.46) e Ivi

GOLES:
1-0 min. 89: Laguardia
ÁRBITRO:
Fernández Borbalán (Comité Andaluz)
INCIDENCIAS:
Partido correspondiente a la 26ª jornada de LaLiga Santander disputado en Mendizorroza ante 16.812 espectadores, según datos oficiales. Antes del inicio del encuentro se guardó un minuto de silencio en homenaje a Enrique Castro, Quini, fallecido esta semana

El Levante lo fió todo a pescar la contra perfecta. A llevarse el partido en la última baza. Y la verdad es que tuvo su ocasión más pronto que tarde. Fue en una acción entre los dos hombres con más velocidad que le quedaban a los granotas: Ivi y Morales. El primero se internó en el área por banda derecha e hizo el pase de la muerte para que el madrileño ejecutase. El balón rebotó en un defensa blanquiazul.

Una lástima porque no daba la sensación de que el equipo fuese a tener demasiadas. Pero tampoco concedía ya muchas ocasiones al rival. Y Abelardo se dio cuenta de ello, por lo que movió ficha. Quitó a Guidetti, el delantero que tanto pidió el levantinismo ante la ansiedad de la falta de fichajes en enero, pero que ayer completó un partido más bien discreto en Mendizorroza. Puso en liza a Sobrino. Más madera. Un futbolista rápido con el que el técnico local aspiraba a desarbolar el entramado defensivo tejido por su colega granota.

Y de nuevo la mejor ocasión fue para el Levante, en una falta que lanzó desde muy lejos Ivi y se estrelló en la base del poste de la portería defendida por Pacheco. Pero para entonces el partido ya había enloquecido. La segunda amarilla a Munir pareció servir una decisiva bocanada de aire fresco a los granotas.

Igualados a diez a falta de poco menos de un cuarto de hora, Muñiz se guardó el último cambio para consumir tiempo en el añadido. Quizás a posteriori pueda reprochársele que no apostase por dar frescura al equipo, que ya daba síntomas de estar tieso. Y con Coke esperando en la banda para entrar y restar unos segundos al reloj, llegó el cruel cabezazo de Laguardia. Cruel por cómo llegó y porque es otro puñetazo a la moral de un equipo que debe corregir muchísimas cosas, ahora sí, ya sin margen de error.

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