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Ana Buceta pone fin a su calvario tres años después

Ana Buceta posa ayer en el estadio Ciutat de València. / irene marsilla
Ana Buceta posa ayer en el estadio Ciutat de València. / irene marsilla

La joven ha compaginado la rehabilitación con los estudios: es topógrafa e ingeniera, ahora cursa un máster y se tituló como piloto de drones «Me molesta la rodilla al calentar, pero me olvidé cuando salté al césped», afirma la levantinista, que no jugaba desde 2015

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

«Estaba nerviosa, no sabía si quería entrar. Era un partido complicado, contra el Barça y el resultado no acompañaba. Tenía miedo de que la rodilla no me respondiese. Luego veía que los minutos pasaban y sí que quería jugar». Ana Buceta relata así los últimos minutos de su calvario. Los que pasó en el banquillo del Levante el pasado domingo en el Mini Estadi. El conjunto granota cayó goleado sobre el césped, pero labró una victoria: la de recuperar a la centrocampista gallega, ingeniera y topógrafa. «En los entrenamientos noto alguna molestia, que también sentí mientras calentaba... pero ya en el partido me olvidé y me centré», indica.

Algo así ha hecho con los estudios. Aunque ha sufrido, la universidad ha servido como válvula de escape para la joven de 25 años. «He vivido momentos muy duros, sobre todo al estar apartada del equipo. Me he centrado en la facultad y en recuperarme», indica Ana Buceta. El pasado domingo concluyó su particular via crucis, una pesadilla que comenzó en febrero de 2014, en un partido contra el Oviedo. «La acción la recuerdo por escenas. Nunca lo olvidaré. Conducía el balón y decidí disparar a portería, pero apoyé mal. Noté un crujido. Todo pasó muy rápido. La rodilla se me empezó a inflamar enseguida y sentí un dolor como nunca había tenido. No dejaba de gritar», relata.

Tardó aún casi cuatro meses en pasar por el quirófano. «Tenía un desgaste de cartílago, que me lo arranqué en aquella acción», señala. Esa operación no le salió bien. «Tenía un dolor punzante en el centro de la rótula, no podía trotar ni subir las escaleras», indica Ana Buceta. Poco más de un año después de lesionarse contra el Oviedo, en abril de 2015, la centrocampista volvió a jugar a fútbol. «Pero las molestias no remitían... hasta el día que dije 'basta ya'», relata.

Ana siente pasión por el balón. En los descansos de los partidos de su hermano, que llegó a militar en las categorías inferiores del Celta, saltaba al campo con el resto de los niños. Exprimían los intermedios en la típica y trepidante pachanga de todos contra todos en una misma portería. «Alguna vez me han llamado 'marimacho', pero por tratar de molestarme alguno que veía que le ganaba», recuerda sonriente. Esa pasión, la que le llevó a abandonar Galicia con 19 años para proseguir con su sueño de ser futbolista de la máxima categoría, la había perdido 14 meses después de aquel funesto chasquido ante el Oviedo.

«Intentamos recuperar la rodilla con tratamientos conservadores, pero no surtían efecto», comenta. Ana Buceta vivió dos momentos malos. El de la primera operación y aquel. «Fui a varios médicos y cada uno me decía una cosa diferente. Estaba ya un poco desesperada. Hasta que visité al doctor Guillén, me detalló lo que necesitaba y me aseguró que me iba a curar», relata. Pasó por el quirófano por dos veces más en el primer semestre de 2016: en febrero le extrajeron un trozo de cartílago para cultivarlo y en mayo volvieron a abrirle la rodilla para realizarle un trasplante. «Tenía miedo por la experiencia anterior que había salido mal, pero había dado el paso de ponerme en sus manos. Me dio confianza porque conocía los dolores que sufría, es el mejor especialista en mi lesión», recuerda.

Apasionados también por el fútbol, su padre es aparejador y su hermano cursó arquitectura. Como en el balompié, Buceta siguió los pasos de ambos para formarse. No ha desperdiciado el tiempo que le ha concedido la lesión, ya que ha completado sus estudios en topografía y en ingeniería. «Ahora estoy haciendo un máster enfocado a las aplicaciones en móviles, son dos años más. Me está costando, pero me gusta. Querría seguir vinculada al fútbol, pero ahí tengo una profesión. También hice el curso de piloto de drones, que puede estar más relacionado con mi deporte», subraya.

Porque ella tiene claro que ahora quiere volver a disfrutar de su gran pasión. «A ver si el derbi puede volver a ser aquí. Entrené, pero me quedé con las ganas de jugar», comenta mientras observa el césped del Ciutat. «Mi madre vino a Valencia cuando no podía apoyar la pierna. He tenido el respaldo de la familia, los amigos y el club, que puso los medios. Esta victoria ha sido un poco de todos», concluye Ana Buceta.

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