Las Provincias
Expectación. Nadie se perdía detalle de cada jugada del holandés como futbolista granota. :: lp
Expectación. Nadie se perdía detalle de cada jugada del holandés como futbolista granota. :: lp

Cuando Orriols se revolucionó con el 'Flaco'

  • El Nou Estadi rozó el lleno para ver al astro holandés, que al no cobrar lo prometido hizo que su suegro se llevara el dinero de la taquilla

"¿Al Levante, pero cómo va a venir Cruyff a jugar aquí?, no puede ser", se escuchaba en todas las conversaciones de levantinistas a finales de febrero de 1981. Incluso lo comentaban los propios jugadores en el vestuario. Pero era cierto, el presidente Francisco Aznar llevaba las negociaciones, llenas de trabas tanto del propio holandés como de la Federación, por las deudas que tenía el club.

El fichaje se anunció el viernes 27 y se entrenó al día siguiente, con miles de personas en las gradas. Pero la Federación no lo inscribía hasta que el club saldase sus deudas. Y a última hora del sábado, con el pago de 11 millones de pesetas y gracias a la labor de Miguel Monleón, presidente de la Federación Valenciana, que medió con el club para que les dieran los permisos, el fichaje se se hizo oficial. Efectivamente, ante la gran sorpresa mundial, Johan Cruyff jugaría en Segunda división con el equipo granota. Plantó al Leicester, que le ofrecía un dineral, por volver a España.

Al día siguiente, 1 de marzo, fue se debut con la camiseta azulgrana. "Cuando nos dijeron que venía nos entró la risa, ni el entrenador se lo creía, pero al verlo entrar al vestuario con Pachín, te quedas perplejo, el mejor jugador del mundo estaba al lado, era un orgullo, me hice fotos con él", asegura Vicente Latorre, leyenda del Levante que ese año se asentaba en el primer equipo. Orriols, que por aquel entonces no tenía los accesos y servicios de ahora, sino que estaba lleno de huertas y apenas pasaba un autobús, estaba completamente revolucionado e incluso se reforzó la ordenación del tráfico, pero aún así hubo atascos. Unas 24.000 personas acudían a ver en directo al mítico "Flaco" jugar en el Levante. El Nou Estadi rozó el lleno en el encuentro ante el Palencia.

Era la jornada 26 de la Liga y el equipo granota iba tercero a un punto del ascenso a Primera. Con el fichaje de Cruyff, la directiva pensaba que el equipo se dispararía deportivamente, pero también el número de abonados y los ingresos publicitarios. Y que con ello solucionarían las deudas, ya que no pagaba a los jugadores. Pero todo fue al contrario. Ni mucho menos el holandés fue decisivo, sólo jugó diez partidos y marcó dos goles, el equipo cayó hasta la novena plaza y dejó un agujero económico para los siguientes años.

Jorge Barrie, el portero de aquel Levante, sufrió el pinchazo de esa burbuja que fue el fichaje mediático. "Fue una especie de negocio más que una situación deportiva, Cruyff era Cruyff, pero en aquella época ya no era lo mismo. Al principio era muy bonito estar a su lado en los entrenamientos, era un ídolo, había sido el mejor jugador del mundo, pero luego fue perjudicial para el Levante, porque a pesar de que se llenaban los campos y todos lo querían ver, deportivamente creó un problema en el equipo, hubo desunión y ruptura", recuerda.

En su primer partido intervino poco, sólo algunos detalles. Con el 9 a la espalda, todos los ojos estaban puestos en él. "Hizo dos o tres bicicletas, se escuchaba el murmullo en la grada de expectación cuando tocaba el balón, no era el gran Johan de años antes, pero aportaba inteligencia, balones en profundidad, aunque poco a poco se fue deshinchando", rememora el redactor de la crónica de aquel partido en LAS PROVINCIAS, Joaquín Ballesta.

Su día a día era un show. Apenas se relacionaba con los compañeros tras los entrenamientos, en los que no se quitaba su Rolex de oro. Mientras un doberman le custodiaba el coche en la puerta del estadio. "No era de los que más se entrenaba, ya venía de vuelta, y muchas veces en los entrenamientos duros se quedaba en la banda", apunta Barrie. Pero calidad le sobraba. "Recuerdo cómo sentó a un jugador del Granada en Los Cármenes, hizo tres cambios de ritmo seguidos, no se me olvidará en la vida, fue un espectáculo verlo, ese partido tenía ganas de jugar, otras veces no", indica Latorre.

No obstante, daba consejos a jóvenes promesas como Campuzano, con el que hizo buena relación, o el propio Latorre. "Conmigo se portó muy bien, me mandaba al centro del campo o a la izquierda según estaba él", dice el valenciano. Aunque su faceta de estrella pesaba mucho e influyó decisivamente para que el club destituyera a Pachín y fichase a su amigo Rifé como entrenador.

Pero los problemas de impagos y la mala gestión de la directiva llevaron a aquel equipo al desastre. A Cruyff nunca le pagaron lo prometido e incluso, como a otros veteranos, como moneda de cambio le dieron acciones del club de tenis, propiedad de un consejero, que luego apenas tendrían valor. Lo que llevó al suegro de Cruyff, Cor Coster, a entrar por la fuerza al túnel de vestuarios ante el consejero Baldomero, al que lo cogió del cuello, y se llevó el dinero de la taquilla del partido ante el Castellón en una bolsa.

La directiva, además, quiso hacer negocio incluso en los partidos como visitante pidiendo parte de la taquilla a los clubes. Si se negaban, había veces que Cruyff no jugaba, como en Linares. Pero dieron un paso más allá en Vitoria. Según diversas fuentes, un consejero llamó al holandés con la mentira de que su mujer se había caído del caballo y estaba en el hospital La Fe. El jugador se volvió a Valencia en coche horas antes del partido para comprobar que no había pasado nada.

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