Levante UD 0 - Alavés 2

Levante UD | El batacazo más inesperado

Chema, Alexis, Rodrigo Ely y Róber Pier pugnan por un balón aéreo. / m. molines

Un Levante con ansiedad y sin ideas muestra su peor cara y choca contra el muro de un Alavés que pudo golear

JOSÉ MOLINS

El Levante tuvo ayer una buena noticia. Llega el parón liguero y no tendrá que volver a jugar hasta dentro de dos semanas. Es lo mejor que le puede pasar a un equipo que ha llegado agotado y que ayer mostró su peor cara, con debilidad en todas las líneas pero en especial en las dos áreas, donde fue inferior a un Alavés que con su sorprendente pero trabajada victoria abandona la última plaza. Fue un auténtico batacazo de los granotas. Justo el día más inesperado. Cuando debía demostrar que lo del Villamarín solo había sido un accidente. Pero no. La realidad es esa, el equipo se ha venido abajo y ayer tocó fondo con un encuentro para olvidar.

La ansiedad y la ausencia de ideas fueron los peores compañeros de viaje del conjunto azulgrana. El equipo se estrelló contra el muro que De Biasi ha construido en el Alavés y además la defensa granota tuvo errores de bulto. Incluso fue corto el 0-2, ya que los vascos pudieron haber goleado. Y eso que con un dominio inicial, tan estéril como engañoso, se plantó el Levante en el encuentro y se hizo con el control del esférico. Para el Alavés quedaban sólo las acciones a balón parado. Los granotas, poco acertados en los pases, eran quienes triangulaban, tenían ganado el centro del campo y buscaban cómo llegar al área. Pero la falta de claridad de Campaña y Bardhi provocaban lentitud y un juego previsible. Un buen centro de Toño lo remató desviado Alegría en boca de gol, para desesperación de la grada, que no acaba de comprender las múltiples oportunidades que le sigue dando Muñiz a este delantero como titular.

Samu García cubría en la derecha la baja del lesionado Ivi, pero sólo aguantó 13 minutos en el césped y también sufrió una lesión muscular, un mal endémico que está lastrando al equipo en este inicio liguero, con cinco afectados ya. En su lugar Muñiz hizo debutar a Luna, que se colocó más adelantado de su posición natural, como extremo izquierdo, y cambió a Morales a la banda derecha. Precisamente el madrileño pudo marcar tras un córner, y es que las primeras ocasiones corrían del lado azulgrana.

Menos las más claras. Las dos que tuvo Munir en un par de minutos y de las que se libró el Levante milagrosamente. Primero realizó un remate en el área pequeña, tras un error defensivo, pero Raúl Fernández se agigantó para desviar providencialmente la volea a bocajarro y evitar así un tanto del Alavés que hubiera sido injusto. Y en la siguiente, el delantero conectó un centro de Pedraza y su disparo se estrelló en el larguero para botar después sobre la línea. Los granotas habían salido vivos, pero asustados porque veían que ese dominio inicial había desaparecido y los vitorianos ganaban confianza en el partido. Hasta que a la tercera el equipo de De Biasi acertó.

De nuevo con los mismos protagonistas. Pedraza, en una gran acción personal, se marchó de Pedro López y Postigo y regaló el gol a puerta vacía a Munir, que había despistado a Chema en la marca. Otro error en cadena de la defensa. Ahora ya sí era justo el tanto de los vascos. El Levante se había venido abajo, fallaba todas sus combinaciones, su ataque era la viva imagen de la impotencia y el Alavés creaba peligro en casi todas sus llegadas.

El conjunto granota quiso reaccionar con un aumento considerable en la velocidad del juego. Campaña empezó a aparecer, moviendo al equipo para abrir a un Alavés bien replegado, pero solo consiguió algo de ebullición con una carrera de Morales que el portero envió a córner. El resto era como chocar contra un muro. Sin ideas, sin mordiente. Y con los primeros pitos de la temporada, justo al llegar el descanso, de una grada impaciente y descontenta.

El equipo necesitaba aire fresco y Muñiz no esperó más. Tras el paso por el vestuario, Boateng entró por Rober Pier. Un cambio claramente ofensivo para variar a un sistema 4-4-2, con el ghanés como pareja de Alegría en punta y Bardhi junto a Campaña en la medular. Los granotas necesitaban meterse en el encuentro, pero les costaba un mundo llegar al área rival con peligro. Las internadas de Toño eran lo único que hacía cierto daño, pero no había rematador a sus centros. Bardhi no tenía el día, pero una carrera suya en defensa para evitar que Munir se plantara solo provocó una ovación.

Y con media hora por delante Muñiz se la jugó, con toda la carne en el asador. Puso todo lo que tenía. Retiró a Pedro López y sacó a Nano Mesa. Los tres delanteros por primera vez coincidían sobre el campo, con el canario, que entró con ganas de revolucionar en la izquierda, el ghanés en la derecha y el cacereño en el centro. Y Morales como carrilero derecho. Una nueva vuelta de tuerca táctica de Muñiz en una tarde con continuos cambios. El equipo se estaba entregando, aunque no le salía nada. Bardhi envió cerca del larguero una falta de las suyas, pero no llegaba ninguna ocasión clara de verdad.

Sin embargo, a la contra el Alavés pudo sentenciar. Primero con una nueva acción de Pedraza y después con una vaselina de Munir que se marchó fuera. El Levante estaba volcado y dejaba espacios atrás. Y al final los vitorianos lo aprovecharon para marcar el segundo, con un preciso centro desde la izquierda y un cabezazo de Medrán a la red. Otro fallo defensivo, ya que Morales permitió el centro y los centrales el remate. Día aciago en todas las facetas. Un tanto que sentenciaba un encuentro para olvidar, en el que al equipo le pudo ansiedad. Un partido desastroso justo el día en que los granotas debían poner tierra de por medio con un rival directo. Al menos, por suerte, llega el parón.

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